El precio de los carburantes puede dispararse
La guerra vuelve a disparar los precios de la energía: el petróleo sube un 17 % y el gas un 22 % en 13 días
El Brent consolida los 100 dólares y el gas europeo regresa a niveles de 2023 ante las restricciones en Ormuz y el temor a nuevos problemas de suministro
La reanudación de los ataques entre Estados Unidos e Irán ha provocado una nueva escalada de los precios de la energía. En apenas 13 días, el petróleo Brent acumula una subida del 17 %, mientras que el gas natural europeo se ha encarecido un 22 %, ante las dificultades para el tránsito por el estrecho de Ormuz y el temor a que las interrupciones de suministro se prolonguen.
El barril de Brent, referencia en Europa, terminó la semana en 104,61 dólares para entrega en noviembre, aunque durante las últimas sesiones llegó a acercarse a los 110 dólares, un nivel que no alcanzaba desde el pasado 20 de mayo. El West Texas Intermediate (WTI) estadounidense cerró, por su parte, en 100,5 dólares y acumula una subida cercana al 21 % desde finales de agosto.
La escalada comenzó después de que Estados Unidos e Irán retomaran los ataques cruzados el pasado 30 de agosto, una vez concluido el periodo de tregua abierto durante el verano. El deterioro de la situación ha vuelto a dificultar el tránsito por el estrecho de Ormuz, uno de los principales cuellos de botella energéticos del planeta y por el que antes del conflicto circulaba alrededor del 20 % del petróleo consumido en el mundo.
Durante los meses de tregua, el Brent llegó a caer hasta los 70,14 dólares y el WTI hasta los 68,55 dólares, regresando prácticamente a los niveles anteriores al estallido del conflicto. La reanudación de las hostilidades ha invertido esa tendencia y ambos barriles vuelven a moverse por encima de los 100 dólares.
A las dificultades de suministro se suma el temor a que el conflicto termine afectando a más infraestructuras energéticas de Oriente Medio. Manuel Pinto, analista de XTB, señala además el aumento de las compras de petróleo de China durante las últimas semanas como otro de los factores que están presionando al alza las cotizaciones.
La preocupación es todavía mayor en el mercado del gas. El contrato TTF para entrega a un mes, principal referencia europea, cerró la semana en 80,75 euros por megavatio hora, después de acercarse a los 83 euros durante las últimas sesiones.
Son niveles que Europa no registraba desde comienzos de 2023. Desde la reanudación de los ataques entre Washington y Teherán, el precio del gas ha aumentado alrededor de un 22 %.
El estrecho de Ormuz desempeña también un papel fundamental en este mercado porque constituye la principal vía de salida del gas natural licuado de Qatar, uno de los grandes exportadores mundiales. Las restricciones al tráfico reducen la disponibilidad de cargamentos y aumentan la competencia entre Europa y Asia por el suministro que permanece disponible. «Obliga a los países europeos y asiáticos a competir por el suministro disponible», explica Pinto.
El repunte llega, además, en un momento delicado para Europa. Los países comunitarios necesitan preparar sus reservas para los próximos meses y la reducción de las importaciones procedentes de Rusia ha aumentado durante los últimos años la dependencia del gas natural licuado y, por tanto, la exposición a las perturbaciones del mercado internacional.
Más presión sobre la inflación
El encarecimiento simultáneo del petróleo y del gas amenaza con trasladarse progresivamente al resto de la economía. El primero repercute directamente sobre los carburantes y los costes de transporte, mientras que el gas influye sobre el precio de la electricidad y sobre los costes de numerosas actividades industriales.
La nueva crisis energética complica así la lucha contra una inflación que todavía se mantiene por encima de los objetivos de los principales bancos centrales.
El Banco Central Europeo respondió esta semana elevando los tipos de interés en 25 puntos básicos, hasta situar la facilidad de depósito en el 2,5 %. Su presidenta, Christine Lagarde, advirtió de que «la inflación se mantendrá muy por encima del objetivo durante un período prolongado» debido a las consecuencias de la guerra en Irán.
La atención se desplaza ahora hacia Estados Unidos. La Reserva Federal anunciará su próxima decisión el 16 de septiembre con una inflación general que se mantuvo en el 3,4 % en agosto, mientras la subyacente descendió una décima, hasta el 2,4 %.
La escalada energética no implica necesariamente que los bancos centrales tengan que responder automáticamente con nuevas subidas de tipos, pero sí dificulta una eventual relajación de la política monetaria. Cuanto más tiempo permanezcan elevados el petróleo y el gas, mayor será el riesgo de que el encarecimiento de la energía termine extendiéndose a otros precios y prolongue el episodio inflacionista.