Fundado en 1910

La vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo de España, Yolanda Díaz.EFE

Yolanda Díaz se la juega en una OIT al borde de la ruina por los impagos de EE.UU.

La vicepresidenta tendrá que imponerse a dos candidatos con un enorme bagaje internacional en una elección que puede decidirse en sucesivas rondas

La Dirección General de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) es la guinda con la que Yolanda Díaz quiere coronar su carrera política. La vicepresidenta segunda aspira a ponerse al frente de uno de los principales organismos de Naciones Unidas, pero para conseguirlo tendrá que imponerse en una durísima votación a dos candidatos con un enorme bagaje internacional: el actual director general, el togolés Gilbert F. Houngbo, y el exministro de Exteriores peruano Javier González-Olaechea. Quien resulte elegido heredará además una institución obligada a afrontar una profunda reestructuración, con 385 millones de euros pendientes de cobro y cuya supervivencia financiera pasa por recomponer su relación con Washington, que acumula el 70 % de las contribuciones que la organización tiene pendientes de recibir.

La vicepresidenta ha convertido el diálogo social en una de sus principales cartas de presentación. Durante la defensa de su candidatura, Díaz presumió de los acuerdos logrados con patronal y sindicatos, a pesar de que su última etapa al frente del ministerio se ha caracterizado por el enfrentamiento directo con los representantes empresariales. Ni en la malograda reducción de jornada ni en las últimas subidas del SMI la ministra ha sido capaz de lograr el respaldo de CEOE. El último ejemplo es la reforma del registro horario, que ha decidido sacar adelante por vía reglamentaria ante el bloqueo parlamentario.

La gallega propone aprobar una nueva carta mundial de derechos laborales, extender los salarios mínimos vitales y los pisos de protección social, reforzar la negociación colectiva y avanzar en nuevas normas sobre cuidados y cadenas mundiales de suministro. También plantea incorporar nuevos derechos laborales frente al uso de algoritmos y la inteligencia artificial. Díaz ha jugado además la carta del género: desde su fundación en 1919, la OIT nunca ha estado dirigida por una mujer.

Al otro lado tendrá dos candidatos con un importante bagaje internacional. Houngbo, que dirige la OIT desde 2022, fue primer ministro de Togo, ocupó diferentes responsabilidades en Naciones Unidas y presidió el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA). Ante la crisis financiera de la organización, ha planteado la creación de un «fondo rotatorio» que permita disponer de un colchón para afrontar futuras tensiones de liquidez. También ha iniciado un acercamiento a Estados Unidos, principal moroso de la organización y el gran elefante en la habitación.

El tercero en discordia es González-Olaechea, que presentó por sorpresa su candidatura un día antes de que se cerrase el plazo. El exministro de Exteriores peruano tampoco es un recién llegado a Ginebra, ya que ha desarrollado cerca de veinte años de su trayectoria profesional en torno a la OIT, a lo que suma experiencia diplomática, política y empresarial. González-Olaechea se presenta como una alternativa tanto a Houngbo como a Díaz y reivindica precisamente su conocimiento de la organización para acometer cambios desde dentro. Durante la defensa de su candidatura dejó claro que no pretende dar continuidad al actual modelo de gestión.

El agujero de Estados Unidos

Los aspirantes tendrán que enfrentarse desde el primer día a una situación «sin precedentes» en la organización. Las cuentas de la OIT muestran un agujero de 384,7 millones de euros, en gran medida por la negativa de la Administración Trump a financiar organizaciones internacionales que considera «contrarias a los intereses de Estados Unidos».

Una regla no escrita establece que el número dos del organismo es elegido por el mayor contribuyente, Estados Unidos, que aporta el 22 % del presupuesto. Este puesto iba a ser ocupado por Nels Nordquist, uno de los principales asesores económicos de Donald Trump, pero el nombramiento fue «congelado» ante las resistencias internas y el temor a que Washington ejerciera demasiada influencia. Tras el incidente, la Casa Blanca acusó a este organismo de trabajar «para sindicalizar a los trabajadores extranjeros y castigar los intereses de las empresas estadounidenses en el extranjero».

El resultado es que Estados Unidos, que cerró 2025 con unos 184 millones de euros pendientes de pago, tampoco ha abonado su contribución correspondiente a 2026, fijada en otros 89 millones. El saldo acumulado alcanza ya los 272,2 millones de euros, alrededor del 70 % de todas las contribuciones que la organización tiene pendientes de recibir.

Houngbo, al igual que González-Olaechea, ha sugerido acercamientos discretos a la Casa Blanca para intentar alcanzar un acuerdo, mientras que Díaz apuesta por diversificar las fuentes de ingresos y acudir a los bancos regionales de desarrollo para financiar proyectos de la organización, una vía con la que calcula que podrían captarse entre 40 y 45 millones de dólares adicionales.

Negociaciones exprés

La votación, en cualquier caso, apunta a que será reñida. El puesto de director general es elegido por representantes de 28 gobiernos –diez permanentes por su peso industrial y 18 elegidos regionalmente–, 14 representantes empresariales y otros 14 sindicales. El candidato necesita superar la mitad de los sufragios, un mínimo de 29 votos, y si nadie lo consigue se celebran tantas rondas como sean necesarias, eliminando después de cada una al aspirante con menos apoyos. Entre votación y votación hay además pausas de al menos 45 minutos destinadas expresamente a las consultas.

Y ahí puede estar una de las claves. El precedente de 2022 demuestra hasta qué punto puede cambiar el reparto de fuerzas de una ronda a otra. Houngbo obtuvo inicialmente 24 votos, frente a los 14 de la francesa Muriel Pénicaud, los 13 del sudafricano Mthunzi Mdwaba, los cuatro de la surcoreana Kang Kyung-wha y uno del australiano Greg Vines.

En la segunda votación, Houngbo alcanzó los 30 sufragios que le dieron la victoria, pero Pénicaud también escaló hasta 23. Mdwaba, por el contrario, se desplomó de 13 a uno y Kang pasó de cuatro a dos. El togolés necesitó captar seis votos para superar la mayoría exigida, mientras que la francesa sumó nueve pese a partir diez votos por detrás.

Si en esta ocasión ninguno de los candidatos alcanza los 29 votos en la primera vuelta, Díaz pondrá a prueba su capacidad de diálogo en las negociaciones que se produzcan en los pasillos.