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La vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo de España, Yolanda Díaz.

La vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo de España, Yolanda Díaz.EFE

Nervios, mención a su hija y nada de inglés: Yolanda Díaz defiende su candidatura contra el «continuismo» en la OIT

La vicepresidenta promete sanear las cuentas de una organización que sufre un déficit de 363 millones de euros

Yolanda Díaz defendió este miércoles las líneas maestras de su candidatura a la Dirección General de la Organización Internacional del Trabajo (OIT). La vicepresidenta segunda, consciente de que el principal favorito es el actual director general, Gilbert F. Houngbo, cargó contra el «continuismo» de una organización con 363 millones de dólares de déficit. Sin embargo, el gran debe de la ministra sigue siendo el idioma, ya que no fue capaz de articular palabra alguna en una lengua que no fuera el español frente a sus rivales, que mostraron un dominio del inglés y el francés –obvio en el caso del togolés– acorde al puesto al que aspiran.

Visiblemente nerviosa durante algunos momentos de la comparecencia, Díaz puso sobre el tapete su experiencia al frente del Ministerio como principal aval para dirigir la organización y construyó buena parte de su discurso alrededor de una idea: la OIT atraviesa una situación crítica y necesita un cambio de rumbo. «La opción del continuismo no es posible, es una gravísima irresponsabilidad», aseguró ante los representantes de gobiernos, empresarios y trabajadores.

La ministra cifró en 363 millones de dólares el déficit de la organización y sostuvo que atribuir sus dificultades únicamente al impago de uno de sus miembros supone eludir el problema de gestión. «No es verdad que esta crisis se derive porque un único mandante no contribuye», afirmó. Díaz contrapuso la situación de la OIT con la de otros organismos multilaterales que también han sufrido recortes o problemas de financiación, pero que, según defendió, supieron anticiparse. Su primera prioridad en caso de resultar elegida sería precisamente «sanear las cuentas», garantizar la liquidez inmediata y diversificar las fuentes de ingresos para reducir la dependencia de las aportaciones tradicionales.

Entre sus propuestas figura abrir una negociación con los bancos regionales de inversión y el Banco Mundial para que contribuyan de manera estructural a la financiación de la OIT. Su equipo calcula que esta vía podría aportar entre 40 y 45 millones de dólares adicionales. Díaz defendió también fórmulas de colaboración público-privada, aunque sometidas a un control específico del Consejo de Administración para evitar que los financiadores condicionen las prioridades de la organización.

La vicepresidenta quiso presentarse durante toda la comparecencia como una gestora capaz de sacar adelante reformas mediante el diálogo entre gobiernos, empresarios y sindicatos. Reivindicó los cerca de 30 grandes acuerdos de diálogo social alcanzados durante su etapa en el Ministerio y contrapuso su reforma laboral con las anteriores modificaciones del mercado de trabajo aprobadas en España. «En mi país se han hecho 52 reformas laborales, 52, ninguna ha funcionado y ninguna se ha hecho con acuerdo tripartito», afirmó.

Uno de los ejes de su programa sería la inteligencia artificial, para la que reclamó una «gobernanza algorítmica» con supervisión humana que permita aumentar la productividad de las empresas sin deteriorar las condiciones laborales.

La candidata vinculó esta transformación con otro de los problemas que situó en el centro de su intervención: la productividad. Según los datos citados por Díaz durante la comparecencia, el crecimiento de la productividad mundial habría descendido del 1,8 % al 1,2 %, una evolución que considera incompatible con la mejora simultánea de la competitividad empresarial y de las condiciones de los trabajadores. Formación permanente, recualificación profesional y adaptación a sectores como el automóvil ante la electrificación formarían parte de esa estrategia.

Díaz fue más lejos al plantear la aprobación de una nueva carta mundial de derechos laborales coincidiendo en 2028 con el 30 aniversario de la Declaración de la OIT relativa a los principios y derechos fundamentales en el trabajo. El nuevo instrumento debería incorporar, según explicó, cuestiones que hace tres décadas no ocupaban el espacio actual en el mercado laboral, desde los «salarios mínimos vitales» y los suelos mínimos de protección social hasta los cuidados, las migraciones, la transición justa y los derechos vinculados a los algoritmos.

También defendió avanzar hacia nuevas normas internacionales en al menos dos ámbitos: los cuidados y las cadenas mundiales de suministro. En paralelo, reclamó reforzar la negociación colectiva y la libertad sindical y promover nuevas ratificaciones del Convenio 87 de la OIT.

La vicepresidenta hizo de la reforma interna de la organización otro de los elementos centrales de su candidatura. Prometió una dirección «ejecutiva», una mayor descentralización hacia las oficinas regionales y una campaña para impulsar la ratificación de la enmienda de 1986 destinada a modificar la estructura de gobierno de la institución. También defendió que la OIT recupere peso dentro del sistema multilateral y trabaje en mayor coordinación con organismos como la Organización Mundial del Comercio.

Tampoco faltó la reivindicación de su condición de mujer para apuntalar su candidatura. Díaz recordó a Frances Perkins, secretaria de Trabajo de Franklin D. Roosevelt y primera mujer que formó parte de un Gobierno estadounidense, para reivindicar su aspiración a dirigir la OIT. Después habló de su hija y aseguró que quiere ponerse al frente de la organización para que las nuevas generaciones puedan «mirar al mañana sin miedo».

Todo ello, durante una comparecencia destinada precisamente a convencer a una organización internacional y desarrollada de principio a fin en español. Sus rivales habían elegido otra tarjeta de presentación. Houngbo combinó inglés y francés; González-Olaechea llegó a pasar del español al francés y al inglés dentro de una misma respuesta.

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