Contenedores apilados en la terminal de carga internacional del puerto de Jiangyin, en Fuqing.
Cómo los componentes chinos siguen llegando a EE.UU. a través de México y Vietnam pese a los aranceles
Las importaciones directas desde China pierden peso, pero una cuarta parte del contenido chino que compra Estados Unidos llega ya a través de terceros países
La guerra comercial entre Estados Unidos y China ha redibujado los flujos comerciales, pero no ha conseguido reducir en la misma medida la dependencia de la industria china. Según el último DHL Globalization Tracker, presentado esta semana en Varsovia, el peso de China en las importaciones estadounidenses ha disminuido considerablemente, aunque buena parte de sus productos y componentes continúa llegando al mercado norteamericano a través de terceros países, especialmente México y Vietnam.
En 2017, antes de la primera guerra comercial de Donald Trump, China concentraba el 22 % de las importaciones estadounidenses de mercancías. Su participación cayó al 14 % en 2024 y al 9 % en 2025, hasta situarse en el 7 % durante los cinco primeros meses de este año. Un retroceso que contrasta con el aumento del peso de China en las importaciones del resto del mundo.
Según el informe, los intercambios entre Estados Unidos y China representaban el 3,5 % del comercio mundial en 2015, frente al 1,6 % registrado en los primeros cinco meses de 2026. Pese a ello, los autores advierten de que el distanciamiento entre ambas economías no se ha traducido en una división equivalente del comercio mundial en bloques enfrentados.
A esta capacidad de adaptación se suma el auge de las inversiones en inteligencia artificial. Según el informe de DHL, la demanda internacional de semiconductores y equipos informáticos destinados a esta tecnología concentró el 76 % del crecimiento del comercio mundial de mercancías durante el primer trimestre de 2026, contribuyendo a sostener los intercambios pese a las tensiones arancelarias.
«La logística del comercio es como el agua: siempre encuentra un camino para sortear los obstáculos», explicó Tomasz Buras, consejero delegado de DHL Express en Polonia, durante un encuentro con la prensa internacional al que asistió El Debate como único medio español acreditado.
La explicación está en el origen de los componentes utilizados para fabricar los productos que Estados Unidos importa de otros países. Una mercancía procedente de Vietnam o México puede incorporar piezas y materiales fabricados en China, aunque las estadísticas comerciales registren la operación como una importación vietnamita o mexicana.
Un estudio publicado el pasado agosto por Mary Lovely y Christine Wan, investigadoras del Peterson Institute for International Economics (PIIE), revela que, entre 2017 y 2024, el peso de las importaciones directas de bienes y servicios procedentes de China cayó aproximadamente del 18 % al 11 %. Sin embargo, cuando se contabiliza el valor añadido chino incorporado a las importaciones estadounidenses, el descenso fue mucho menor, del 17,7 % al 15,4 %.
En 2017, el 16 % del valor añadido chino que llegaba a Estados Unidos lo hacía a través de terceros países. En 2024, esa proporción había aumentado hasta el 25 %. Es decir, una cuarta parte del contenido chino presente en las importaciones estadounidenses llegaba de manera indirecta.
Esta reorganización de las cadenas de suministro no sale gratis. Las investigadoras del Peterson Institute advierten de que recurrir a rutas indirectas para acceder a componentes chinos puede encarecer el aprovisionamiento de las empresas estadounidenses. Mientras tanto, las demás economías del G7 siguen utilizando cadenas de suministro vinculadas directamente a China, lo que podría situar a la industria norteamericana en desventaja frente a sus competidores internacionales.
México y Vietnam ganan protagonismo
México se ha convertido en la principal vía de entrada del contenido chino que llega indirectamente a Estados Unidos, al concentrar aproximadamente el 23 % del total. Le sigue Vietnam, con un 15 %, frente al 7 % que representaba en 2017. Taiwán ocupa la tercera posición entre los países destacados por las investigadoras, con alrededor del 8 %.
La dependencia resulta especialmente visible en determinados sectores industriales. En 2024, aproximadamente el 28 % del valor de los equipos eléctricos y ópticos exportados por Vietnam a Estados Unidos procedía de actividades productivas realizadas en China. En el caso de México, esa proporción rondaba el 13 %. Las diferencias también son apreciables en el sector textil, con un contenido chino del 21 % en las exportaciones vietnamitas y de alrededor del 10 % en las mexicanas.
Esto no significa necesariamente que las mercancías se limiten a atravesar terceros países para eludir los aranceles. En muchos casos existe una transformación industrial efectiva, aunque las fábricas sigan utilizando componentes procedentes de China.
Una investigación de Laura Alfaro y Davin Chor, publicada por el National Bureau of Economic Research (NBER), confirma que Estados Unidos ha reducido mucho más sus compras directas a China que el peso de los componentes chinos en sus importaciones. Además, revela que la diversificación se ha producido principalmente entre sus veinte mayores proveedores. En lugar de incorporar masivamente nuevos socios comerciales, las empresas estadounidenses han redistribuido sus pedidos entre países que ya ocupaban una posición relevante en sus cadenas de suministro.
Alfaro y Chor revelan además una reestructuración en dos tiempos. Mientras que las importaciones de determinados bienes de consumo, como la ropa o el calzado, comenzaron a desplazarse de China durante los primeros años de la guerra comercial, otros productos tardaron más en seguir el mismo camino. Entre 2021 y 2024, el cambio se extendió a sectores en los que sustituir a un proveedor resulta especialmente costoso por la necesidad de componentes especializados o por la existencia de relaciones comerciales consolidadas. Los investigadores relacionan este retraso con la decisión de la Administración Biden de mantener los aranceles impuestos por Trump, que llevó a muchas empresas a abandonar su postura inicial de esperar antes de reorganizar sus compras.