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Cartel de Se AlquilaGetty Images/MarioGuti

Por qué visitar una vivienda presencialmente es la única garantía frente a los «pisos fantasma»

Las estafas informáticas, que incluyen anuncios fraudulentos de viviendas o pagos anticipados por inmuebles inexistentes, representaron en el segundo trimestre el 17,6 % de toda la delincuencia

La llegada de la digitalización al sector inmobiliario y la normalización de las nuevas tecnologías entre las generaciones más jóvenes han cambiado por completo el mercado del alquiler. La transformación ha sido tal, que ahora los pisos y habitaciones se alquilan prácticamente sin verlos en persona. Además, la falta de oferta y la alta demanda han acelerado los plazos, por lo que ser el primero en reservar un piso es más importante que nunca. Sin embargo, las prisas nunca han sido buenas consejeras, y nos pueden hacer perder miles de euros.

Según la última Memoria de la Fiscalía, correspondiente al año 2025, los procedimientos judiciales por ciberestafas, donde se incluyen todas aquellas que tienen que ver con la vivienda –no hay cifras concretas, ya que se registran todas bajo el mismo concepto–, aumentaron un 16 %, pasando de 19.646 a 22.614 en un año. Otro dato es el que refleja el Balance de Criminalidad del segundo trimestre de 2026 del Ministerio Interior: las estafas informáticas, que incluyen anuncios fraudulentos de viviendas o pagos anticipados por inmuebles inexistentes, representaron entre marzo y junio el 17,6 % de toda la delincuencia registrada en España.

Entre las modalidades más frecuentes se encuentran los falsos arrendadores que publican viviendas inexistentes y solicitan depósitos para reservarlas. Jaime –nombre ficticio, ya que prefiere mantener el anonimato–, un joven de 27 años, se ha visto afectado por una estafa de este tipo. Le llamaron para una incorporación inmediata a un puesto de trabajo en Vitoria, y a través de un portal inmobiliario encontró una habitación en una vivienda que, por situación y precio se ajustaba a lo que él buscaba. «Cuando llego, la casa no existía y el supuesto propietario nunca apareció en donde habíamos quedado para la entrega de llaves», cuenta a El Debate.

Él solo había entregado una reserva, que correspondía a un mes de alquiler –unos 400 euros–. Un dinero que, por supuesto, no ha vuelto a ver. Pero podía haber sido mucho más, porque Jaime siguió en contacto con el supuesto propietario. «Para poder entrar al piso que no existía, tenía que pagarle otros dos meses de alquiler. Ahí me di cuenta de que era una estafa, y que lejos de poner solución o pedir disculpas iba a intentar sacar el máximo partido económico. Aunque, por suerte, no volví a caer en la trampa», asegura.

Otro tipo de estafas afecta tanto al propietario como al futuro inquilino. Tal y como informó El Debate, las mafias contactan con los dueños del inmueble haciéndose pasar por los portales inmobiliarios para obtener sus credenciales de acceso y, una vez dentro de la cuenta, convierten sus anuncios en el cebo para estafar a quienes buscan vivienda.

Una vez conseguido el escaparate, comienza la segunda parte de la operación: captar a la víctima. En los anuncios, los estafadores suelen aducir alguna circunstancia que impide visitar inmediatamente la vivienda, como que la propietaria es la hermana del anunciante y vive en el extranjero, y buscan trasladar la comunicación a un número de WhatsApp, normalmente de España o el Reino Unido.

A continuación, el supuesto propietario explica que, debido a la distancia, quiere alquilar a través de una plataforma en línea especializada en viviendas de media y larga duración, que se encargará de verificar las identidades, gestionar el contrato y guardar el dinero en depósito. Pero en la web real de la plataforma no hay rastro de la vivienda. Es el supuesto propietario quien envía un enlace que reproduce su interfaz y conduce a una página falsa. Ahí se consuma la estafa.

Para poder entrar al piso que no existía tenía que pagarle otros dos meses de alquiler. Ahí me di cuenta de que era una estafaJaime, víctima de estafa

También es habitual la suplantación de agencias inmobiliarias, donde el estafador utiliza logotipos reales y lenguajes profesionales para transmitir confianza. En otros casos, los contratos son auténticos, pero incluyen modificaciones ocultas que perjudican al arrendatario o al propietario.

¿Qué hacer para no caer en la trampa?

Frente a este fenómeno, los especialistas recomiendan extremar las precauciones. Resulta esencial verificar la identidad del arrendador, solicitar documentación oficial, confirmar que la vivienda existe y realizar visitas presenciales antes de efectuar pagos. En el caso de los propietarios, conviene pedir referencias del inquilino e incluso recurrir a servicios de verificación de solvencia.

Las autoridades también recomiendan denunciar todos los casos de fraude, incluso si las pérdidas económicas son bajas. La notificación de estos delitos permite identificar patrones, rastrear a los grupos dedicados a estas estafas y evitar que sigan actuando contra nuevas víctimas. No obstante, los expertos recuerdan que la prevención es siempre más eficaz que la reacción. En un mercado tan competitivo como el del alquiler, donde cada día aparecen nuevas ofertas y desaparecen otras, la prudencia y el asesoramiento profesional se convierten en herramientas esenciales para protegerse.