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La psicóloga Elena Angulo junto con Neus y Dolors, usuarias del taller de duelo organizado en Barcelona

La psicóloga Elena Angulo junto con Neus y Dolors, usuarias del taller de duelo organizado en BarcelonaFundación ”la Caixa”

«Mi muerte ya no me da miedo»: testimonios de mayores que afrontan el duelo acompañados por la Fundación ”la Caixa”

En los Espacios Fundación ”la Caixa”, psicólogos y equipos especializados acompañan a personas mayores que arrastran duelos acumulados. Charlas, talleres y vida comunitaria les ofrecen escucha, apoyo emocional y herramientas para seguir viviendo con más calma y menos soledad

Como cada tarde, el Espacio Fundación ”la Caixa” Sant Lluís, en Barcelona, abre sus puertas y se llena de saludos, corrillos y abrazos entre personas que ya se conocen de memoria. Hoy, sin embargo, hay un murmullo distinto: la sala se completa para escuchar una charla titulada «El duelo a lo largo de la vida», un tema que muchos de los presentes han vivido en primera persona, a menudo en silencio. No es una conferencia más, sino parte de una iniciativa específica de la Fundación ”la Caixa” para cuidar el bienestar emocional de las personas mayores a través de charlas de sensibilización y talleres de la Escuela de Cuidadores dentro del programa de Atención Integral a Personas con Enfermedades Avanzadas.

La propuesta nace de una constatación sencilla pero profunda: con los años se acumulan pérdidas y cada una deja huella. «La iniciativa surge para acompañar a las personas mayores ofreciéndoles herramientas que les permitan sentirse mejor, cuidar su bienestar y afrontar situaciones de fragilidad emocional o social», explica Montse Buisán, directora corporativa de Programas Sociales de la Fundación ”la Caixa”. El proyecto, que ya funciona en Sant Lluís, se extenderá a otros Espacios Fundación ”la Caixa” en Madrid, Murcia, Girona, Granollers, Terrassa, Tarragona, Lleida y a otros centros de Barcelona.

Imagen de los asistentes al taller de duelo

Imagen de los asistentes al taller de dueloFundación ”la Caixa”

El duelo en la vejez

La encargada de conducir la sesión en Sant Lluís es Elena Angulo, psicóloga clínica y miembro del Equipo de Atención Psicosocial del Hospital Clínic. Desde el principio desmonta una idea muy extendida: el duelo no se reduce a la muerte de un ser querido. «El duelo es un proceso natural de adaptación a una pérdida significativa. Culturalmente lo tenemos muy asociado a la muerte de un ser querido», explica, pero también puede deberse a una pérdida de salud, a una separación de pareja o incluso al país de origen. En todos esos casos, la persona tiene que aprender a vivir sin algo que formaba parte de su vida.

En las personas mayores ese proceso tiene un rasgo característico: la acumulación. Angulo señala que viven el duelo igual que en otras etapas, pero con el peso añadido de más despedidas: familiares y amigos que ya no están, cambios en las capacidades físicas o cognitivas, alteraciones en el rol dentro de la familia o la sociedad, e incluso la revisión de la propia vida que conecta con la idea del final. «También se suma un momento de revisión de la vida en el que las personas mayores pueden conectar con su propio final», apunta.

Neus, Flora y Dolors, asistentes al taller de duelo organizado en el Espacio Fundación ”la Caixa” Sant Lluís

Neus, Flora y Dolors, asistentes al taller de duelo organizado en el Espacio Fundación ”la Caixa” Sant LluísFundación ”la Caixa”

En ese contexto, tener un espacio donde poder nombrar lo que se siente es crucial. El objetivo de la charla es precisamente generar un lugar de escucha en el que cada persona pueda compartir su experiencia, reconocer emociones y resolver dudas sobre un proceso tan universal como a menudo silenciado.

Historias de pérdidas

En la sala, varias voces ponen rostro al duelo. Neus Ballabriga ha atravesado múltiples pérdidas y afirma sin titubeos: «Mi muerte ya no me da miedo en absoluto». Sin embargo, la ausencia de su hija, fallecida a los 20 años en un accidente, sigue siendo el golpe más duro de su vida. Al recordarlo subraya cuánto significan los pequeños gestos del entorno: «Un silencio compartido, una visita rápida o una llamada siempre ayudan».

Elena Angulo insiste en esa idea: «En momentos así, lo que más necesitan las personas es sentirse validadas y reconocidas, estar acompañadas y contar con un apoyo emocional sin juicios». Frente al tópico de que las personas mayores están «más preparadas» por haber vivido más, ella responde que no tiene por qué ser así y que cada duelo es único.

En momentos así, lo que más necesitan las personas es sentirse validadas y reconocidasElena AnguloPsicóloga clínica

Dolors García, otra asistente, perdió a su marido tras 50 años de matrimonio y, poco después, a sus padres, con quienes convivía. En su caso, contar con el cariño de hijos y nietos marcó la diferencia: «Cuando te encuentras solo es bueno poder contar con alguien», resume. Flora Solé aporta un testimonio especialmente duro: sus dos hijos murieron por enfermedad. Tras décadas en Valencia, se trasladó a Barcelona buscando estar más acompañada por su familia extensa. «Es muy duro, pero ahora me toca sobrevivir a esto», dice con una serenidad que impresiona.

La importancia de la escucha

¿Cómo se acompaña a alguien que está de duelo sin caer en frases hechas ni en consejos que, aunque bienintencionados, pueden doler? Angulo lo resume en cuatro claves: empatía, escucha activa, facilitar la expresión emocional y evitar las fórmulas prefabricadas. «En definitiva, hay que respetar el proceso y los tiempos de cada persona, pero haciéndoles saber que estás ahí», explica. A veces, acompañar consiste más en sostener la presencia que en encontrar las palabras exactas.

No todos los duelos evolucionan igual. La psicóloga señala señales de alerta que indican que un proceso puede complicarse: negación persistente de la pérdida, una intensidad emocional tan alta que impide llevar una vida normal, o un aislamiento extremo en el que la persona deja de relacionarse con nadie. «Un duelo complicado es un proceso psicológico, no un fracaso. Por eso es importante pedir ayuda», subraya.

Un duelo complicado es un proceso psicológico, no un fracasoElena AnguloPsicóloga clínica

Ballabriga, García y Solé coinciden en la utilidad de acudir a profesionales cuando el dolor desborda. «Un acompañamiento psicológico ayuda a sacar cosas y a aclararte», resume Flora Solé. El trabajo de los equipos especializados pasa por escuchar la biografía, identificar recursos personales, validar lo vivido y conectar a la persona con su entorno para combatir la soledad no deseada.

Centros de personas mayores

Además de la ayuda clínica, reforzar la red de apoyo cotidiano es esencial para integrar el duelo. Los centros de personas mayores se han convertido en espacios clave para tejer vínculos, combatir el aislamiento y reconstruir el sentimiento de pertenencia. En el Espacio Fundación ”la Caixa” Sant Lluís, Ballabriga define el centro como «un anexo de mi vida en casa. Vienes aquí, pasas tiempo con las compañeras, hablas con la gente y aprendes mucho».

La Fundación ”la Caixa” impulsa, a través de sus 629 centros de personas mayores —propios y conveniados con distintas administraciones en toda España—, la participación activa de este colectivo en la sociedad. Solo en 2025 organizó más de 20.000 actividades con cerca de 570.000 participantes, una red pensada para responder a perfiles y necesidades cada vez más diversos. En este contexto, las charlas y talleres sobre duelo se suman a un abanico de propuestas que incluyen actividad física, voluntariado, grupos de apoyo y formación digital, entre otros.

Para Flora Solé, asistir al centro y participar en diferentes iniciativas ha sido parte de su propio camino de resiliencia. «Me di cuenta de que o me iba o seguía viviendo, y, si seguía viviendo, tenía que vivir con todas las consecuencias», recuerda. Hoy se define como alguien que «se apunta a un bombardeo», participa en grupos con la psicóloga, hace natación y se implica en actividades de voluntariado. «Intento transformar la rabia en amor a los demás, en hacer cosas para otras personas. Esto te ayuda a sentirte mejor, a sacar la pena, no a taparla. Te ayuda a seguir viviendo», concluye.

En cada charla sobre duelo, en cada café después de una actividad y en cada conversación en el pasillo de un centro, se va tejiendo una comunidad que escucha, cuida y recuerda que, incluso en los momentos más difíciles, nadie debería atravesar el dolor en soledad.

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