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Facundo Alexander García, usuario del programa CaixaProinfancia de la Fundación ”la Caixa”, saliendo de una de las aulas de la Fundación de la Esperanza

Facundo Alexander García, usuario del programa CaixaProinfancia de la Fundación ”la Caixa”, saliendo de una de las aulas de la Fundación de la EsperanzaFundación ”la Caixa”

Del Raval a un futuro en hostelería: la historia de Facundo gracias a CaixaProinfancia

Un aula tranquila en el Gótico, educadores que acompañan y un programa que va más allá de los deberes. Así CaixaProinfancia y la Fundación de la Esperanza ayudan a miles de niños en entornos vulnerables a terminar la ESO y pensar en su futuro

Cuando Facundo Alexander García cruza la puerta de la Fundación de la Esperanza, en pleno barrio Gótico de Barcelona, no entra solo en un espacio de refuerzo escolar, sino en un lugar que siente como casa. Allí merienda con sus compañeros, charla con los educadores y, después, se sienta a estudiar con la tranquilidad de quien por fin tiene un rincón estable donde concentrarse. A sus 19 años y viviendo en el Raval, su camino académico ha estado marcado por la falta de oportunidades y por la vulnerabilidad que afecta a muchas familias, pero también por un punto de inflexión: el encuentro con esta entidad de la red CaixaProinfancia de la Fundación ”la Caixa”.

Facundo estudia ahora un ciclo formativo de grado medio en Hostelería y empieza a imaginarse sirviendo mesas, hablando con clientes y construyendo una vida profesional propia. Su historia es la de miles de niños y jóvenes que, gracias a un apoyo educativo integral, descubren que un futuro lleno de oportunidades también puede ser para ellos.

Un espacio seguro donde estudiar… y mucho más

En la Fundación de la Esperanza, no todos los problemas se resuelven con una tabla de multiplicar bien aprendida. Muchos chicos y chicas llegan sin un ambiente adecuado para estudiar en casa y con familias que, por horarios, idioma o desconocimiento del sistema educativo, no pueden darles el acompañamiento necesario. «Aquí pueden concentrarse y recibir el apoyo que requieren», explica la educadora Gabriela Macchi, que subraya cómo un espacio estable de aprendizaje marca la diferencia.

Raquel Lalueza y Facundo durante una clase de refuerzo

Raquel Lalueza y Facundo durante una clase de refuerzo

Las entidades de la red CaixaProinfancia se convierten en lugares de referencia para estas familias porque su labor va más allá de ayudar con los deberes. «Las familias llegan con necesidades de soporte, tanto en la parte académica como en la social: también buscan un espacio seguro en el que sus hijos puedan relacionarse y generar vínculos», resume Macchi. En cada sesión, el acompañamiento combina tareas escolares, conversación, escucha y actividades que refuerzan la autoestima y la convivencia.

Esa mirada integral es clave para que la ayuda no se limite a aprobar un examen, sino a sostener todo el proceso de crecimiento personal. Los chicos encuentran adultos de referencia, compañeros con historias similares y una rutina que les ayuda a organizarse mejor dentro y fuera del aula.

CaixaProinfancia: datos que hablan de futuro

La realidad que afrontan estos programas se enmarca en un contexto de desigualdad educativa creciente. Según el estudio «La educación en la sombra en la península ibérica», del Observatorio Social de la Fundación ”la Caixa”, uno de cada cuatro estudiantes de 6 a 18 años en España recibe clases particulares fuera del sistema formal. Esa necesidad de pagar refuerzos extra impone una carga económica que muchas familias con pocos recursos no pueden asumir y abre una brecha en el acceso a oportunidades educativas.

Frente a este panorama, CaixaProinfancia actúa como un sostén educativo para quienes más lo necesitan. En 2025, el programa atendió a más de 67.000 niños y jóvenes en situación de vulnerabilidad en toda España, ofreciéndoles refuerzo escolar, apoyo emocional, actividades de ocio y tiempo libre y orientación profesional. Los resultados son elocuentes: el 84,7 % de los menores atendidos logró terminar y graduarse en la ESO, y el abandono escolar entre los participantes se sitúa en torno al 3,54 %, muy por debajo de lo habitual en contextos vulnerables.

CaixaProinfancia actúa como un sostén educativo para quienes más lo necesitan

El trabajo no se hace en solitario. Las entidades que integran CaixaProinfancia se coordinan con escuelas, institutos y servicios sociales para detectar necesidades, compartir información y activar otros recursos cuando un niño o una familia requieren apoyos adicionales. «Esto nos ayuda a mover otros recursos si vemos que alguien necesita apoyo adicional», señala Macchi, que destaca el alcance global de la atención que se ofrece en la Fundación de la Esperanza.

Facundo: de bloquearse al leer a imaginarse detrás de la barra

En el caso de Facundo, ese acompañamiento ha sido decisivo. Llegó con dificultades educativas y problemas en lectura y escritura, y poco a poco fue encontrando herramientas para organizarse mejor, entender cómo gestionar sus estudios y, sobre todo, descubrir qué quería hacer con su vida. «Cuando Facundo llegó a la Fundación le ayudamos a organizarse y a entender cómo gestionar sus estudios, y le orientamos para averiguar qué le gustaría hacer el día de mañana», recuerda Macchi.

Gracias al refuerzo educativo y al entorno de confianza, Facundo ha podido avanzar en sus estudios hasta acceder al ciclo formativo de Hostelería que cursa en la actualidad. Ese sector le motiva especialmente porque combina trato con el público, dinamismo y posibilidades de crecimiento. «Mi objetivo es sacarme el título de la formación. En un futuro me veo trabajando de camarero, hablando con los clientes», afirma.

En un futuro me veo trabajando de camarero, hablando con los clientesFacundo AlexanderUsuario del programa CaixaProinfancia

Su vínculo con la entidad no se limita ya al papel de usuario. Animado por los educadores, ha realizado la formación de monitor de ocio y quiere incorporarse al equipo del próximo casal de verano de la Fundación de la Esperanza. Pasar de ser acompañado a acompañar es, en su caso, la mejor prueba de cómo un apoyo bien orientado puede cambiar no solo las perspectivas de empleo, sino la manera de estar en el mundo.

El valor del voluntariado: aprender ayudando

Junto al equipo profesional, la Fundación de la Esperanza cuenta con personas voluntarias que se implican en el día a día de los jóvenes. Una de ellas es Raquel Lalueza, que colabora en las clases de refuerzo y en las actividades de ocio y deporte. «Estos chicos tienen un comportamiento ejemplar: son educados, respetuosos, muy participativos y empáticos», describe.

Para Lalueza, hacer voluntariado también ha sido una escuela de vida. Le ha permitido tomar conciencia de las desigualdades de partida que afrontan muchas familias y revisar sus propias prioridades como ciudadana. «Creo que como ciudadanos tenemos la obligación de ayudar a las personas de la sociedad que no tienen una situación tan favorable para promover la igualdad de oportunidades», reflexiona.

Estos chicos tienen un comportamiento ejemplar: son educados, respetuosos, muy participativos y empáticosRaquel Laluezavoluntaria en la Fundación de la Esperanza

Ese compromiso social que encarnan educadores y voluntarios se transmite a los propios jóvenes. En el caso de Facundo, su arraigo en el barrio y lo que ha recibido de la Fundación se refleja también en las labores de voluntariado que realiza con la Comunidad de Sant’Egidio de Barcelona, donde acompaña a personas sin hogar. «Somos un grupo de jóvenes que ayudamos a quienes están en la calle y necesitan abrigo y comida», explica.

Una red que abre caminos más allá de la ESO

La historia de Facundo con la Fundación de la Esperanza empezó casi por casualidad: su familia conoció la entidad mientras buscaba un casal de verano para su hermano pequeño. A partir de ahí, se abrió una puerta a un acompañamiento integral que ha ido transformando su trayectoria, ayudándole a superar barreras personales y académicas y a construir un proyecto propio de futuro.

Para Gabriela Macchi, la clave no está solo en alcanzar la meta de la escolarización obligatoria, sino en que los jóvenes descubran que pueden seguir creciendo después. «Los jóvenes conozcan todos los recursos que tienen a su alcance no solo para superar la escolarización obligatoria, sino también para poder seguir creciendo en la vida», resume. Programas como CaixaProinfancia y entidades como la Fundación de la Esperanza muestran que, cuando se ofrece acompañamiento, recursos y vínculos, la estadística de la vulnerabilidad puede transformarse en historias de superación.

En cada aula de refuerzo, en cada merienda compartida y en cada conversación sobre el futuro, se juega algo más que un boletín de notas. Se construyen itinerarios vitales en los que estudiar, trabajar, hacer voluntariado y soñar con un mañana mejor dejan de ser un lujo y se convierten en una posibilidad real para miles de niños y jóvenes.

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