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24 de junio de 2024

Ricardo Calleja, director del Colegio Mayor Moncloa

Ricardo Calleja, director del Colegio Mayor MoncloaCedida

Entrevista a Ricardo Calleja, director del Colegio Mayor Moncloa

«La nueva ley va a decirle a los estudiantes con quién no pueden vivir: es un paternalismo moral insoportable»

El responsable de uno de los 14 colegios mayores íntegramente masculinos o femeninos de Madrid califica como «oportunista» la enmienda a la nueva Ley de Universidades que prohíbe que este tipo de residencias se adscriban a los campus públicos

Los colegios mayores íntegramente masculinos o femeninos no podrán adscribirse a la Universidad pública y disfrutar, por tanto, de algunos de sus servicios y exenciones. La medida, admitida a trámite la semana pasada a través de una enmienda de Más País-Equo a la Ley Orgánica del Sistema Universitario (que votará este jueves el Congreso), busca castigar de esta forma «los comportamientos sexistas», en palabras de la diputada Inés Sabanés.

Pero, ¿qué tienen que decir a estas acusaciones las decenas de residencias afectadas de toda España? Aunque resulta difícil hablar en nombre de todas ellas, la posición de muchas la verbaliza Ricardo Calleja, director del Colegio Mayor Moncloa, masculino y adscrito a la Universidad Complutense de Madrid (UCM), quien no duda en valorar la enmienda como «oportunista» y en denunciar los derechos constitucionales contra los que, dice, atenta.

–¿Cuál fue su reacción al enterarse de la noticia?

–No ha sido una sorpresa, pero sí me preocupa, aunque la ley todavía no se ha aprobado y estamos a tiempo de que caiga esta enmienda. La Ley tal como fue presentada por el ministerio nos resultaba muy satisfactoria: fijaba muy bien lo que somos y lo que queremos ser, y era fruto del diálogo entre representantes políticos y de nuestras asociaciones. La inclusión a última hora de la enmienda ignora ese proceso de diálogo, sustituido por la reacción oportunista ante un problema aislado. Y revela una ignorancia supina sobre la naturaleza y funcionamiento de nuestros colegios: no recibimos dinero público, y no separamos a los estudiantes más que a efectos residenciales. Los colegios mayores son espacios abiertos, con muchísimas actividades mixtas al servicio de toda la comunidad universitaria.

–¿En qué le parece oportunista?

–Se ha eludido toda deliberación con los agentes sociales implicados: universidades, estudiantes, familias e instituciones promotoras de colegios mayores. Se sustituye el razonamiento por la indignación momentánea. A la vez, es preciso reconocer que esta maniobra encuentra un terreno favorable ya asentado: para parte de la opinión pública y algunas autoridades universitarias resulta evidente que los colegios mayores deberían ser mixtos. Y de hecho algunos se han transformado en ese sentido en los últimos años. Pero lo que desaparece con esta medida es el marco de libertad, pluralismo y colaboración de la iniciativa social con las universidades públicas.

Una cosa es pensar que los colegios deben ser mixtos y otra imponerlo por ley para todos. Lo primero es legítimo. Lo segundo es una imposición que contradice el modelo híbrido y plural de educación que hay en España desde 1978, con fenómenos de colaboración público-privada y específicamente con instituciones religiosas que la gente tiene derecho a elegir. Hay quienes no conocen otra forma de gestionar la diversidad que la discriminación legal de lo que no les convence.

A nadie se le ocurre preguntarse si estos episodios lamentables no suceden también en residencias mixtas

¡La ley de universidades va a decirle a las chicas y chicos adultos con quién no pueden vivir dentro del campus! Me parece un atropello de un paternalismo moral insoportable. En concreto se dañan tres libertades: la de los estudiantes para elegir con quién quieren vivir y en qué régimen, en zona universitaria; la de las instituciones que promueven sus proyectos educativos, dentro de la libertad de enseñanza que reconoce la Constitución; y la autonomía de las universidades para gobernar sus propios asuntos sin injerencias innecesarias.

–¿Qué opina la UCM, a la que ustedes están adscritos, sobre la medida?

– La UCM es la universidad más afectada por esta medida (hay 32 de los cuales 28 son adscritos, siete masculinos y siete femeninos). Pero no sé si ha sido consultada o si han presentado alguna queja. Habría que preguntarles a las autoridades del rectorado sobre su opinión. Por lo que he podido escuchar en algunos encuentros con ellos, sé que están a favor del modelo mixto, pero no tenían intención de imponerlo en este momento. Desde luego, este equipo rectoral ha comprendido y apoyado a sus colegios mayores.

–¿Cuáles son las motivaciones que subyacen a esta enmienda?

–Como decía, hay una corriente de fondo y una maniobra oportunista.

En el fondo se trata de una visión monolítica de la educación pública. En vez de crear espacios relativamente neutrales, donde convivan visiones del mundo diferentes pero respetuosas entre sí, se impone una única visión. Seguramente lo hacen de buena fe porque consideran que es la única forma de garantizar algunos estándares básicos de justicia para la sociedad. Como consecuencia, se excluyen las fórmulas de colaboración típicas de nuestro sistema, salvo que las iniciativas privadas se asimilen en fondo y forma a la ortodoxia educativa oficial.

Esta visión puedo entenderla. Aunque les diría que en vez de juzgar de lejos, comprueben en primera persona si esto es así. Pero no es la que estaba vigente en España hasta hace bien poco, que –como decía antes– es un sistema híbrido y plural. No es la que está vigente en otros países europeos.

Hay quienes no conocen otra forma de gestionar la diversidad que la discriminación legal de lo que no les convence

Esto nos lleva además a una escisión cada vez mayor de nuestra sociedad en trincheras ideológicas: hunos y hotros. Y en trincheras socioeconómicas: quienes puedan pagársela, recibirán una educación privada de élite (secundaria y universitaria). Los demás, tendrán un sistema público que no será de calidad, porque el talento educativo huye de las consignas y el control burocrático, por mucho dinero que gasten de los impuestos de todos.

Y después están las motivaciones más coyunturales. En el proceso de viralización indignada del video aquel, ya se veía un marco claro, con intencionalidad arrojadiza: colegio mayor machista, elitista y facha (¡nada menos que el de Pablo Casado!). Era la ocasión perfecta para reforzar el discurso de que hay una cultura de la violación apuntalada por estructuras sociales, políticas y educativas, que es preciso desmantelar.

A nadie se le ocurre preguntarse si estos episodios lamentables no suceden también en residencias mixtas. Si realmente lo de ser masculino o femenino es un factor relevante, más allá de que quede bien en un tuit. Que en materia universitaria se sustituya la ciencia social por el eslogan es deprimente.

Y después están los errores fruto de la ignorancia (que es fácilmente vencible). Primero: no recibimos dinero público. Yo creo que confunden nuestro régimen con el de la educación concertada, que no tiene nada que ver. Cada colegio mayor tiene su régimen fiscal, pero muchos estamos exentos de algunos tributos como cualquier otro: por ser entidades sin ánimo de lucro. Segundo: los colegios son espacios abiertos de los que participan chicos y chicas siempre; los colegiales van a clases mixtas. Cuando se habla de «segregación», además de hacer un uso frívolo de una palabra seria, creo que se imaginan a unos chicos encerrados solos entre cuatro paredes todo el día. Tercero: la adscripción a la universidad nos abre oportunidades de colaborar con las autoridades públicas y con otras instituciones semejantes, pero no suele suponer –depende de cada universidad– ningún privilegio, como a veces se insinúa sin esforzarse por esclarecer el asunto. Mis colegiales pueden usar las instalaciones deportivas de la UCM… si pagan.

–¿Qué le diría a las personas que acusan a estos colegios de permitir «comportamientos machistas»?

–Como sabe cualquier educador, cuando juntas a muchos post-adolescentes, surgen oportunidades que no tienen los jóvenes cuando están aislados. Pero a veces también problemas, generalmente de poca monta. Tanto en centros privados y públicos, mixtos o solo para chicos o chicas, pueden darse actitudes machistas, e incluso violentas, que deben ser corregidas. La cuestión es cómo prevenirlos y afrontarlos educativamente, ofreciendo una ayuda adecuada. Y cualquier formador sabe también que lo decisivo es que haya una comunidad educativa comprometida, que es lo que ofrece un colegio mayor. Parece razonable que una persona adulta pueda decidir vivir con personas de su mismo sexo, como sucede en tantos pisos de estudiantes o profesionales. Hay muchas razones, por ejemplo: para salvaguardar su intimidad, también la sexual. En todo caso es una opción legítima que no comporta ninguna discriminación injusta. Además, como le decía, los colegios mayores son espacios mixtos, en mayor o menor medida. Pero que la dimensión residencial del colegio sea diferenciada por sexo ofrece oportunidades educativas específicas. Eso contribuye también a desarrollar una masculinidad o feminidad respetuosas.

–¿Tienen pensado llevar a cabo algún tipo de acción o de protesta?

–Ahora mismo cada colegio mayor afectado está pensando con sus entidades propietarias o colaboradoras cómo proceder, y también estamos trabajando dentro del asociacionismo de colegios mayores. Algunos quizá decidan adscribirse a universidades privadas, como ya han hecho otros colegios mayores en los últimos años. Lo importante es darse cuenta de que no está en juego solo el ser mixto o no. Sino la libertad para vivir un modelo educativo que han elegido muchos colegiales y sus familias, que hace una aportación insustituible a la vida de los campus, y la libertad para orientarlos y dirigirlos con un criterio educativo propio, que no venga impuesto en sede legislativa. En esta tendencia de atropello que he descrito, este no será el último episodio.

–¿Hasta cuándo tienen convenio de adscripción con la UCM?

–Hasta finales del curso 25/26. Personalmente espero que la ley no se apruebe tal y como está ahora mismo y, si se aprueba, que sea reformada antes de que llegue ese plazo por el futuro gobierno del color que sea. Si no, quizá tendremos que abandonar la UCM, donde hemos estado desde el principio. Sería una pena, porque nos sentimos parte de la universidad pública, la mayoría de nuestros colegiales son estudiantes de universidades públicas, y procuramos animarles a servir a toda la sociedad, sin caer en la tentación de hacer un gueto aparte.

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