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Esta primera semana de junio -días 3, 4 y 5 en prácticamente todas las Comunidades Autónomas- se realiza en España la Prueba de Acceso a la Universidad (PAU), más conocida como Selectividad, que marcará las notas de corte para acceder a las distintas carreras de la universidad pública. Por mucho que servidor y muchas otras personas hayan repetido los argumentos que siguen, no viene mal volver a este espinoso asunto.

Si se quiere ser exacto, en esta primera semana de junio se realizarán las 17 pruebas y pico que han diseñado las distintas comunidades autónomas. Con grandes diferencias tanto en los modelos de examen como en la dificultad.

Por ejemplo, y sin concretar comunidad autónoma, te encuentras con preguntas como estas en la asignatura de Historia de España:

  • Pregunta tipo Comunidad Autónoma 1: Diferencias entre un mozárabe y un mudéjar. (1 punto)

  • Pregunta tipo Comunidad Autónoma 2: Contesta SEIS de los ocho CONCEPTOS siguientes y ESCRIBE en tu hoja de examen el concepto seleccionado, así como la respuesta escogida. (0,5 puntos cada concepto). Un ejemplo de concepto es:
  1. 1. Afrancesados:
  2. a) Republicanos simpatizantes de los franceses durante la II Guerra Mundial.
  3. b) Españoles que colaboraron o simpatizaron con el proyecto monárquico de José I Bonaparte.
  4. c) Dicho de los independentistas americanos que tenían cierto poder político buscaban emanciparse de España.

  • Pregunta tipo Comunidad Autónoma 3: Ordene cronológicamente de mayor a menor antigüedad los siguientes términos históricos. (puntuación máxima 1 punto).
  1. - Carlos María Isidro – La batalla de las Navas de Tolosa – Dolores Ibárruri – Paz deWestfalia

  • Pregunta tipo Comunidad Autónoma 4: Responda a una de estas dos preguntas: (1 punto)
  1. Al-Ándalus: economía, sociedad y cultura. El legado judío en la Península ibérica.
  2. Modelos de repoblación. Organización estamental en los reinos cristianos medievales.

Estas son preguntas cortas que, en esta asignatura, se suelen confundir con fáciles. En cualquier caso, el diseño de la prueba varía enormemente en cada comunidad autónoma. De la segunda pregunta, donde solo hay que copiar la opción correcta, o la que pide ordenar cuatro hechos muy separados en el tiempo (propia casi de Primaria), a la última, hay un abismo de diferencia.

Sin embargo, la nota de las distintas PAU competirá en igualdad de condiciones con las del resto de España. Lo que es obviamente injusto y contra lo que no se levantan los chavales, lo que dice mucho de la sumisión y resignación de la juventud.

De vez en cuando se reúnen los responsables de Educación de las distintas Comunidades Autónomas y acuerdan grandilocuentes declaraciones sin contenido que hablan de la intención de llegar a un acuerdo en el futuro, en algo que tiene que ver más con los hermanos Marx que con la auténtica voluntad de acordar o decidir nada de manera conjunta. Cada taifa quiere asegurar su cuota de poder, aunque eso sea esencialmente injusto.

El asunto es tan bochornoso que Canarias, un día, y Cataluña, ¡una semana!, celebran el examen más tarde que el resto de España.

Por otro lado, la parte general de este examen lo aprueba el 97 % de los estudiantes que se presentan en convocatoria ordinaria, como se publicó en El Debate el pasado día 21. En Historia de España el 23,2 % sacó sobresaliente -presentes los modelos de preguntas de cuatro comunidades, se verá dónde es más fácil obtener calificaciones altas-. Es decir, lo difícil no es aprobar. Lo realmente complicado es sacar puntuaciones altísimas para entrar en las carreras con una nota de corte más exigente. Lo que agrava aún el asunto de los 17 exámenes distintos.

Al margen de lo dicho, existen algunos otros asuntos que deberían tenerse en cuenta. Debido a la competencia por sacar notas altas, en un escandaloso fenómeno inflacionario de las calificaciones, los exámenes son cada vez más asequibles, es decir, el nivel de exigencia en 2º de Bachillerato tiende a bajar. Para más inri, los chavales pueden elegir entre examinarse de Historia de la Filosofía o Historia de España, con lo que en la PAU no harán el otro examen.

De esta manera, el asunto no consiste tanto en saber qué notas sacan o en qué entra o en qué deja de entrar, sino cuánto aprenden los chavales que se presentan a este examen. Por un lado, por motivos de espacio y tiempo, tiene más que ver con la habilidad y astucia del estudiante que con su auténtico conocimiento. Por otro, desde el primer momento el aprendizaje se relaciona más con el resultado, con la nota, que con el proceso y la profundidad del mismo. Por fin, convierte el último año de colegio en una laminadora preparación de una oposición.

Al margen de todo, en el informe presentado por el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades (sic) destaca que en la fase general el menor porcentaje de sobresalientes (9,4 %) lo obtiene Lengua Cooficial y Literatura. Pero de esto ya hablaré en próxima ocasión.

En conclusión, el asunto de la Selectividad o, mejor, de los muchos exámenes de Selectividad es un disparate mayúsculo que, en cualquier caso, ahí seguirá. Yo la hice en 1988, y ya entonces corría el rumor de que la iban a quitar. No caerá esa breva. Ni tampoco se unificarán para que todos los bachilleres españoles hagan una única Prueba de Acceso a la Universidad. Y mucho menos con un sistema de corrección mínimamente objetivo y uniforme.