Vista posterior en una clase de los alumnos de primaria
De los test vocacionales al análisis de datos: cómo elegir qué estudiar en la era de la IA
La digitalización, la automatización y la llegada de la inteligencia artificial están transformando el empleo a una velocidad asombrosa para estudiantes y docentes
Elegir qué estudiar siempre ha sido una decisión complicada, pero hoy lo es todavía más: implica hacerlo en un mercado laboral que cambiará antes de que muchos estudiantes terminen su grado.
La digitalización, la automatización y la llegada de la inteligencia artificial están transformando el empleo a una velocidad asombrosa para estudiantes y docentes. Surgen nuevos perfiles profesionales, otros se redefinen y algunas competencias quedan obsoletas en pocos años.
En este contexto, ¿tiene sentido seguir orientando como hace veinte o treinta años?
Un modelo para un mercado que ya no existe
A lo largo de décadas, las entrevistas individuales y los test de intereses vocacionales han sido la base de la orientación académica. Estos instrumentos han servido para ayudar a los alumnos a conocerse mejor y pensar en sus preferencias.
El inconveniente es que fueron creados para un mercado laboral relativamente estable, en el cual las carreras profesionales eran más predecibles y lineales.
La realidad actual es diferente. El Future of Jobs Report 2023 del Foro Económico Mundial alerta que en el futuro cercano una fracción importante de las habilidades presentes se transformará o desaparecerá. La OCDE ha enfatizado, además, que es necesario fortalecer los sistemas de orientación para ajustarlos a un entorno que está en constante cambio.
Sin embargo, en muchos centros educativos, la orientación sigue concentrándose en un momento puntual: elegir bachillerato, escoger un grado universitario o decidir una formación profesional específica. Como si optar por cada una de estas cosas supusiese algo inamovible, para toda la vida.
De elegir una profesión a aprender a decidir
Quizá el error esté en cómo entendemos la orientación. No se trata solo de ayudar a «elegir bien», sino de enseñar a decidir en situaciones de incertidumbre. Lo más probable es que esa decisión deba revisarse varias veces a lo largo de la vida.
Las trayectorias profesionales hoy en día son mucho más dinámicas: hay cambios de sector, reciclajes formativos y especializaciones que se suceden. La orientación debería estar a la par con este proceso, en lugar de limitarse a un diagnóstico inicial.
Aquí es donde la tecnología comienza a desempeñar un papel relevante.
La inteligencia artificial como apoyo
La expansión de la inteligencia artificial en el ámbito educativo está creando nuevas oportunidades. Desde sistemas para personalizar el aprendizaje hasta herramientas de análisis predictivo, hoy esta herramienta forma parte del debate académico y social.
En el ámbito de la orientación académica, estas tecnologías permiten algo que antes era complicado: cruzar grandes volúmenes de información sobre empleo, competencias y formación.
Permiten, por ejemplo:
- Analizar miles de ofertas de empleo para identificar competencias emergentes.
- Identificar qué habilidades se repiten en ciertos sectores.
- Comparar perfiles formativos con las demandas reales del mercado.
- Actualizar recomendaciones cuando cambian las tendencias.
Esto no significa que una máquina deba decidir por el estudiante. Pero sí puede ofrecer información más precisa y actualizada para ayudar a tomar decisiones más fundamentadas.
Ya existen modelos en marcha
Este cambio no es solo teórico. En distintos países ya se están implementando sistemas que combinan datos laborales y orientación profesional.
La red europea Europass ha evolucionado y ya no se limita solo a la creación de currículos. Ahora, gracias a su integración con la clasificación europea ESCO (siglas en inglés de European Skills, Competences, Qualifications and Occupations), ofrece la posibilidad de explorar ocupaciones y competencias que están realmente alineadas con las demandas del mercado laboral.
En Estados Unidos, la plataforma pública O*NET, respaldada por el Departamento de Trabajo, organiza miles de ocupaciones en función de habilidades y tareas. Y esto la convierte en una herramienta fundamental para la orientación educativa y laboral.
En algunos países nórdicos y bálticos, los servicios públicos de empleo han incorporado herramientas digitales que permiten visualizar tendencias en diferentes sectores y analizar la empleabilidad de ciertas formaciones.
Cómo debería ser el nuevo modelo
Si aceptamos que el mercado laboral es cambiante, el modelo de orientación académica también debe cambiar. Al menos en cuatro aspectos.
- Orientación como proceso continuo, es decir, no limitada a un momento específico, sino integrada en distintas etapas educativas. Por ejemplo, incorporar sesiones de orientación en distintos momentos del recorrido educativo (bachillerato, universidad), revisando decisiones en función de nuevas competencias adquiridas o cambios en el mercado laboral.
- Integración de datos reales, ofreciendo información actualizada sobre competencias y tendencias, no solo descripciones generales de profesiones. Una buena práctica sobre ello sería utilizar datos de portales de empleo o herramientas como ESCO u O*NET para identificar habilidades más demandadas en el mercado laboral en sectores concretos.
- Enfoque en las competencias. Analizar qué sabe hacer el estudiante y qué necesitaría desarrollar para distintas opciones formativas o profesionales. Por ejemplo, comparar el perfil de un estudiante (idiomas, habilidades digitales, capacidades analíticas) con los requisitos de un puesto concreto, identificando brechas formativas y proponiendo itinerarios de aprendizaje.
- Papel más fuerte del orientador, que puede interpretar datos y contextualizar recomendaciones. También es útil que ayude al estudiante a decidir entre varias opciones formativas con salidas similares, teniendo en cuenta no solo los datos del mercado, sino también su contexto personal, motivación y tolerancia al cambio.
La tecnología puede ofrecer diagnósticos y simulaciones. Pero el apoyo humano sigue siendo esencial para integrar esas recomendaciones en la vida del estudiante.