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El jefe de Investigación de El Debate, Alejandro Entrambasaguas

El jefe de Investigación de El Debate, Alejandro EntrambasaguasEl Debate

Curso del CEU y El Debate sobre desinformación

Entrambasaguas anima a asistir al curso del CEU sobre desinformación: «En un Estado de derecho nadie debería ser intocable»

Este diario ha entrevistado al jefe de Investigación de El Debate para hablar sobre los Cursos de Verano del CEU de 'Desinformación y poder político', que tendrán lugar los días 13, 14 y 15 de julio

El Debate ha organizado en los Cursos de Verano del CEU las jornadas sobre 'Desinformación y poder político', que tendrán lugar los días 13, 14 y 15 de julio de 2026 en el Real Centro Universitario Escorial-María Cristina, en San Lorenzo de El Escorial (Madrid).

En ellas, los asistentes escucharán a profesionales destacados de la profesión, como el director de este periódico, Bieito Rubido, el jefe de Investigación de El Debate, Alejandro Entrambasaguas, el director de Informativos de Telemadrid, José Antonio Álvarez Gundín, o el presidente editor del diario El Nacional de Venezuela, Miguel Henrique Otero.

Asimismo, participarán Alberto Núñez Feijóo, presidente del Partido Popular, Luis Ventoso, director adjunto del periódico; Carmen Martínez-Castro, directora general del Foro La Toja; José Francisco Serrano, catedrático de Periodismo de la Universidad CEU San Pablo; Antonio Naranjo, periodista de El Debate; Ramón Pérez-Maura, director de Opinión del diario; y David Alandete, corresponsal de ABC en Washington, entre otros expertos invitados.

Este diario ha entrevistado a Alejandro Entrambasaguas para hablar sobre la desinformación que se tratará en el curso de verano del CEU.

–¿Por qué consideraron necesario organizar un curso sobre desinformación precisamente ahora?

–Porque vivimos un momento en el que nunca habíamos tenido acceso a tanta información y, paradójicamente, cada vez es más difícil distinguir qué es cierto y qué no. A eso se suma la irrupción de la inteligencia artificial, las redes sociales y nuevas formas de manipulación que hacen imprescindible aprender a contrastar los hechos. Creo que es un buen momento para reflexionar sobre todo ello desde la experiencia de quienes trabajamos cada día con la actualidad.

–¿Le preocupa que el término «desinformación» se utilice a veces para desacreditar informaciones incómodas que luego resultan ser ciertas?

–Sí, me preocupa porque, de hecho, es algo que llevamos viendo desde hace tiempo. Muchas de las investigaciones que hemos publicado en El Debate fueron calificadas inicialmente como bulos o desinformación y, sin embargo, con el paso de los meses terminaron respaldadas por informes policiales o resoluciones judiciales y han servido para que a día de hoy haya personas en prisión pagando por hechos de corrupción. Por eso creo que el concepto de desinformación debe utilizarse con mucho rigor. También me preocupa que determinadas reformas legislativas puedan acabar teniendo un efecto disuasorio sobre el periodismo si generan un clima de mayor presión sobre los medios que investigamos casos de corrupción.

–Usted ha publicado investigaciones que inicialmente fueron cuestionadas y después terminaron confirmándose. ¿Qué lecciones extrae de esos casos?

–El caso del hermano del presidente del Gobierno es un buen ejemplo. Todo comenzó con las investigaciones de El Debate. Desde los tentáculos que el Gobierno tiene en la prensa se decía que era una de difamación pero la realidad es que con nuestras noticias se judicializó el asunto y el músico fue imputado, después procesado y a día de hoy está a la espera de sentencia.

–¿Puede un Gobierno convertirse en actor de desinformación?

–Sí. Lo vimos cuando El Debate publicó la reunión entre Leire Díez y la directora de la Guardia Civil. Desde el Ministerio del Interior se negó de forma tajante que ese encuentro hubiera existido y, sin embargo, posteriormente ese episodio pasó a formar parte de una investigación judicial. La desinformación no consiste solo en difundir noticias falsas, también puede consistir en negar hechos veraces o intentar desacreditarlos.

–Si alguien sale del curso habiendo aprendido solo tres cosas, ¿cuáles deberían ser?

–La primera, que el periodismo de investigación sigue siendo una de las herramientas más eficaces para controlar al poder.

La segunda, que en un Estado de derecho nadie debería ser intocable y que, cuando las instituciones funcionan, cualquier persona puede acabar respondiendo ante la Justicia si existen indicios de que ha cometido un delito.

Y la tercera, que la mejor defensa frente a la desinformación es el espíritu crítico. Es decir, contrastar, desconfiar de los mensajes fáciles y exigir siempre pruebas.

–¿Qué dirías a los jóvenes para que se animen a asistir al curso?

–Que España necesita jóvenes comprometidos con el rigor, con la verdad y con el interés público, independientemente de la profesión que elijan. Cada uno puede contribuir desde su ámbito a construir una sociedad mejor. Y, en el caso del periodismo, estamos viviendo un momento apasionante. La sociedad está valorando especialmente el trabajo de quienes investigamos la corrupción y fiscalizamos al poder. Es una profesión exigente pero también una de las más útiles para fortalecer la democracia.

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