12 de agosto de 2022

Daniel Berzosa, profesor de Derecho Constitucional

Daniel Berzosa, profesor de Derecho Constitucional

Entrevista al profesor de Derecho Constitucional

Daniel Berzosa: «La Corona es la única garantía para la unidad de España»

Para el experto en la Jefatura del Estado, Don Felipe VI «ha potenciado la ejemplaridad y la transparencia» como principios rectores de su acción al frente de la Monarquía española

Daniel Berzosa López (Úbeda, 1969) es doctor europeo en Derecho por la Universidad de Bolonia, como número uno de su promoción. Profesor coordinador de Derecho Constitucional y Derechos Fundamentales en CUNEF donde, además, es secretario académico de su Departamento de Derecho Público. Profesor de Derecho Constitucional y Derechos Fundamentales en el Instituto de Estudios Bursátiles (IEB) y asociado en el Instituto de Enmpresa (IE) Law & Business Schools.
Berzosa es abogado en ejercicio desde el año 2000 y ha sido miembro de los Comités organizadores de algunos de los Congresos internacionales más relevantes del panorama jurídico. Coordinador del Observatorio Internacional da Regulación das Entidades do Sector Público, de la Universidad de Santiago de Compostela fue nombrado Embajador de la Marca Ejército, en 2020. Elegido académico de número de la Real Academia Europea de Doctores el 21 de marzo, está previsto que lea su discurso de ingreso el próximo mes de octubre.
–En los tiempos que corren, ¿sigue siendo la Corona el símbolo de unidad y de estabilidad que tradicionalmente ha desempeñado?
–Como siempre y más que nunca. De hecho, la Corona es la única que expresa dicha unidad y permanencia de España como nación y comunidad histórica que viene caminando conjuntamente desde la romanización. Ya ni siquiera otras instituciones decisivas en la Historia de España, que antes lo hacían, lo hacen. Se ha percibido y constatado socialmente un poderoso renacer de su función, valor y misión en el conjunto de la sociedad española. Ahí están las encuestas y su aprobación por la inmensa mayoría de los españoles (estamos hablando por encima del 70 %) del papel de Su Majestad el Rey Don Felipe VI y de la Corona, como garantía de la unidad de España.
–¿Cómo valora estos ocho años de reinado de Felipe VI?
–Estamos ante un Rey y un reinado de referencia. En estos ocho años, jalonado por múltiples tensiones, el Rey Felipe VI nos ha ofrecido a los ciudadanos una capacidad inigualable para afrontarlas con éxito. Ha potenciado la ejemplaridad y la transparencia como los principios rectores de su acción al frente de la Corona y la Jefatura del Estado. Y ha demostrado una determinación inquebrantable en el acatamiento y defensa de la Constitución. Su Majestad el Rey se ha enfrentado a todo ello con un dominio de sí mismo, grandeza de espíritu e imperturbabilidad que lo han constituido, por derecho propio, en una referencia de liderazgo ético, sereno y firme para los ciudadanos de España y del mundo. El resultado es que la monarquía solo supone una preocupación para el 0,2 % de los españoles, según las últimas encuestas del CIS.

El Rey Felipe VI ha demostrado una determinación inquebrantable en el acatamiento y defensa de la Constitución

–¿Qué retos tendrá que asumir Doña Leonor en los próximos años?
–Hay algo importante en la posición personal e institucional del Heredero de la Corona en las Monarquías parlamentarias desde finales del siglo XX, en adelante, que siempre me gusta subrayar. Es en la actualidad la única persona en un Estado democrático, como es España, que, disponiendo constitucionalmente sólo de una expectativa, ni siquiera es del todo libre. Su vida está programada para llegar con las óptimas condiciones para desempeñar la alta función y misión a la que está destinado.
En nuestro caso, Su Alteza Real Doña Leonor, Princesa de Asturias, ha nacido en plena «sociedad del cansancio» (Byung-Chul Han), cada vez más polarizada, fluida y muelle. Y no sólo la española, sino la occidental. Quizás, la tragedia de Ucrania, invadida por Rusia, sea un catalizador hacia una reorientación en la responsabilidad individual y colectiva, fuera y dentro de España. La Princesa heredera tendrá que tratar de entender esa decadencia dominante generalizada –y usada por algunas fuerzas políticas frente a la usual pasividad de unas masas acríticas– para integrarla como elemento recurrente en su destino y ayudar a superarla, apoyándose en las fuerzas y las expresiones de genio positivo y esperanzador que se advierten en un gran número de españoles diseminados por todo el territorio nacional y fuera de nuestras fronteras, cuando sea mayor, al lado de su padre, el Rey, y, claro es, el día que sea la Reina.
–¿La veremos formarse militarmente en los tres ejércitos?
–Viendo que, en democracia, así lo hizo su padre, el Rey Don Felipe VI, y que las princesas herederas de Suecia y Bélgica, por ejemplo, han tenido y están teniendo instrucción en ese sentido, parece razonable pensar que también la recibirá. Aunque no es una obligación constitucional, sin duda, aportaría a la Princesa de Asturias otra perspectiva en su formación y carácter por los valores que las instituciones militares promueven, como son el mismo valor ante las distintas situaciones, el espíritu de sacrificio y el espíritu de servicio, la disciplina, la disponibilidad, el compañerismo, la lealtad, la ejemplaridad, la profesionalidad, la responsabilidad y el honor, ante la misión de vida que le espera no solo como Reina de España y Jefa del Estado, sino como Mando Supremo de sus Fuerzas Armadas.
–Se ha hablado mucho sobre el futuro papel de la heredera y la falta de una regulación detallada en materia sucesoria…
–La sucesión está perfectamente regulada en la Constitución, tanto si es legítima, es decir, por razón de filiación, como si es parlamentaria, es decir, en el caso de que no queden herederos de la clase anterior, le corresponde a las Cortes Generales proveer «a la sucesión en la Corona en la forma que más convenga a los intereses de España». Por otro lado, «las abdicaciones y renuncias y cualquier duda de hecho o de derecho que ocurra en el orden de sucesión a la Corona se resolverán por una ley orgánica». Lo que, en este supuesto, implica una nueva intervención de las Cortes, sólo que no conjuntamente, sino de cada una de sus cámaras, con especial protagonismo del Congreso de los Diputados, al exigirse la mayoría absoluta de éste en una votación final sobre el conjunto del proyecto para la aprobación de las leyes orgánicas.

La formación militar aportaría a Doña Leonor una perspectiva en su carácter por los valores que las instituciones militares promueven: espíritu de sacrificio y de servicio, disciplina, disponibilidad, compañerismo, lealtad, ejemplaridad, profesionalidad, responsabilidad y honor

–La Princesa de Asturias cumplirá la mayoría de edad en los próximos meses, ¿cómo cambiarán sus obligaciones a partir de entonces?
–Desde el punto de vista constitucional, con la mayoría de edad y el subsiguiente juramento de la Princesa de Asturias, sus obligaciones ante la nación se acrecentarán. Políticamente porque se reforzará la legitimidad de su posición dinástica de la que goza desde su nacimiento y su condición de Heredera de la Corona, ésta adquirida de forma instantánea, tras la proclamación de Felipe VI como Rey de España el 19 de junio de 2014. Jurídicamente porque la normatividad de la Constitución convierte el acotado, pero amplio contenido de los deberes de la fórmula del juramento (desempeño fiel de las funciones que Su Majestad le encomiende, acatamiento personal y de quienes se le acerquen de la Constitución, respeto de los derechos individuales y de ciertos sujetos públicos con base territorial, fidelidad al Rey) en obligaciones preceptivas, no sólo morales o por sentido de responsabilidad, para Doña Leonor. Simbólicamente porque, con la fuerza de los juramentos públicos, el destino de la Heredera de la Corona quedará más unido a la Constitución (a sus normas, principios y valores) y a los anhelos, preocupaciones y necesidades de los ciudadanos españoles, de los que un día está llamada a ser la Reina.
–¿Qué cualidades se exigen a una futura Reina de España?
–Conocer muy bien las funciones, competencias y facultades constitucionales, expresas e implícitas, que habrá de cumplir y ejercer en su caso; así como asimilar la naturaleza del poder moderador o neutral, descubierto y explicado inicialmente por Constant, que le corresponde a un monarca parlamentario en relación con dichas funciones, competencias y facultades, y la Constitución y la nación en su conjunto, y aprehender esa «auctoritas» basada en la sabiduría de las cosas o sindéresis, que diría el clásico, ese «el Rey reina, pero no gobierna» de Thiers, desde el profundo conocimiento, cariño y respeto a su pueblo, en todas sus expresiones, al que debe servir como la primera española que será, como lo está haciendo su padre, el Rey Felipe VI, en quien tiene un inmejorable ejemplo a seguir.
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