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21 de mayo de 2024

Pedro Sánchez

Pedro Sánchez, en una imagen de archivoEFE

Ley del 'sólo sí es sí'

Sánchez baraja tres opciones para detener el destrozo sin cesar a Irene Montero

Podemos quiere que la ministra de Igualdad aguante, por si se produce la ruptura con Yolanda Díaz y acaba siendo candidata a las generales. El presidente tomará decisiones al volver de viaje

Se suponía que la agenda internacional de Pedro Sánchez en Bali –sede de la cumbre del G-20– y Corea del Sur iba a servir al presidente del Gobierno para mantenerse alejado de la polémica suscitada por la derogación del delito de sedición a conveniencia de ERC. Y volver justo para la aprobación de sus terceros Presupuestos, exhibiendo una amplia mayoría en el Congreso.
Pero los planes a veces no salen bien. Y la tierra de por medio con Madrid durante esta semana, que a priori iba a ser una ventaja para Sánchez, ha acabado convirtiéndose en un gran inconveniente.
El desaguisado provocado por la aplicación de la Ley del solo sí es sí, santo y seña del Gobierno «social, feminista, ecologista, europeísta y progresista» –que así lo define el presidente–, ha pillado al líder del Ejecutivo a miles de kilómetros de distancia. Cultivando su faceta internacional con Joe Biden, Xi Jinping y Olaf Scholz mientras en España el Gobierno de coalición se encaminaba directo a una de sus mayores crisis; si no la mayor.
Sánchez intentó contener la hemorragia el miércoles, cuando desde Indonesia pidió esperar a que el Tribunal Supremo fije criterio. Pero para eso queda un mes. Y el goteo de casos se ha convertido en una lluvia ácida para el Gobierno ante la que los ministros no encuentran cómo ponerse a cubierto.
Cunde la sensación de que, a su vuelta a la Moncloa, el presidente tendrá que tomar decisiones. Porque la ministra de Igualdad sigue atrincherada junto a su equipo, sin reconocer un solo error y disparando contra la Judicatura en genérico, sin tener en cuenta que también los jueces progresistas y –lo que es más– las juezas están revisando condenas.

Primera opción

Hay tres opciones para Sánchez, pero ninguna es destituir a su ministra de Igualdad y ninguna es buena. La primera es dejar que Irene Montero se cueza sola, con la esperanza de que dimita por falta de apoyos internos. Conforme avanza el conteo de violadores y agresores sexuales beneficiados por la Ley del solo sí es sí, las fisuras dentro de Unidas Podemos son cada vez más evidentes.
La vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, no es la única que está manteniendo una distancia reveladora. También los Comunes: su líder, Jèssica Albiach, la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, y una de sus referentes en el Congreso, la diputada Aina Vidal, han evitado pronunciarse a favor de Montero. Y lo mismo en IU.
A la titular de Igualdad le queda Podemos. El partido trata de proteger a Montero no solo por su supervivencia en el Gobierno, sino también pensando en las elecciones generales: si Podemos y Yolanda Díaz rompen del todo, la ministra de Igualdad está llamada a ser la candidata morada. Una dimisión o cese ahora la calcinaría.
Montero y Grande-Marlaska junto al fiscal general del Estado

Montero y Grande-Marlaska, junto al fiscal general del EstadoEFE

«Ponerse de perfil cuando machacan a una compañera no solo es miserable y cobarde, sino políticamente estúpido», escribió Pablo Iglesias, furioso, en su cuenta de Twitter. Él menos que nadie quiere que Montero dimita.
Su mensaje no iba dirigido a los ministros del PSOE, sino sobre todo a todas las confluencias que componen Unidas Podemos. Como también el del portavoz en el Congreso, Pablo Echenique, que en la misma línea que Iglesias demandó a «los compañeros» que cierren filas en torno a la titular de Igualdad.

Segunda opción

La segunda opción para Sánchez es, ya que no puede destituir a su ministra, desautorizarla y reformar la ley. Que es lo que están pidiendo los ministros del PSOE y los socios parlamentarios, desde ERC a Bildu pasando por el PNV y Compromís. Pero ello podría provocar una voladura incontrolada de la coalición, puesto que Podemos ha fijado su postura desde el principio: la Ley del solo sí es sí no se toca.
Cabe preguntarse si al presidente le interesa tener a Podemos como enemigo a un año de las elecciones, con Yolanda Díaz volcada en su promoción personal y Alberto Núñez Feijóo liderando las encuestas.

Tercera opción

Y la tercera opción del presidente es respaldar a su ministra de Igualdad y confiar en que el Tribunal Supremo le salve la papeleta dentro de unas semanas. Aun a costa de aumentar el malestar en las filas socialistas, donde están más que hartos de Irene Montero y su troupe. Primero con la Ley trans y ahora con esto. La última de la delegada del Gobierno contra la Violencia de Género, Victoria Rosell, fue pedir este viernes a los medios de comunicación que no informen sobre los recursos de los abogados.
Durante esta semana ha habido varios silencios atronadores, pero especialmente dos. El del exministro de Justicia Juan Carlos Campo, el que en marzo de 2020 obligó a Montero a retirar el primer anteproyecto de la Ley del solo sí es sí que elevó al Consejo de Ministros por su baja calidad jurídica; y el de la actual ministra, Pilar Llop. El primero participó el jueves en Oviedo en un acto sobre el bicentenario del Código Penal y evitó decir una sola palabra. La segunda, según su equipo, lleva enferma toda la semana. Ni siquiera ha escrito un tuit al respecto.
En las últimas horas, desde el Ministerio de Igualdad están dejando caer que las modificaciones que la Ley del solo sí es sí introdujo en el Código Penal fueron responsabilidad de Justicia, no de ellas. Es un sálvese quien pueda.
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