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Bandas latina

Imagen de archivo de una banda juvenilEuropa Press

Varios menores de 14 años acosan a una chica y pegan una paliza a su novio y no hay consecuencias penales

Una turba de menores acosa a varias chicas y finalmente agrede de forma salvaje al novio de una de ellas que salió a defenderlas

Francisco (nombre ficticio) no ha cumplido los 17 años. Tiene apenas 16. Hace una semana, en la localidad de Fortuna, Murcia, él y su novia, Marisol (también ficticio), de su misma edad, entraron a un chino de la Avenida Salvador Allende de la localidad para comprar unas cosas. En el exterior, esperando, quedaron tres chicas amigas de Marisol. «Desde la tienda empezamos a escuchar con varios chicos acosaban a nuestras amigas», explica Francisco.

La pareja de novios salió al exterior: el panorama que se encontraron estaba cargado de tensión y miedo. Las chicas acorraladas en la puerta por una turba de menores de catorce años. «¿Cómo te llamas nena?», abordó uno de esos menores a una de las jóvenes. «¿Te gusto?»; «Dame tu Instagram y hablamos por ahí», pero más que una solicitud era una imposición, una exigencia. Las chicas no querían, pero se sentían abrumadas por este adolescente. Por él y por su hermano gemelo.

«Vale ya», interrumpió Francisco. «¿No veis que no quieren daros su cuenta de Instagram? Dejadlas en paz». La pareja y las tres chicas comenzaron a caminar calle arriba tratando de dejar atrás a sus acosadores y los problemas que venían con ellos. La turba no iba a dejarles ir tan fácilmente: «Yo si quiero, me la fol**», aseguró uno de los adolescentes. Y fue como el disparo de salida para que todos los menores fueran detrás de las chicas y de Francisco.

El joven le dijo a su novia y a las amigas que siguieran hacia delante sin mirar atrás y que no les contestasen ni entrasen en provocaciones. Quería evitar los problemas vista la inferioridad numérica a la que se enfrentaba. «Cuando llegamos a la calle Velázquez nos acorralaron», relata Francisco, «y empezaron a pegarme puñetazos y patadas».

Los agresores no eran desconocidos para el joven; dio sus nombres y aportó datos: «El primero en pegarme sé que es federado en boxeo. Ese me dio varios puñetazos, uno de ellos en la frente». Ese golpe casi le tumba. A Francisco le llovían los mamporros. Él sólo trataba de protegerse de la lluvia de agresiones. «Otro me propinó un puñetazo en la boca que me rompió un diente», explica Francisco que tras ese golpe comenzó a notar el sabor de la sangre en la boca: le habían abierto el labio. «Los gemelos también me dieron de lo lindo, mientras, uno al que conocen por Matagallinas, aunque no me pegó, les animaba. «Id a por él», les ordenó.

La agresión, como suele ocurrir en estos casos, fue grabada en video para mayor humillación del agredido, pero también como prueba que puede usar la Guardia Civil para identificar a los agresores. «Hay dos videos que yo he visto», explica Francisco, «uno de cómo me pegan y otro de Matagallinas jactándose de la paliza». Según fuentes de la Guardia Civil, los agresores identificados hasta ahora tienen menos de 14 años y por tanto, inimputables: es decir, no pueden ser condenados, ni llevados a un centro de menores; seguirán libres y podrán repetirlo las veces que quieran sin reproche penal hasta que cumplan los 14 años. Lo único que se puede hacer es buscarles las cosquillas a los padres desde el punto de vista económico. Mientras tanto, sus mamporros, a ellos, les salen gratis.

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