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15 de junio de 2024

Imagen de la vivienda donde ocurrieron los hechos

Imagen de la vivienda donde ocurrieron los hechosEFE

Tragedia en Huétor Tájar

Uno de los potenciales móviles del doble crimen de Granada es violencia vicaria del abuelo a su yerno a través de los nietos

Al mayor de sus nietos lo mató de un disparo en la espalda; del menor los forenses no han logrado determinar la causa de la muerte: quizá pastillas

Falta mucho contexto para entender la tragedia ocurrida el domingo por la noche en Huétor Tájar, Granada. Ese día José asesinó a sus dos nietos: Pablo y Guillermo y horas después se quitó la vida. Es tal la confusión que los forenses han sido incapaces de determinar la causa de la muerte de Guillermo, el menor.

Se dijo que lo había asfixiado, pero no hay ninguna evidencia forense que lo confirmen. Así que hasta que no llegue el resultado de las pruebas de toxicología no se podrá determinar la razón del fallecimiento. Una de las posibilidades que ahora mismo está sobre la mesa es que la muerte fue producida por una ingesta masiva de medicamentos diluidos en algún líquido o alimento.

En un principio, también se creyó que la asfixia del menor se había producido en presencia de mayor, pero en principio la inspección ocular ha determinado que no: cada cadáver estaba en una habitación. Respecto a las muertes, lo único claro es que Pablo, el mayor, murió de un disparo en la espalda cuando trataba de huir.

El padre de los dos menores no ha podido prestar declaración porque está sedado y los médicos que le atienden lo han desaconsejado. Él podrá dar muchas claves. Lo único que se ha podido conocer es el testimonio de las personas de su entorno habitual y con las que habló mientras el secuestro estaba en marcha.

Todos ellos han ayudado a construir un contexto desconocido. El primer dato que han puesto sobre la mesa es que el abuelo José tenía un ascendente moral y económico sobre su yerno. Tras la boda él les puso la casa. Le dio la vivienda debajo de la suya, para estar cerca de su única hija. No queda la cosa ahí: las dos casas estaban comunicadas internamente por un ascensor, es decir, en realidad era una vivienda con dos plantas, porque la vida se hacía en común. No había que llamar al timbre los abuelos circulaban libremente por dónde querían: al fin y al cabo era su casa.

Otro de los datos a tener en cuenta es que la relación fluyó con normalidad hasta el accidente del 19 de marzo. En ese siniestro vial murieron la abuela María Josefa y la madre de los niños, Josefa. Al volante iba José, el abuelo. Según dicen algunos de sus allegados, él se sentía culpable sobre todo de la muerta de su hija, no tanto de la de su mujer. Quizá por amor paterno filial o por esperanza de vida: Josefa tenía 45 años.

En cualquier caso la muerte desequilibró los engranajes de la relación de las dos familias. El abuelo ya no era tan bien recibido en la planta de abajo, pero él la seguía considerando su casa. Discutieron en varias ocasiones y la relación empeoró, hasta el punto de que el yerno le advirtió: «A partir de ahora van a cambiar muchas cosas. No va a ser como antes». Se entiende que se refería a que iba a restringir la relación del abuelo con los nietos y que el aviso sentó a cuerno quemado a José.

Por eso una de las hipótesis que hay sobre la mesa es violencia vicaria del abuelo: mató a sus nietos porque ya no le quedaba nada, ni esposa, ni hija y nietos, a cuentagotas. Al matar a sus nietos condenaba al padre de los menores a una eternidad de dolor.

Otra de las opciones que tampoco se descarta es que el abuelo estuviese deprimido, aunque no consta que estuviese recibiendo tratamiento. Esa depresión podría haberle llevado a pensar que vivir en este mundo cruel no valía la pena y para evitar que Pablo y Guillermo sufrieran los habría matado y luego se habría quitado la vida. Todavía son muchas incógnitas. Algunas de ellas se resolverán sólo cuando el padre de los menores tenga las fuerzas para poder declarar delante de los investigadores.

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