Pedro Sánchez junto al secretario general de la OTAN, Mark Rutte, este miércoles en Copenhague
Las consecuencias
El electoralismo de Sánchez con Gaza empieza a volverse en su contra
La propuesta de paz de Trump ha puesto al presidente en una posición contradictoria y distinta a la de Sumar, la izquierda critica que abandonara a la Flotilla y el decreto ley del embargo peligra
A Pedro Sánchez se le empieza a volver en contra su electoralismo con el drama de Gaza, después de un mes enarbolando la bandera palestina para huir de sus problemas domésticos (con cierto éxito hasta que irrumpió de nuevo el caso Begoña).
De pronto, el presidente se ha encontrado con tres frentes abiertos en lo que creía que iba a ser el bálsamo de Fierabrás. Por un lado, la posición contradictoria en la que le ha dejado la propuesta de paz apadrinada por Donald Trump, que además ha provocado el malestar de Sumar, que lo considera «un intento de consolidar el statu quo de ocupación y violencia que niega derechos fundamentales». Por el otro, la decepción de sus socios de izquierdas porque el buque de la Armada enviado por el Gobierno no protegió a la Flotilla hasta las últimas consecuencias (que fue abordada este miércoles por la noche). Y, en tercer lugar, la cuerda floja en la que se encuentra el real decreto ley del embargo de armas a Israel, que el Ejecutivo llevará a su convalidación en el Congreso el próximo martes sin tener los apoyos garantizados. Más bien al contrario: Podemos y Junts amenazan con tumbarlo.
A ello se une que, la semana pasada, Sánchez intentó sin éxito que Felipe VI asumiera en su discurso ante la Asamblea General de la ONU que lo que está ocurriendo en Gaza es un genocidio, pero el Rey habló de «masacre». Y que, este jueves, el PSOE llevó al Senado una moción sobre la situación de Gaza para retratar al PP, y su debate y votación pasó sin pena ni gloria.
Por lo que se refiere al plan de paz, Sánchez colgó el lunes por la noche un mensaje en X que se interpretó como un claro respaldo al mismo: «España da la bienvenida a la propuesta de paz para Gaza impulsada por EEUU. Hay que poner punto final a tanto sufrimiento. Es la hora de que cese la violencia, se produzca la inmediata liberación de todos los rehenes y se dé acceso a la ayuda humanitaria para la población civil. La solución de dos Estados, Israel y Palestina, conviviendo uno junto a otro en paz y seguridad, es la única posible», escribió.
Ya era en sí chocante, dado que ninguno de los 20 puntos del documento recoge el reconocimiento del Estado de Palestina, que es la apuesta política de Sánchez. El martes, Yolanda Díaz y los otros cuatro ministros de Sumar se desmarcaron de la postura oficial del Gobierno en un comunicado: «Convertir Palestina en un protectorado dirigido por Washington, al margen de la legalidad internacional, no puede considerarse una solución sino un nuevo capítulo en la negación sistemática de su soberanía».
Pedro Sánchez y Yolanda Díaz, en una reunión pasada en la Moncloa.
La consecuencia es que, en los dos últimos días, la Moncloa se ha visto obligada a matizar lo que inicialmente parecía un apoyo entusiasta de Sánchez. Según fuentes gubernamentales, el presidente en ningún momento se ha pronunciado sobre el contenido de la propuesta estadounidense ni ha dicho que la comparta. En aquel mensaje únicamente «saludó» -según las mismas fuentes- que el diálogo se abra paso. El matiz no es menor.
En cuanto a la Global Sumud Flotilla, la decisión de Sánchez de enviar el buque Furor para asistir a su tripulación fue recibida con grandes alabanzas por parte del movimiento propalestino la semana pasada. Sin embargo, los halagos se volvieron críticas este miércoles, a raíz de la orden dada al buque para que no entrara en la zona de exclusión israelí y evitar así un posible conflicto diplomático.
El martes, bien entrada la noche, el Gobierno se puso en contacto con los integrantes de la Flotilla para informarles de que el buque de la Armada no avanzaría más y recomendarles «encarecidamente» que se dieran la vuelta. La realpolitik se impuso al activismo, pero la decisión provocó el enfado en la izquierda. Desde Yolanda Díaz a Ione Belarra, pasando por Enrique Santiago e Irene Montero, diversos dirigentes criticaron al presidente por su cobardía. «Hemos llegado hasta donde hemos podido», se disculpó ayer el ministro Óscar López. Horas después, el ejército israelí abordó la Flotilla.
También este miércoles, el Gobierno decidió jugársela y llevar al Pleno del próximo martes en el Congreso la convalidación del real decreto ley del embargo de armas a Israel, dos semanas después de su aprobación en el Consejo de Ministros. Es decir, sin agotar el plazo de 30 días del que disponía y, sobre todo, sin tener atados los votos: Podemos lo considera un «embargo fake» y Junts mantiene la ambigüedad de casi siempre.
Si el real decreto ley decayera, sería el cuarto de esta legislatura en hacerlo. Ello supondría un duro golpe para Sánchez, después de haber obligado al Ministerio de Defensa a acometer un plan de desconexión de la industria israelí que dio -y sigue dando- muchos quebraderos de cabeza al departamento de Margarita Robles. No obstante, desde el Gobierno rechazan de plano ese escenario, con el argumento de que ni Podemos ni Junts pueden permitirse votar en contra de este embargo dada la situación de Gaza. Aunque ese mismo razonamiento lo utilizaron en ocasiones anteriores y no siempre les funcionó.
A mayores, el PSOE forzó ayer en el Senado el debate y votación de una moción sobre Gaza con el objetivo de poner contra las cuerdas al PP. Los socialistas pretendían, una vez más, que el PP calificase de «genocidio» la operación del ejército israelí en Gaza; un término con el que el presidente hasta intentó hacer comulgar a Felipe VI en la reunión anual de la ONU la semana pasada, sin conseguirlo, como contó El Debate.
En el debate intervinieron hasta tres senadores socialistas, pero ni por ésas lograron el eco que pretendían en la prensa. Entre ellos, el andaluz Juan Espadas, que se dirigió a la bancada popular así: «Ustedes, en esta causa, ¿con quiénes van? ¿Con las víctimas o defendiendo a los verdugos que atacan a la población de Gaza de forma desproporcionada? No cabe abstenerse». El PP y Vox votaron en contra y recriminaron a los socialistas su «cortina de humo» y UPN se abstuvo, así que la moción no salió adelante ni tampoco dio al PSOE el rédito deseado.