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Sira Rego, la ministra antisemita desde el río hasta el mar

Entre las perlas de esta defensora de la flotilla que ha hecho el ridículo en aguas del Mediterráneo, está haber participado en una concentración con miembros de Samidoun, un grupo prohibido en Alemania por su vinculación al yihadismo

Sira Abed Rego (Valencia, 51 años) es, además de nutricionista de formación, una antisemita radical de deformación. A ese sesgo se debe que la ministra cuota de Izquierda Unida, afiliada al PCE y colocada por Yolanda Díaz en el Gobierno, gritara aquello de «¡desde el río hasta el mar!», la consigna política del nacionalismo palestino para echar a los judíos de su tierra. Pero es que la titular de Juventud e Infancia, que llegó al Gobierno hace dos años tras una legislatura como europarlamentaria, se negó durante su etapa en Bruselas a condenar los atentados de Hamas del 7 de octubre de 2023. Fue una de los 21 eurodiputados que votaron en contra de esa masacre en la Cámara de la UE, que terminó aprobando la moción por 500 votos a favor. Allí criticó a Europa y a su nuevo jefe, Pedro Sánchez, de los que dijo que «no estaban a la altura de las circunstancias». En su momento, también censuró al socialista su giro en el Sáhara, situando a España del lado marroquí.

Sánchez y Díaz le prepararon una cartera de nuevo cuño, la de Juventud e Infancia, materia en la que se ha movido entre el cero y la nada en gestión. Bueno sí, algo es reseñable: España es el país con mayor tasa de pobreza infantil de la UE, con casi tres millones de niños y adolescentes en riesgo. Es que su faceta ideológica es su auténtica carta de presentación. Con un camión entero de salidas de tono, Rego llegó al Consejo de Ministros enarbolando su origen palestino -pasó su infancia en Anata, una localidad cercana a Jerusalén. Pese a haber nacido en España, tanto sus padres como su hermano siguen viviendo en Cisjordania. Entre las perlas de esta defensora de la flotilla que ha hecho el ridículo en aguas del Mediterráneo, está haber participado en una concentración frente al Ministerio de Asuntos Exteriores con miembros de Samidoun, un grupo prohibido en Alemania por su vinculación al yihadismo. Allí, aplaudió las soflamas sobre el «derecho a la lucha armada». De hecho, cuando Sánchez la incluyó en su Gobierno, un medio judío tituló: «La política española que defendió la masacre del 7 de octubre, nombrada ministra de Juventud». Al calor de los ataques del presidente español a Natanyahu, Rego tiene prohibida la entrada en territorio israelí.

Tampoco ha estado a la altura del conflicto ucraniano. Nunca ha condenado el internamiento de niños de ese país en campos de rusificación y ha coqueteado con el aval a Putin en su invasión en territorio europeo. Pero las controversias que rodean a esta comunista que se muestra orgullosa de serlo, no acaban en Oriente Medio ni en el este de Europa. Cómo olvidar cuando Rego sostuvo una discusión televisiva en la campaña europea de 2019 contra un diputado de Vox por la defensa que hizo la comunista de Lenin: cuando el diputado Francisco José Contreras le calificó como «uno de los grandes genocidas del siglo XX, equiparable a Hitler», Sira verbalizó un panegírico del sátrapa sin desperdicio: «Decir que Lenin es un genocida, además de evidentemente expresar que usted es una persona de extrema derecha, lo que expresa es que ha leído muy poco de historia universal». Olvidó la política palestina los cien millones de muertos en 70 años de comunismo, como le recordó el político de Vox. Entre los personajes históricos de referencia de la ex edil de Rivas Vaciamadrid, el feudo comunista madrileño donde hizo carrera desde muy joven, están además del referido Lenin, Chávez y Marx. Tanto, que ha definido a Venezuela como una democracia (la flamante Nobel de la Paz, Corina Machado, seguro que le podría hablar extensamente al respecto). Grabado en mármol está su famosa sentencia cuando el dictador caribeño agonizaba: «Las ratas imperialistas no podrán borrar jamás el regalo que nos ha dado Chávez: organizar el contrapoder popular para avanzar».

Como defensora acérrima de la ley Trans, protagonizó una performance en los baños de una de las dependencias de la Eurocámara; rotulador en mano, tachó la palabra members (miembros) para poner all (todos), no sé si como eslogan publicitario de que hay que admitir all los members o como clara referencia a la eliminación de sexos biológicos. Nadie la ha olvidado en el Legislativo europeo. De hecho, fue designada por su corriente como candidata a presidirlo. Sobre las andanzas de Ábalos y el festival machista y repugnante de sus audios a lo más que ha llegado es a pedir que «se abra un debate muy grande» porque en los partidos de izquierda «también hay estructuras machistas».

Sigue con la matraca de «desmantelar la economía del genocidio» pero dice que siente un «respeto profundo» por el acuerdo de paz que ha propiciado Donald Trump y que se firmará mañana en Egipto. Esta subordinada de Pedro Sánchez es la que proyectará, con la reforma de su ley de protección a la infancia, el futuro de quienes habrán de protagonizar el futuro de España. Que su Alá nos coja confesados.

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