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El Gobierno calibra hasta dónde está dispuesto a llegar Puigdemont esta vez

Sin amnistía para el prófugo y con los alcaldes de Junts nerviosos por el avance de Alianza Catalana, lo ocurrido esta semana parece un déjà vu de diciembre del año pasado. ¿Acabará igual?

Carles Puigdemont pasa junto a Pedro Sánchez en una imagen de archivo en el Parlamento Europeo en EstrasburgoEFE

«Ni contigo ni sin ti tienen mis males remedio; contigo porque me matas, sin ti porque me muero». La copla le viene al pelo a Pedro Sánchez para entretener la espera hasta tener noticias de Perpiñán, donde este lunes Carles Puigdemont ha citado a la cúpula de Junts para tomar una decisión que parece ya tomada: la de apretar un poco más las tuercas al presidente del Gobierno, con el aval de una consulta posterior a la siempre enardecida militancia juntera.

Parece un déjà vu de diciembre del año pasado, cuando el fugado compareció desde Bruselas para pedir a Sánchez que se sometiera a una cuestión de confianza, ante la «falta de voluntad política» mostrada por éste para cumplir sus acuerdos. «Ha llegado el momento de que, o llega un punto de inflexión, o lo dejamos ir», afirmó entonces.

Aquel discurso bien puede servirle de plantilla para el de este lunes. Aunque la traducción del puigdemontés al castellano es evidente: la legislatura está a punto de alcanzar su ecuador y Puigdemont sigue sin poder beneficiarse de una ley de amnistía que debía ser un traje a su medida y ha resultado dos tallas menos. A ello se suma el aliento en la nuca de la Alianza Catalana de Sílvia Orriols, que tiene a los alcaldes de Junts de los nervios.

El bocinazo de entonces terminó con los independentistas retirando la proposición no de ley sobre esa cuestión de confianza, a propuesta del verificador internacional entre el PSOE y los independentistas, Fernando Galindo. No sin antes marear la perdiz durante más de dos meses y medio.

De la negación a la reacción

A pesar de que la credibilidad de Puigdemont está al mismo nivel o en uno inferior que la de Sánchez, los socialistas pasaron de la fase de negación a la de reacción en cuestión de horas. Por si acaso. El miércoles recibieron con desdén el aviso de la portavoz de Junts en el Congreso, Míriam Nogueras, que se dirigió al presidente así desde su escaño: «Quizás habría que hablar menos de cambios de horario y empezar a hablar, señor Sánchez, de la hora del cambio».

La portavoz de Junts en el Congreso, Míriam Nogueras

Desde el Gobierno se apresuraron a rebajarlo a un «juego de palabras», y la dirección del PP tampoco le dio gran importancia, dada la afición de Puigdemont a representar escenas de matrimoniadas. «El Junts de siempre haciendo lo de siempre», según lo definió un miembro del Ejecutivo. Un inciso: Nogueras, que no es muy dada a hablar con los periodistas españoles en el Congreso y menos aún a hacerlo en castellano, lleva dos semanas de lo más accesible y hasta servicial. Eso solo pasa cuando la emisaria de Puigdemont busca algo, en este caso utilizar a la prensa para expandir el relato de que Sánchez se está portando mal, muy mal, rematadamente mal con Junts.

Sin embargo, cuando un día después empezó a sobrevolar la especie de que Puigdemont podría apoyar una moción de censura instrumental -política ficción a día de hoy-, el presidente decidió hacer al prófugo el caso que éste reclamaba. «Lo que está manos del Gobierno de España se está cumpliendo. Lo que depende de otros estamos trabajando para que se cumpla», señaló desde Bruselas, pidiendo «tiempo».

Y voilà. El viernes el Gobierno anunció un oportuno acuerdo con el canciller alemán para «abrir un diálogo con el objetivo de encontrar una respuesta a la solicitud española» de que el catalán, el euskera y el gallego sean lenguas oficiales de la UE. Supuestamente, el conservador Friedrich Merz va a interceder por Sánchez para solventar las reticencias del resto de los países miembros, aunque el mismo día Merz trasladó al PP que sigue sin gustarle la propuesta.

Entre los últimos gatillazos del Ejecutivo respecto a las exigencias de Junts se encuentra la proposición de ley para delegar las competencias en materia migratoria a Cataluña: Podemos votó en contra en septiembre en el Congreso y la tumbó por «racista». Los de Puigdemont quieren que el Gobierno haga examen de conciencia y propósito de enmienda desatascando cuanto antes dos iniciativas de los independentistas que se encuentran atrapadas en la Comisión de Justicia del Congreso: una para endurecer las penas por multirreincidencia y otra con medidas contra las ocupaciones ilegales. Además, Junts ha decidido dar la batalla de los autónomos. De los Presupuestos no esperan mucho, por no decir nada. Ningún partido espera nada de unas cuentas públicas que siguen siendo invisibles a fecha de 26 de octubre.

Repasemos el top tres de las advertencias de Nogueras a Sánchez en esta legislatura:

15 de noviembre de 2023, debate de investidura: «Querría darle un consejo, que, naturalmente, usted no tiene ninguna obligación de seguir. Con nosotros no intente tentar a la suerte porque no le va a funcionar (…). Para que la legislatura avance, nuestro país, Cataluña, necesita que pasen cosas y que se culmine un acuerdo que cambie la historia».

11 de diciembre de 2024, tras anunciar Junts que pediría a Sánchez someterse a una cuestión de confianza. «Usted sabe perfectamente que nosotros no nos pegamos faroles. Junts no se presentó a las elecciones españolas para dar estabilidad a ningún Gobierno español, y menos a un Gobierno español que no cumple con Cataluña, sea del color que sea. Están en números rojos, señor Sánchez (…). Lo que estamos haciendo nosotros es lo que nadie más se atreve a hacer: exigirles a ustedes que muevan el culo y que hagan el trabajo que tienen que hacer en Cataluña».

9 de julio de 2025, en medio del huracán Cerdán. «Nosotros no hemos venido aquí a dar estabilidad a ningún Gobierno español. Estamos aquí para defender a Cataluña y nuestro compromiso no es con ustedes ni con sus ideologías, sino con los catalanes. No estamos aquí para apoyar esta farsa. Usted está en prórroga y la prórroga no dura toda una legislatura».

A la que se une la del miércoles en el Congreso. ¿A la cuarta irá la vencida? Tampoco. Junts puede suspender toda interlocución con el Gobierno y/o negarle el pan y la sal en el Congreso. Pero, sin moción de censura, el bucle seguirá.