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Javier Ortega Smith, en la redacción de El Debate

Entrevista | Portavoz de Vox en el Ayuntamiento de Madrid

Ortega Smith: «Reivindico los valores fundacionales de Vox porque en gran parte ya no se están cumpliendo»

El portavoz de Vox en el Ayuntamiento de Madrid y diputado nacional visita la redacción de El Debate para abordar la actualidad política

Javier Ortega Smith subraya que Vox nació para ser la voz –y de ahí su nombre– de la España silenciada por los partidos y los medios, para dar voz a una inmensa mayoría de españoles. Aspira a que su formación gobierne algún día, pero hasta entonces urge a sacar del poder a Pedro Sánchez y a sus socios –«si tardamos más, puede que ya no quede ni España ni libertad», advierte–, y aboga por intentar que la mayoría de las ideas o propuestas de Vox, o una parte importante, en función de los apoyos, «prevalezcan» dentro de los gobiernos de coalición que cree que, inevitablemente, habrá que hacer con el PP –no por deseo, sino por necesidad, y admitiendo «diferencias profundas», puntualiza– «por eliminación» entre los partidos del espectro político.

–Una de las banderas de Vox en la ciudad de Madrid es la ofensiva contra las Zonas de Bajas Emisiones (ZBE), una normativa que de aquí a unos meses va a ser más restrictiva. ¿Cree que puede cambiar algo, que puede haber marcha atrás?

–Nuestro grupo municipal ha logrado una sentencia histórica del TSJM que afirmó que esa ordenanza era nula, que se había aprobado además con un grupo ilegal y que no tenía otro afán que la mera recaudación: cerca de 300 millones de imposición de multa cada año. Y que vulneraba derechos fundamentales de aquellos que no tienen recursos para comprarse un coche eléctrico, que necesitan su vehículo, que cumple todos los requisitos, pasa la ITV y paga su impuesto de circulación. El 1 de enero, aproximadamente 2 millones de madrileños no van a poder sacar su vehículo del garaje. A pesar de que al señor Almeida le pedimos una moratoria, no nos hizo ni caso.

Nuestra batalla contra las ZBE es una batalla por la libertad de movimiento y la igualdad de los madrileños, sin que pueda haber restricciones en función de que tengas más o menos recursos económicos. Si de verdad hiciera falta por motivos medioambientales, hagámoslo de manera quirúrgica, en los episodios en los que los técnicos dicen que se producen fenómenos de inversión térmica, la famosa boina, días concretos y en zonas concretas, y no una restricción generalizada 365 días al año. Nos hemos sumado a la protesta del día 22 convocada por asociaciones de afectados.

–Y una ofensiva también han lanzado contra la tasa de basuras. Estos días el PP acusa de imponerla al Gobierno de Pedro Sánchez. ¿Cuál es su planteamiento?

–Aquí también Vox ha tenido que recurrir a los tribunales. Esperamos que entiendan los argumentos y las pruebas que hemos presentado, que demuestran que también esta ordenanza es un auténtico fraude de ley. No es más que un IBI.2. Solo busca recaudar. Hemos facilitado una serie de formularios para que los madrileños puedan recurrirla porque creemos que es abusiva, innecesaria, y además el servicio de recogida selectiva de residuos ya se estaba prestando y por tanto cobrando.

Se nos dice que hay que renovar y me parece bien, pero no a costa de apartar a los que nos hemos ganado en diez años seguir en primera línea de la batalla

Se nos dice ahora que lo impone Sánchez. Esta mentira la estamos desmontando día a día. Desde la Comunidad de Madrid, pasando por el Parlamento Europeo, por el Congreso de los Diputados, por la Federación Española de Municipios y Provincias y por el Pleno del Ayuntamiento, el alcalde Almeida y el PP no solo han estado de acuerdo con esta tasa, han sido sus grandes impulsores. Y ahora que ha visto que empieza a tener repercusión electoral y a ver el enfado de los madrileños dice ‘no al tasazo’ y hace una campaña. No se puede ser más hipócrita.

–Pasando ahora al ámbito nacional, le pregunto por esa noticia que teníamos hace unos días de la decisión de su partido de apartarle como portavoz adjunto en el Congreso. ¿Cómo lo interpretó?

–Me causó una gran sorpresa. No lo puedo entender. Es una decisión de esas que te deja frío, paralizado porque dices ¿a cuento de qué viene esto? ¿tan mal lo estaba haciendo como portavoz? No es lo que yo he percibido y por eso la califiqué como una decisión equivocada e injusta. Haciendo un símil deportivo, es como si un entrenador de un equipo de fútbol o baloncesto decidiese apartar de jugar en el campo a aquellos jugadores que tienen más experiencia, que marcan más goles, que tienen más partidos a sus espaldas, que saben aguantar mejor las situaciones difíciles, que han demostrado a lo largo de una trayectoria de años que saben jugar y que lo hacen en equipo y de manera eficaz, para decir ‘bueno, es que yo quiero fomentar el banquillo’, y que llenase el campo con los jugadores más alevines, más noveles, menos experimentados. Creo que eso no lo entendería nadie en la afición. Le dirían al entrenador: ‘¿pero qué estás haciendo?'.

Eso no es incompatible con que se genere un banquillo que permita que vayan entrando figuras nuevas que vayan adquiriendo la experiencia y, con el tiempo, sustituyendo a aquellos que, llegado el momento, puedan ser más veteranos o decidir dar paso a los que vengan detrás.

Se nos dice que hay que renovar y me parece bien, pero no a costa de apartar a aquellos que de alguna manera nos hemos ganado en diez años la experiencia, el derecho y el resultado como para seguir en primera línea de la batalla. Para mí lo importante es España y los españoles, no es un cargo; son tus principios, tus valores, y yo pienso seguir defendiéndolos sea portavoz adjunto o no lo sea.

–En su respuesta cuando se comunicó esa decisión, usted apeló de nuevo a recordar los orígenes de Vox, de dónde venía y para qué nació. Le quería preguntar precisamente por ello, por cómo recuerda esos inicios y qué le llevó a implicarse en el proyecto y en política…

–Yo recurro a hablar de los orígenes de Vox porque lo tengo muy presente. Veníamos de la vida civil, nadie nos representaba, y surge una necesidad de dar un paso al frente, muy difícil. Vox se funda en 2014 y hasta 2019 no tenemos representación institucional. Fueron cinco años de travesía en el desierto, en solitario, donde ningún medio nos prestaba atención, en los que tuvimos que imaginar lo inimaginable.

Javier Ortega Smith, en un momento de la entrevista

Recuerdo que dijimos desde el minuto uno que teníamos que jugar en equipo, que aquí cabía todo el mundo: una persona que se considerara más liberal y una más conservadora; una persona que su mayor preocupación fuera los asuntos sociales, como otra que le preocupasen más los temas de seguridad o de soberanía nacional; una persona que fuera creyente católica, como aquella que no lo fuese; perfiles más jóvenes con perfiles más veteranos; personas más urbanitas, del entorno de las grandes ciudades, y personas que vinieran del mundo rural. Esa visión amplia nos hizo pensar en una organización que trabajaba en equipo, que tomaba las decisiones de manera colectiva. El Comité Ejecutivo Nacional y los órganos se diseñaron como órganos en los que las decisiones se debatían, siempre con lealtad, y se votaban. Pensamos en una organización no piramidal, más transversal para que todos se sintieran a gusto.

No todos pensamos igual ni tenemos la misma personalidad. Podemos estar defendiendo el mismo proyecto desde personalidades, carismas diferentes. Todos suman y todos conseguimos y conseguíamos atraer a un sector de la población. Lo importante es que había una coincidencia en los valores y en los principios fundamentales. Estoy hablando de defender la vida, la familia, la nación, los principios que construyeron Europa y España...A mí ese es el modelo de partido y de organización que me gusta. Un partido abierto, donde todos puedan trabajar, hablar, donde las decisiones se tomen en consenso y cada uno pueda aportar de diferente manera, pero en la misma dirección y en el mismo proyecto. Ese es el Vox que yo recuerdo cuando se fundó y ese es el Vox por el que yo sigo luchando.

–¿Considera que esa visión amplia de la que habla de los inicios hoy ya no es así, que se ha diluido el proyecto?

–Bueno, si reivindico aquellos valores fundacionales es porque en cierta manera entiendo que en gran parte ya no se están cumpliendo. Se nos dice que son estrategias electorales, visiones más personales…Yo no termino de entenderlo. No tengo la responsabilidad de la dirección, pero creo que tengo el derecho a poder hacer esta valoración, porque he estado en los orígenes y en el día a día durante estos años. Desde finales de 2013 hasta que me cesan como secretario general en 2022 he estado en cada una de las decisiones de este partido, he recorrido España cerca de cinco veces. Puedo hablar con humildad, pero también con conocimiento y con firmeza de por qué nació Vox, para qué nació y qué tipo de personas se acercaron a Vox. Y por eso hago este tipo de valoraciones. Y lo hago, y espero que se entienda así, con un carácter absolutamente constructivo.

No creo en las banderas de las marcas ni en los personalismos. Lo importante no son las personas ni las siglas, son los proyectos que defiendas. Y para eso creo que es muy importante tener las ideas claras de a dónde quieres ir. Y la mejor manera de saberlo es saber por qué iniciaste tu camino y para qué. Vox es una herramienta al servicio de los españoles, pero una herramienta, no un fin en sí mismo. Nació como una mera organización al servicio de España y los españoles, no al servicio de quienes estemos dentro de esa organización. No puede ser jamás un modus vivendi de nadie.

–Usted forma parte del Comité Ejecutivo Nacional. Siempre ha dicho que si considera que hay cosas que hay que cambiar, las traslada por los órganos internos del partido, por lealtad. Le pregunto si se siente escuchado, si ve que la dirección toma en cuenta sus consideraciones sobre estos cambios…

–Yo no le puedo revelar las deliberaciones, los debates, o las consideraciones que se puedan tomar dentro de un órgano de dirección. No lo he hecho nunca. Pero sí le puedo afirmar que cuando en alguna ocasión he intentado poner en evidencia alguna de estas cuestiones que me preocupaban, no ha habido mucha fortuna. Podríamos decir que mi opinión, que antes sí se tenía en cuenta, ahora no se tiene en cuenta.

Vox es una herramienta al servicio de los españoles, no un fin en sí mismo. No puede ser jamás un 'modus vivendi' de nadie

–¿Cree que Santiago Abascal ha cambiado?

–Bueno, es evidente que yo conocí a un Santiago Abascal hace veintitantos años que no es exactamente el mismo que conozco ahora. Puede que en su persona y en su interior no haya cambiado, pero en su forma de actuar sí. Hay cosas de las decisiones que se toman en Vox que si las comparo con lo que se decía y se pensaba hace años, me cuesta mucho comprenderlas. Evidentemente, alguien ha cambiado. Lo que puedo decir es que yo sigo diciendo lo mismo, pensando lo mismo y actuando de la misma manera que hace 20 años.

–¿Le gustaría repetir como candidato en el Ayuntamiento en 2027?

–Sí, me encantaría, porque iniciamos un trabajo en 2019, cuando Vox apareció por primera vez en la escena política municipal de Madrid. Era una auténtica novedad porque rompíamos la dicotomía del bipartidismo. Entrábamos con un discurso nuevo, que creo que para muchos madrileños ha sido una esperanza.

Todavía no hemos logrado tener la fuerza suficiente para que nuestras ideas lleguen al Gobierno. Permitimos al señor Almeida que fuera alcalde con el acuerdo de investidura, que a los pocos meses incumplió rotundamente y tuvimos que romper. Creo, con humildad, que nos hemos ganado el derecho de seguir luchando que lograremos ser determinantes en el próximo Gobierno y cambiar todos los desvaríos del señor Almeida.

–Estos últimos días se ha vuelto a poner el foco en los que estaban en primera línea de Vox y en el núcleo fundador y hoy ya no están en el partido. Entiendo por su respuesta que usted no se plantea dejarlo…

–No veo por qué tengo que hacerlo. Como cualquier afiliado, pero en este caso siendo uno de sus fundadores y quien ayudó a construir esta organización desde la Secretaría General durante más de siete años, habiendo aportado, junto con otros muchos, y habiendo sido una pieza fundamental en la construcción del proyecto, no veo ninguna razón por la que me tenga que marchar.

Y no lo voy a hacer porque sigo creyendo que además Vox es muy útil para el servicio de España. Tiene que ser una herramienta de reconstrucción nacional. Creo que puedo seguir aportando mucho en este proyecto.

–Estamos viendo estos meses que hay críticas internas, y al mismo tiempo Vox es el partido que más crece en las encuestas y que esa tendencia al alza se ha consolidado de un tiempo a esta parte. ¿Cómo lo está viendo?

–Por un lado, todo lo que sea que este proyecto siga creciendo, creo que es motivo de alegría porque demuestra que cada vez hay más españoles que se quitan el miedo, los complejos, que no siguen encasillados en el bipartidismo. Pero, por otro lado, me siento insatisfecho, porque para mí el llevar diez años en política y ver que Vox pasa de un 9, 10, 12 a un 18-20 se me queda muy corto. Un proyecto como el nuestro debería estar en el 40-50 %.

¿Es que no hay uno de cada dos españoles que la esencia de lo que defiende Vox no la comparta? Vox debería tener ya mayoría absoluta. Y lo conseguiremos el día que demostremos a los españoles que no solo lo decimos, sino que estamos dispuestos y tenemos capacidad de hacerlo.

Pasar de un 9 a un 18-20 % en las encuestas se me queda muy corto. Un proyecto como el nuestro debería estar en el 40-50

–Cuando usted estuvo como abogado en el juicio del procés, no sé si se llegó a imaginar o pensó en algún momento que España iba a llegar a la situación en la que está actualmente, con un Gobierno paralizado en manos de un partido como el de Carles Puigdemont, que ha decretado que la legislatura queda bloqueada...

–Ni en las peores pesadillas. Jamás habría pensado que saldrían indultados, amnistiados y que el cabecilla de todos ellos, el cobarde prófugo de Puigdemont, estaría condicionando al Gobierno de España. Que toda esa gente haya sido indultada es lo mismo que haber mandado un mensaje diciendo que tenían razón, que los que no tenían razón eran los jueces, ni la acusación popular ni los fiscales, ni la policía, ni los guardias civiles ni los ciudadanos de bien que cumplimos la ley.

–¿Hasta qué punto cree que se percibe la gravedad de lo que estamos viendo con la Fiscalía General del Estado, que por primera vez en democracia un fiscal general se siente en el banquillo?

–Sobre la percepción de la sociedad española soy un poco pesimista. Creo que los españoles tenemos una memoria selectiva; estamos centrados en lo del día a día y no nos damos cuenta de que por mucho que queramos taparnos los ojos la realidad sigue estando ahí. Nuestra sociedad está viviendo unos momentos dramáticos donde está en juego el Estado de derecho, la nación española, las instituciones, nuestras libertades. Y parece que no reaccionamos.

–¿En qué cree que va a quedar todo lo que estamos conociendo estos últimos días sobre esas 'cloacas' del PSOE, esa presunta trama para comprar jueces, fiscales y mandos de la Guardia Civil?

–Debería ser el fin del PSOE, es decir, llevar a su ilegalización, a considerar que es una organización criminal sostenida en el tiempo y con objetivos delictivos, que se ha dedicado al robo sistemático de España, a la corrupción, a la estafa y a la mentira.

Y además hay un conocimiento generalizado por el presidente del Gobierno y sus ministros. Debería hacer que se sentaran en el banquillo, que fueran condenados, que pasaran muchos años en prisión. ¿Qué es lo que desgraciadamente va a pasar? Pues que la Fiscalía está comprada, y '¿de quién depende?' -como dijo Sánchez-; y que los magistrados del Tribunal Constitucional están esperando, si hay algún tipo de condena, para llevar a cabo sentencias en las que declaren que ha sido inconstitucional las pruebas, que salgan absueltos, que si son condenados sean amnistiados o indultados.

Ortega Smith, en la redacción de El Debate

–Cambiando de tema, ¿qué cree que va a ocurrir en la Comunidad Valenciana? ¿Va a haber acuerdo? ¿Hasta dónde está dispuesto a presionar Vox en las negociaciones?

–Si todos los partidos de la extrema izquierda de Valencia y sus correligionarios en el Congreso están insistiendo en que tiene que haber elecciones, creo que lo correcto sería que no las hubiera, pero para eso tiene que haber un acuerdo, lógicamente. Y vuelvo a la necesidad, que no al deseo. El PP no me parece un partido fiable; es un partido que miente y que no está convencido de prácticamente nada.

Creo que debería lograrse un acuerdo entre Vox y el PP. Y para eso se necesita que las razones del acuerdo sean muy claras, se hagan públicas con negro sobre blanco, con lupa. Lo que ocurra en Valencia, en Extremadura o en Castilla y León puede ser un anticipo de lo que puede ocurrir cuando se convoquen las elecciones generales. Y eso es muy importante para que los españoles sepan de quién se pueden fiar y de quién no.

No hay que negociar sillones, sino políticas. Vamos a ponernos de acuerdo en medidas concretas y con un calendario concreto

Tienen que lograrse acuerdos sustentados sobre posiciones muy claras, muy transparentes y muy concretas, de políticas reales, no de discursos. Calendario de actuaciones: se va a hacer esto, se va a aprobar esta ley, se va a derogar esta otra, se va a aprobar este presupuesto, se va a gastar en esto, en esto no...Y hay una serie de temas en los que tiene que entender el PP que Vox no va a claudicar.

–¿Cómo cree que se combina esa necesidad de llegar a acuerdos y ese afán de entendimiento necesario ahora mismo, dada la suma, que además es lo que piden muchos votantes de centroderecha, con –en pleno ciclo electoral y de cara a las futuras generales– esa diferencia o distanciamiento entre los dos partidos, es decir, que cada uno mantenga su identidad?

–Obvio; aunque algunos malintencionados alguna vez han intentado tergiversarlo, en modo alguno se me ha pasado por la cabeza que exista una fusión entre Vox y el PP, ni siquiera una coalición electoral. Cada partido es muy diferente y defendemos cosas muy distintas en temas capitales. Lo que estoy diciendo es que al final existe una realidad que es incuestionable: que ninguno a día de hoy tiene la mayoría suficiente para gobernar en solitario.

Ante una realidad incuestionable y una amenaza evidente de que vuelva a gobernar Sánchez, hay que hacer de tripas corazón y hay que lograr encontrar aquellos puntos en los que podamos coincidir y que permitan que haya unos gobiernos. No hay que negociar sillones. Lo más importante es negociar políticas.