Elma Saiz
El perfil
Elma Saiz, cuña de la madera de Cerdán y Chivite
Su principal espada de Damocles es explicar cómo su amigo Santos cobraba comisiones por obra pública en Navarra a cascoporro y ni ella ni Chivite se enteraron de nada
Elma Saiz Delgado (Pamplona, 50 años) es hija política de Santos Cerdán. Para ella reservaba el hoy investigado, en el marco de los movimientos que acariciaba en Navarra, la Alcaldía de Pamplona. Así que para promocionarla la designó en noviembre de 2022, de la mano de María Chivite, su otra mentora, portavoz del Gobierno foral. Pero la nueva delegada de Pedro Sánchez en las ruedas de prensa del martes y ministra de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones fue un fracaso como aspirante a regidora de su tierra. La operación del hoy imputado por corrupción política era copiar el modelo de cambiar cromos con los proetarras de Chivite en el Gobierno foral, pero los malos resultados municipales de Saiz y la negativa de Bildu a respaldarla para que la candidata de UPN, Cristina Ibarrola, no fuera alcaldesa, la mandaron a Madrid, donde el exsecretario de Organización de Ferraz le preparó un Ministerio de su amigo Pedro. Fue su premio de consolación, hoy elevado a Portavocía del Gobierno, que es lo mismo que decir portavoz socialista. En el ecosistema sanchista, Ejecutivo y partido son lo mismo.
Saiz ha encajado bien en Moncloa. Como buena sanchista, mintió a los navarros sin recato. En 2023 se comprometió a no dar los votos socialistas al batasuno Joseba Asiron para ser alcalde pamplonés. Eso fue en vísperas de los comicios locales del 28 de mayo. Y añadió en la Cope: «Este alcalde impuso el euskera en las escuelas infantiles o en la plantilla orgánica del Ayuntamiento, hizo ondear la ikurriña en el balcón consistorial el 6 de julio, una bandera que no representa a la Comunidad foral». La seguidora del Sumo Líder mintió (hizo de la necesidad virtud) con oficio, sabedora de que Sánchez ya había sellado con Batasuna la traición a los navarros y a las víctimas de ETA. Resultado: Asiron fue (es) regidor de Pamplona. Gracias a Cerdán, Chivite, Saiz y Sánchez. Los proetarras desalojaron a Ibarrola de la Alcaldía con los votos de los cinco concejales socialistas. Una trola más no importaba. El 2 de agosto de 2019 Chivite ya se había hecho con la presidencia gracias a la abstención de cinco de los siete parlamentarios de Bildu. Era tan descarado el pacto de la ignominia, que los proetarras le prestaron exactamente las abstenciones que necesitaba. Ni una más. Saiz participó con pasión de esa indignidad.
Elma Saiz, ministra de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, junto a Santos Cerdán
Los dos años que ha estado Elma en el Ministerio han sido muy accidentados. En su haber solo se halla haber firmado con sindicatos y patronal la profundización en la reforma de las pensiones que comenzó en 2021. El PP también terminó avalándola en el Congreso. Pero su gestión ha sido errática, y eso que maneja la mayor partida de gasto social (un 12 % del PIB) sin que haya dado ningún paso para arreglar el agujero de las pensiones. Muy al contrario, ha puesto sobre la mesa debates como el de las bajas flexibles y las prácticas no remuneradas, pero sí cotizadas en el sector de la ciencia, que ha encendido polémicas con sindicatos y con el colectivo de los científicos. Su penúltima controversia es querer elevar las cuotas de los autónomos, sobre todo para los que menos ganan. A izquierda y derecha le cayó la del pulpo. Ha parado la reforma a todas luces injusta para los trabajadores por cuenta propia.
La mano en el fuego por Cerdán
Saiz está en plenas negociaciones con el Gobierno vasco para traspasar la Seguridad Social, es decir, para romper la hucha común. Pero su principal espada de Damocles es explicar cómo su amigo Santos cobraba comisiones por obra pública en Navarra a cascoporro y ni ella ni Chivite se enteraron de nada. Es más, ponían las dos manos en el fuego por él hasta que leyeron el informe de la UCO. Toda su carrera se la debe la nueva portavoz al garbanzo negro socialista, pero por lo menos ha conseguido no ser la jefa de la oposición en el Ayuntamiento de Pamplona, el gris destino que le procuraron sus pésimos resultados electorales, y mientras tanto va sumando trienios para cobrar como exministra un 80 % de su sueldo tras dejar el cargo, momento que está próximo. Lo que equivaldrá a percibir 5.294,34 euros al mes durante un máximo de dos años cuando vuelva a Navarra, donde le esperan su marido y dos hijos. Esta experta en fiscalidad formada en la Universidad Pública de Navarra y fundadora de una consultora, antes de dedicarse a la política, tiene por delante dos misiones: polemizar con Vox sobre las políticas de inmigración y replicar la propaganda sanchista en la sede institucional del Consejo de Ministros. Todo, menos volver a Navarra, donde ya le tienen tomada la medida.