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Pedro Sánchez, en la reunión celebrada en el Elíseo el martes

Pedro Sánchez, en la reunión celebrada en el Elíseo el martesEFE

Esquerra siempre está

Sánchez juega la carta de Oriol Junqueras con la legislatura en descomposición

El presidente plantea su reunión de este jueves en la Moncloa no como un fin en sí misma, sino como un instrumento para engrasar las relaciones con ERC, que gozan de una mala salud de hierro

Entre la imagen que protagonizaron Pedro Sánchez y Oriol Junqueras el 22 de mayo de 2019 en la sesión constitutiva del Congreso y la que protagonizarán este jueves en la Moncloa han pasado: una condena del Tribunal Supremo a nueve cabecillas del procés por sedición y malversación -menos al huido Carles Puigdemont-, con penas de prisión de entre nueve y trece años. Un indulto del Gobierno a esos nueve presos, incluido el líder de ERC. Una reforma del Código Penal impulsada por socialistas y republicanos que eliminó el delito de sedición y modificó a la baja el de malversación. Una foto del emisario de Sánchez, el ahora innombrable Santos Cerdán, con el líder de Junts fugado de la Justicia española. Y una ley de amnistía a cambio de la investidura de Sánchez escrita al dictado de los amnistiados, que más tarde avaló el Tribunal Constitucional de Cándido Conde-Pumpido.

Pedro Sánchez, con Oriol Junqueras en el Congreso de los Diputados

Pedro Sánchez, con Oriol Junqueras en el Congreso en mayo de 2019GTRES

Después de todo ello, el presidente del Gobierno abrirá este jueves de par en par las puertas de la Moncloa a un líder político sobre el que sigue pesando una inhabilitación para cargo público hasta 2031. Pero que, a su vez, ha demostrado ser uno de los socios más fiables para Sánchez en esta legislatura, solo por detrás de Arnaldo Otegi. Fiable y necesario, para Sánchez y también para su homólogo catalán, Salvador Illa, que es president gracias a ERC. Y que solo tendrá Presupuestos de 2026 si ERC se los concede, he ahí otra de las claves del encuentro de este jueves.

Sánchez ha planteado esta reunión no como un fin en sí misma, sino como un instrumento para engrasar las relaciones con ERC

A pesar de su evidente simbolismo, y de ser un encuentro largamente reclamado por Junqueras, la Moncloa ha planteado esta reunión no como un fin en sí misma, sino como un instrumento para engrasar las relaciones con Esquerra, sin grandes anuncios ni acuerdos. Estas relaciones gozan de una mala salud de hierro, por contradictorio que parezca. Por un lado, están deterioradas por los incumplimientos y retrasos del presidente en los compromisos adquiridos con ERC en Madrid y Barcelona; pero, por el otro, ERC jamás dejará caer al Gobierno de Sánchez, en lo que de él dependa. Ya lo afirmó Junqueras el domingo en una entrevista en El Periódico de Catalunya: «La alternativa es el PP y Vox. No parece la mejor. Ahora bien, el PSOE tiene que decidir si quiere hacer todo lo posible para seguir gobernando o no».

Ese «todo lo posible» pasa a juicio de ERC, antes que nada, por cerrar de una vez por todas la nueva financiación privilegiada para Cataluña. El portavoz de la formación, Isaac Albert, puso ayer muy altas expectativas al anunciar que el acuerdo se cerrará esta semana, que supondrá cerca de 5.000 millones de euros más para las arcas de la Generalitat y que respetará la ordinalidad, sin salir del régimen común autonómico.

Sin embargo, el Ejecutivo rebajó ese listón al aclarar que del encuentro de mañana no saldrá el nuevo modelo de financiación, porque será la vicepresidenta María Jesús Montero quien se lo presente a todas las comunidades (difícilmente antes de febrero), según las mismas fuentes. Tampoco un acuerdo para los presupuestos generales ni para los catalanes.

El encuentro, según las mismas fuentes, es para evaluar el pacto firmado al comienzo de la legislatura, en el marco del «proyecto en común» que el Gobierno dice tener con Esquerra. En otras palabras: Sánchez quiere asegurarse la fidelidad de Junqueras, en un contexto de descomposición de la legislatura y de enfrentamiento total entre ERC y Junts. En las últimas horas, el partido de Puigdemont ha amenazado incluso con vetar la nueva financiación para Cataluña si no es un cupo catalán o se le parece mucho. Y bajo esa presión acude a la Moncloa Junqueras, que también quiere avances en la Hacienda catalana propia (para gestionar el IRPF) y la condonación parcial de la deuda contraída con el Fondo de Liquidez Autonómico. A este último respecto, el Consejo de Ministros aprobó a principios de diciembre el proyecto ley orgánica para esa quita de 83.252 millones de euros a las comunidades del régimen común.

La mala noticia para Sánchez es que, por mucho que saque brillo a la relación con ERC, su problema sigue siendo Junts, que empieza el año como terminó el anterior: con la legislatura bloqueada y teniendo capacidad para tumbar cualquier iniciativa del Gobierno, más aún después de la suspensión del voto de José Luis Ábalos. A la reunión con Junqueras no le seguirá otra con Puigdemont en el corto plazo, porque Junts no cree que sea el momento. «Partido a partido», dicen y se dicen en la Moncloa.

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