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Juan Lobato: «Fue una cosa de segundos decidir ir al notario»

Entrevista | Exsecretario general del PSOE-M

Juan Lobato: «Fue una cosa de segundos decidir ir al notario»

Hay mochilas que son una carga y otras que te dan la tranquilidad de actuar con transparencia y honestidad, «sale instintivamente», como le ocurrió a Juan Lobato el día que Pilar Sánchez Acera, asesora de Moncloa, le envió una carta sobre Alberto González Amador, novio de Isabel Díaz Ayuso, y su pacto con la Fiscalía.

«¿Cómo tenemos esto?», fue su primera pregunta. «Porque llega», le respondió la entonces jefa de Gabinete de Óscar López. Y le insistió que hiciera uso del documento en la Asamblea de Madrid: «Sácasela en la pregunta. Un quién miente señora Ayuso, ¿usted o su novio? Parece que usted». Lobato no cejó: «¿Pero se ha publicado en algún sitio esta carta? No tiene fecha», escribió para después insistir: «¿La carta cómo la tenemos? ¿Se ha publicado en algún sitio?». Sus dudas le llevaron en «cosa de segundos» a ir al notario, consciente de que no quería que pareciera que el documento se lo había «dado la Fiscalía».

Abogado de formación, técnico de la Agencia Tributaria, con tan solo 19 años logró el acta de concejal socialista de Soto del Real, localidad de la sierra madrileña más conocida por los inquilinos de su prisión, como José Luis Ábalos, mano derecha de Pedro Sánchez hasta que se convirtió en un «gran desconocido». En 2019, consiguió la alcaldía por mayoría absoluta, y de ahí luchó por ser el líder de la Federación socialista madrileña. Cuando transcendió su visita al notario, presentó su dimisión como líder del PSOE de Madrid «para poner freno a una situación de enfrentamiento y división grave».

–¿Cómo se sobrevive cuando han entregado tu cabeza como San Juan Bautista en una bandeja?

–Son etapas de la vida. En una tienes unas responsabilidades, un proyecto muy claro, y en otra tienes otro papel y aportas de otra manera. Ya vendrá otra etapa en la vida para estar con otro papel, con más o menos protagonismo. Es verdad que hubo mucha exposición y fue un proceso muy intenso, pero he podido estar con mis tres hijos disfrutando mucho más tiempo y este año no me lo quita nadie.

–¿Todo vale para derribar a un adversario político?

—Por supuesto que no. Hay valores en el ejercicio del poder que son la democracia, la transparencia, la honestidad, y hay gente que aplica esos valores y otros que no. Y dicen: Como todos son tan macarras e insultantes, solo se puede hacer así. Eso es mentira. En política, no vale todo.

–Usted sorteó el delito de revelación de secretos al no sacar el documento que le pasó Pilar Sánchez Acera. ¿Cómo decidió ir al notario?

—Hay una parte de mochila profesional. Fue una cosa de segundos. Es como si entra un bombero a una sala de cine y ve las puertas de emergencias atadas con cadenas y que el extintor está roto, su cerebro inmediatamente dice: Esto está mal. Sale instintivamente. Me pasó en ese momento lo mismo. Esto no sé de dónde habrá salido. Lo pregunté tres veces. Es un defecto, en este caso, una ventaja profesional. Mucha gente me ha dicho: Yo lo hubiera sacado y no hubiera caído en esa reflexión. Acredité que lo que hice ha estado bien y que nunca lo utilicé.

No todo vale para derribar a un adversario político

–¿No da mucha confianza que se tenga que proteger uno de su propio partido?

—No es del propio partido, es de la realidad de los hechos, porque podía tener un origen lícito. Al final, por cómo me llegó, no se ha producido la revelación de secretos, sino por la nota de prensa. Según la sentencia, no se consideró.

–¿Cómo ve que se intente amnistiar al ex fiscal general del Estado?

–La sentencia del Supremo al fiscal general de Estado le condena a inhabilitación, pero solo para una función muy concreta, que es ser fiscal general del Estado. La propia sentencia le reconoce a través de ese fallo el desarrollo de su carrera fiscal. De hecho, en varias ocasiones se habla de su valía, de su gran trayectoria como fiscal; es decir, tiene su capacidad para seguir desarrollando su tarea como fiscal perfectamente avalada por el Supremo.

–¿Parece que la ley no es igual si eres socialista o uno de sus socios como se ha visto con la revisión de la condena de los ERE o la amnistía?

–Respeto tanto las sentencias del Supremo, que tienen un tono y una decisión, como la sentencia del Constitucional, que puede tener otro. Porque si vamos a ir a un punto en el que a unos los respetamos y a otros no, sería un problema. Hay que generar confianza en el sistema. Y tanto el Supremo como el Constitucional tienen que hacer su trabajo y nosotros respetarlo.