Pedro Sánchez, en la Comisión Ejecutiva Federal de su partido
Foco de tensiones
El declive de la extrema izquierda se convierte en un peligro para el Gobierno
El desastre de Sumar y de Podemos en los comicios del domingo va a tener efectos colaterales en la estabilidad del Ejecutivo. La primera prueba será el «escudo social» del viernes
El destino les deparaba una broma macabra. Tenía que ser precisamente un 15-M el día en que las urnas de Castilla y León levantaran acta del hundimiento de la extrema izquierda. Apenas 27.600 votos para IU-Sumar-Equo, el 2,2 %, y 9.225 para Podemos, el 0,7 %. Ni siquiera yendo en una candidatura conjunta habrían obtenido representación en el Parlamento castellano y leonés, en el que los morados llegaron a tener diez procuradores. Pero les habría ido mejor. Cómo será que incluso Pablo Iglesias, hasta ahora principal detractor de una lista conjunta, este lunes suavizó su postura: «Yo creo que no es sencillo, pero quiero ser optimista, creo que todo el mundo tiene claro lo que toca hacer», afirmó. Los morados reconocen haber abierto un periodo de «reflexión» de cara a las elecciones andaluzas y a las generales.
Los socialistas saben que el declive de la izquierda a su izquierda tiene más inconvenientes que ventajas para ellos. De hecho, la única ventaja es que el domingo la apelación al voto útil les funcionó, a costa de fagocitar en parte el voto de Sumar y de Podemos. Pero incluso eso tiene una cara negativa: en España desde hace años la política es de bloques, no de partidos. Y a Sánchez los números sin la extrema izquierda no le dan. Los necesita, de la misma manera que el PP necesita a Vox.
En cualquier caso, apagados los focos de las elecciones en Castilla y León, toca volver al día a día. Y ya nada será igual. El desastre de Sumar y de Podemos en los comicios del domingo va a tener efectos colaterales en la estabilidad del Gobierno de Pedro Sánchez, para el que a estas alturas de la legislatura todo son pulgas. Sumar necesita distanciarse del PSOE si quiere recuperar algo de espacio propio y no seguir siendo visto como una sucursal del PSOE. Podemos endurecerá más su tono y encarecerá más sus cuatro diputados, que es su reacción habitual cada vez que las urnas le dan la espalda. E incluso no dándosela.
Los ministros y dirigentes de Sumar reconocieron este lunes abiertamente la catástrofe. Intramuros, la reflexión va en una doble dirección: necesitan candidaturas pegadas al terreno (modelo Chunta Aragonesista en Aragón, que no quiso ir con ellos a pesar de compartir grupo en el Congreso) y necesitan una voz propia y reconocible dentro del Gobierno, más ahora que Yolanda Díaz está de salida. Tan de salida que el domingo de elecciones estaba en la alfombra roja de los Oscars. Y el día de febrero en que Movimiento Sumar, Izquierda Unida, Más Madrid y los Comunes renovaron su alianza, en un concierto de Amaral en La Coruña.
Lo primero que hará Sumar es presionar lo posible para que el nuevo «escudo social» que el Gobierno aprobará este viernes en un Consejo de Ministros extraordinario incluya: la moratoria de la prohibición de desahuciar a colectivos vulnerables, después de que el Congreso la derogara dos veces en un mes por «favorecer la inquiokupación» —según el PP, Vox y Junts—, la congelación de los alquileres que van venciendo y topar los márgenes de las grandes cadenas de supermercados. Tres medidas a las que el PSOE se resiste, y que de hecho han enfrentado a Yolanda Díaz y al ministro de Economía, Carlos Cuerpo.
Los socialistas aducen que incluirlas en el real decreto ley sería condenar la norma a una muerte segura cuando el Gobierno la lleve al Congreso para su convalidación, dentro de un mes. Porque Junts la tumbaría. Pero Sumar necesita un balón de oxígeno urgentemente, y si Sánchez no se lo da, las tensiones internas aumentarán. En Sumar ya hay una corriente que viene apostando por salirse del Gobierno antes de que sea demasiado tarde y Sánchez los arrase. No obstante, evidentemente, los que tienen cartera de ministro no son de esa opinión.
El ministro Pablo Bustinduy
El titular de Derechos Sociales, Pablo Bustinduy, que es quien suena con más fuerza para sustituir a Yolanda Díaz como candidato, se limitó a decir ayer que el resultado de Castilla y León debe empujar a un «proceso de reflexión» para articular un proyecto que sea «capaz de sintonizar con las demandas y las necesidades del electorado progresista». Como si Sumar no llevara cogobernando con el PSOE toda la legislatura, como lo hizo Unidas Podemos la pasada. Sumar reunirá el sábado a su máximo órgano de dirección para abordar los próximos pasos.
Por lo que se refiere a Podemos, no es que los morados vinieran poniéndoles las cosas fáciles al PSOE. Aunque en las últimas semanas habían limado asperezas: Sánchez pactó con los de Ione Belarra la regularización masiva de más de medio millón de inmigrantes para que, a su vez, estos desbloquearan la tramitación de la delegación de competencias en materia de inmigración a Cataluña, prometida a Junts. Podemos, que en el pasado apodó a Sánchez «señor de la guerra» por su plan de rearme milmillonario, recientemente alabó su postura ante Donald Trump. Y luego volvió a criticar que el Consejo de Ministros del pasado martes aprobara una transferencia de crédito de 1.339 millones de euros al Ministerio de Defensa.
Para Podemos es mucho más fácil adoptar posiciones maximalistas frente al PSOE que para Sumar. De hecho, este lunes su portavoz pidió que el escudo social incluya: bajar el precio del alquiler, prohibir el corte de suministros, nacionalizar Repsol, controles de precio de los alimentos y crear un supermercado público.
De momento, a ver cómo Sánchez se sobrepone a las primeras turbulencias y resuelve el real decreto ley del viernes.