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Ilustración de un censo electoral a la carta por SánchezEl Debate

Sánchez transforma el censo en una reconstrucción estadística sin verificación directa en los hogares

  • El Gobierno introdujo un cambio de paradigma en 2021 y 2023 que impacta directamente en los procesos electorales. España ya no se cuenta, se calcula

  • Una transformación silenciosa del timbre al algoritmo iniciada por Zapatero en 2011 que, unida a la identificación digital sin verificación real, puede suponer un cóctel explosivo

Primero fue José Luis Rodríguez Zapatero y después Pedro Sánchez. El cambio metodológico y de paradigma del censo hoy es radical: España ya no se cuenta, se calcula. Lo que durante décadas fue una operación casi física llamando a cada puerta para saber quién vivía realmente en el país, ha sido sustituido por un sistema invisible que combina bases de datos, cruces automáticos y correcciones estadísticas. El resultado es que hemos pasado del timbre al algoritmo. Y la fina línea entre la verdad contrastada y la estimación estadística puede cambiarlo todo.

Esta transformación radical ha sido paulatina y progresiva y está marcada a fuego con tres fechas clave: 2011, 2021 y 2023.

2011: El principio del fin del recuento

Hasta 2011 el censo era una fotocopia directa del país. Una radiografía puerta a puerta. José Luis Rodríguez Zapatero dio un primer giro. Ese año el Estado dejó de preguntar a todos. Se abandonó la enumeración exhaustiva completa cada diez años que venía haciéndose desde el siglo XIX. Se introdujeron registros administrativos (padrón) y se complementó con encuestas por muestreo.

El propio INE lo explicó entonces:

«Tradicionalmente, los Censos de Población y Viviendas han requerido la visita exhaustiva de todos los hogares para realizar el recuento de la población. Por eso, la diferencia más destacable de los censos de 2011 con los anteriores es que, en esta ocasión, bastará con recoger la información de una muestra de aproximadamente un 12 % de la población (unos 5,7 millones de personas, tres millones de viviendas, repartidos por toda la geografía nacional), ya que se aprovechará la información disponible en el Padrón y otros registros».

El nuevo sistema híbrido de Zapatero combinaba información administrativa con trabajo de campo. Se vendió como más eficiente y barato. Pero dejó de ser tan directo. Por primera vez, España empezó a estimar parte de su población en lugar de contarla íntegramente.

Fue el fin de la radiografía física del país, timbre a timbre.

2021: el Estado deja de preguntar

El siguiente cambio es mucho más profundo. En el Censo de 2021, el INE elimina completamente las encuestas a hogares. Nadie llama y nadie pregunta. El censo se construye exclusivamente a partir de registros administrativos: el padrón municipal, el registro civil y otras bases de datos públicas.

Por primera vez, la población ya no es verificada «físicamente» y pasa a ser inferida. Pedro Sánchez introduce una mutación radical: ya no se comprueba quién vive en España, sino que se deduce.

Conviene remarcarlo: esta alteración metodológica supone una modificación técnica radical porque el dato deja de tener verificación directa en la realidad física.

Hasta 2021, el INE sumaba y restaba: nacimientos, muertes, migraciones y nacionalizaciones. Y hacía estimación directa calculada con flujos. El problema era su gran dependencia de la calidad de cada flujo, especialmente migraciones y nacionalizaciones.

Sánchez: primer cambio de paradigma

De nuevo es el propio INE quien explica las claves: «A partir de la publicación de los Censos de Población y Viviendas 2021, se produce un cambio de paradigma en las estadísticas demográficas, puesto que la metodología empleada en el censo de 2021, basada por primera vez en la explotación de registros administrativos, permite reproducir cada año el proceso para obtener la información censal.

El censo deja de ser una publicación decenal, como ha venido ocurriendo ininterrumpidamente desde 1857, basada en la información recopilada mediante entrevistas a los hogares, y se inaugura un nuevo sistema censal basado en fuentes administrativas que permite disponer de censos de población cada año y de censos de viviendas, previsiblemente, cada tres o cuatro años.

La operación «Censo anual de población» se publica a finales de cada año y ofrece información muy detallada en el territorio, hasta el nivel de sección censal, de las principales características demográficas de la población residente a 1 de enero de ese mismo año. Posteriormente, en el segundo trimestre del año siguiente, se incorpora el resto de información censal (educativa, laboral, migratoria...)».

2023: La puntilla: la construcción estadística permanente

El verdadero punto de no retorno llega a partir de 2023. El INE da una vuelta de tuerca más y sustituye el sistema de Cifras de Población por un modelo completamente distinto: censos anuales y estadísticas de población.

El nuevo sistema se basa en registros administrativos, cruces de datos, ajustes estadísticos e imputaciones. El propio INE lo define de nuevo como «cambio de paradigma». Y lo es. Hasta tal punto que deja de ser una suma de hechos más o menos contrastables observables para convertirse en una construcción estadística permanente.

​El ataque de los clones

Con la metodología introducida por el Ejecutivo, las alertas clásicas del censo dejan de saltar: el control ya no descansa en hechos verificables, sino en un sistema puramente estadístico. Y eso abre dos preguntas inquietantes: ¿puede inflarse el censo con personas ficticias? ¿Pueden aplicaciones como miDNI o miDGT darles apariencia de identidad real sin verificación efectiva?

No es una hipótesis de ficción. Es el escenario del ataque de los clones aplicado al censo español.

Ya no hablamos solo de muertos que siguen figurando en los registros o de suplantar abstencionistas. El salto es otro: ni siquiera haría falta suplantar a nadie. Bastaría con crear identidades a medida en un sistema donde se han debilitado los controles de verificación con personas físicas.