Mapa de la seguridad en el voto en los países de la Unión Europea
Europa no vota con el móvil
Mientras Estonia blinda la tecnología para la identidad digital en el voto España la elimina en las urnas
Europa opta por la prudencia en materia electoral: el voto sigue anclado en el documento físico o, en su caso, blindado con sistemas digitales de alta seguridad. Donde ha avanzado hacia lo digital, ha blindado el sistema con autenticación fuerte, firma electrónica y verificación independiente. Sin embargo, España ha abierto una vía inédita: aceptar la identidad digital en las urnas sin exigir verificación tecnológica en tiempo real.
En la Unión Europea conviven tres modelos en las urnas: el mayoritario es la identificación con documento físico mediante identificación presencial y sin identificación digital. Francia, Italia y Portugal son sus máximos exponentes. Alemania y Suecia encabezan un modelo flexible basado en la alta confianza institucional donde el documento no siempre es exigido. El único país que ha adoptado el voto digital es Estonia donde el elector puede votar digitalmente autenticando su identificación digital con firma electrónica y verificación independiente.
La petición del Gobierno de Pedro Sánchez a la Junta Electoral Central para que valide el uso del DNI digital solo con mostrar la aplicación en el móvil no tiene precedentes en Europa ni en el mundo occidental.
Alentar que no se exija la verificación en tiempo real, lectura de código QR y autenticación contra sistemas oficiales supone un cambio sustancial respecto al estándar europeo de seguridad, donde la digitalización –cuando existe– va siempre acompañada de mecanismos de comprobación robustos.
España, fuera de la órbita garantista europea
La línea trazada en Europa es clara: o documento físico o identidad digital con verificación fuerte. El modelo aprobado en España desde 2023 por iniciativa del Ejecutivo sin debate público ni control real abre una brecha de seguridad en el sistema electoral sin precedentes en las democracias europeas y occidentales.
Sin certeza sobre quién vota, el sistema pierde su pilar básico: un ciudadano, un voto. El continente que ha construido la mayor democracia supranacional integrada sigue siendo analógico para votar. Solo Estonia, la democracia más digitalizada del mundo, ha desarrollado el voto digital blindándolo con garantías de autenticación reforzadas.
La anomalía introducida por el Gobierno de España al implantar la identidad digital en las urnas sin trazabilidad y sin exigir el mismo nivel de comprobación que sí reclama el propio Estado en otros ámbitos críticos sitúa al país fuera de la órbita garantista en el seno de los 27 países de la UE.