Fundado en 1910

Anuncio del «cese definitivo de la actividad armada» de ETA, el 20 de octubre de 2011

Los grandes nombres de ETA que han salido de prisión: de jefes militares a autores de asesinatos

Pese a que el fondo de la cuestión es siempre el mismo, con las cárceles vaciándose de quienes fuesen miembros de la banda terrorista, la forma cambia mucho

Desde que en 2021 el Gobierno vasco asumió las competencias penitenciarias, el deseo de Arnaldo Otegi de intercambiar los Presupuestos Generales del Estado por la salida de los etarras de las cárceles se está haciendo realidad, al menos en lo que a ellos respecta. En estos últimos meses, por si fuese poco, la excarcelación ha cogido velocidad y, prácticamente cada semana, corren ríos de tinta sobre el último etarra que ha salido de prisión, la manera en que lo ha hecho y el historial de sangre que carga a sus espaldas.

Pese a que el fondo de la cuestión es siempre el mismo, con las cárceles vaciándose de quienes fuesen miembros de la banda terrorista, la forma cambia mucho. Por ejemplo, se puede ver al Gobierno vasco otorgar terceros grados penitenciarios, usar la vía del artículo 100.2 del Reglamento Penitenciario –una manera de acelerar las excarcelaciones cuando no se dan las condiciones para el tercer grado– o incluso aprovechando reformas legales del Gobierno, como la que permite el reconocimiento mutuo de resoluciones penales en otros países de la Unión Europea.

Sea como fuere, la salida de etarras es un hecho. Entre los casos más simbólicos destaca el de Garikoitz Aspiazu Rubina, alias Txeroki, quien fuese considerado durante años jefe militar de ETA y que accedió al régimen de semilibertad mediante el artículo 100.2.

También en este nivel de responsabilidad se sitúa María Soledad Iparragirre, alias Anboto, otra histórica dirigente de la organización. Su caso, sin embargo, se ha topado con un obstáculo, y es que un juez revocó su semilibertad y la devolvió a prisión afirmando que no se daban las condiciones necesarias para su salida.

Otro nombre clave es Julen Atxurra Egurrola, alias Pototo, antiguo jefe del aparato logístico y que, a diferencia de los anteriores, su salida no se produjo por progresión de grado, sino por la aplicación de la reforma legal de 2024 que permite descontar el tiempo de prisión cumplido en Francia. Esto adelantó de forma drástica su excarcelación, inicialmente prevista muchos años después.

En un segundo nivel aparecen miembros de comandos responsables directos de asesinatos. Uno de los casos más relevantes es el de Jon Bienzobas Arretxe, autor del asesinato del expresidente del Tribunal Constitucional Francisco Tomás y Valiente. En su caso, su acceso al tercer grado le permite desarrollar la mayor parte de su vida fuera de prisión, bajo control penitenciario.

A este grupo se suma Juan Carlos Iglesias Chouza, alias Gadafi, condenado por múltiples atentados, entre ellos el asesinato del niño Fabio Moreno, y a quien esta misma semana el Gobierno vasco volvió a otorgar el tercer grado, una medida que ya habían realizado el año pasado pero que se topó con el freno de un juez, que no vio las condiciones necesarias para ello por la gravedad de los delitos cometidos.

También en este apartado figura Asier Arzalluz Goñi, condenado por varios asesinatos, incluido el del periodista José Luis López de Lacalle. Su evolución hacia regímenes de semilibertad refleja la tendencia general en la política penitenciaria aplicada a estos internos.

Por otro lado, además de Pototo, otros etarras se han aprovechado de la reforma legal de 2024, como es el caso de Jon Mirena San Pedro, Balbino Sáenz Olarra y José María Dorronsoro. Este mecanismo podría extenderse a más internos en los próximos meses, dado que decenas de presos de ETA cumplieron parte de sus condenas en Francia antes de ser juzgados en España. El denominador común de todos los casos es claro, y es que en las prisiones vascas cada vez quedan menos etarras.