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De lunes a lunesFrancisco Rosell

Sánchez, el auténtico insomnio de un ochenio ominoso

La moción de censura de 2018 no fue ninguna iniciativa destinada a la regeneración usando la palanca de la fraudulenta manipulación del testimonio del entonces presidente Rajoy en un juicio sobre la Gürtel del PP, sino a degenerar por entero el sistema y derruir el régimen constitucional

El secretario general del PSOE y presidente del Gobierno, Pedro SánchezEuropa Press

Al cumplirse este mes de junio ocho años de la moción de censura Frankenstein que introdujo por la gatera de La Moncloa a un aspirante con el peor bagaje electoral de la historia del PSOE y al coincidir este aniversario de tan ominoso ochenio con una explosión de corrupción nunca vista al entrañar un asalto al Estado de derecho y al orden democrático, ya se albergan pocas dudas de que la razón última de aquel golpe parlamentario que, en un primer conato, sofocaron los barones socialistas en el comité federal en el que Pedro Sánchez fue descabalgado de la secretaría general tras urdir un pucherazo entre bambalinas. No fue ninguna iniciativa destinada a la regeneración usando la palanca de la fraudulenta manipulación del testimonio del entonces presidente Rajoy en un juicio sobre la Gürtel del PP, sino a degenerar por entero el sistema y derruir el régimen constitucional.

Al cabo del tiempo, se ha comprobado que el auténtico causante de aquel insomnio que atormentaba al doncel de sauna era él, no Pablo Iglesias, como habitúa proyectó en otros lo que él ambicionaba hasta que la sociedad ha aceptado, aunque fuera a regañadientes, lo que rechazaba de plano. Mediante la táctica del salami, esto es, engullendo loncha a loncha, ha hecho tragar con todo a los suyos. Es una técnica tan ancestral que hasta Abraham la utilizó en cierta manera con Dios para que se apiadara de Sodoma.

Como relata el «Génesis», imploró la gracia divina para que la ciudad de los pecados no fuera devastada si surgían 50 habitantes justos; luego logró reducirlos a 45, a continuación a 40 y así sucesivamente hasta rebajarlos a 10. Pero su esfuerzo resultó baldío al hallar sólo al probo Lot sin la compañía de su mujer transfigurada en estatua de sal por desobedecer el mandato de no echar la mirada atrás para observar cómo la urbe ardía bajo las llamas de la cólera divina. Bajo esos mismos parámetros, en la Sodoma española de la destrucción institucional y la descomposición sistémica, corresponde inquirir si existe media docena de diputados socialistas o de sus socios con integridad y decencia bastantes como para frenar una corrosión democrática que, al fungir de modo silente, sólo despertará a muchos del sueño de los justos cuando les aplaste.

A modo de «idus de mayo», valga la metáfora, no deja de ser sintomático que, en el primer Día de las Fuerzas Armadas al que acudía este sábado la Princesa Leonor, se cayera la bandera nacional al ser izada y la fuerza aérea no pudiera proyectar sus colores en un cielo de Vigo entoldado por la niebla en una aciaga solemnidad de la que se ausentó nuevamente un presidente «tiktoker» que no puede salir a la puerta de la calle salvo encapsulado o con muchos nudos de Falcon de por medio.

Un bifronte Sánchez se bunkeriza cogiendo como rehenes a su partido y a la ciudadanía

A veces, se confunde la falta de escrúpulos de Sánchez con la posesión de esa suerte providencial que los árabes llaman «baraka», pero lo cierto es que la Legión ha dado en el clavo al bautizar así al borrego macho que desfiló en Vigo al ritmo acelerado de 160 pasos por minuto del cuerpo. No en vano, la «baraka» del presidente estriba en la obediencia lanar de su partido, de sus aliados y sus votantes para ver lo que quieren. Es el caldo de cultivo de los gobiernos despóticos que, al mandar sin límite ni control, proveen la podredumbre más absoluta.

Con sus dos secretarios de Organización imputados, con su hermano y su cónyuge sentados en el banquillo o camino del mismo, con él situado como jefe de una cuadrilla de bandoleros políticos y como One de una cloaca mafiosa conformada para desarrollar la guerra sucia contra jueces, fiscales y Fuerzas de Orden Público, amén de los medios de comunicación que destapan sus vergüenzas, un bifronte Sánchez se bunkeriza cogiendo como rehenes a su partido y a la ciudadanía. Evoca las horas terminales de Hitler en el búnker berlinés de la Cancillería del Tercer Reich que Oliver Hirschbiegel retrata magistralmente en su película El hundimiento.

En aquel refugio, donde se respira un clima asfixiante y claustrofóbico, todos son conscientes de que la suerte está echada. Pero el Führer rehúsa a capitular impartiendo instrucciones de contraataque a divisiones ya inexistentes. Como la realidad no concuerda con sus fantasías paranoicas, Hitler reniega del pueblo alemán hasta hacerle merecedor incluso de su aniquilación.

Tras el auto del juez Pedraz que le señala como cabeza de un complot contra el Estado de Derecho para tapar sus agios familiares y de partido, Sánchez pide tiempo a sus socios como un púgil noqueado a la espera de que el verano del Mundial de futbol, con la gente pendiente del balón, le faculte una contraofensiva como en los cinco días de abril de 2024 que se tomó para ganar resuello tras la imputación de su consorte. Entretanto, adapta para la ocasión El hombre que fue jueves, de Chesterton, donde los supuestos debeladores de un complot son los supuestos confabuladores. Claro que, andando de por medio Óscar Puente, el gran descarrilador de trenes, nula credibilidad puede tener el bodrio.

España se precipita demorada y parsimoniosamente al fondo sin levantar olas que produzcan reacción

Pero es el papel que le toca desempeñar desde que, con su rostro atrevido y su lengua de serpiente, su «Puto amo» Sánchez delegó en él, por primera vez en democracia en un acto de esa trascendencia, que fuera su Pitt Bull contra Alberto Núñez Feijóo en la investidura fallida del líder del PP tras ganar los comicios de 2023. Ello le permite medrar como ministro importándole un bledo catástrofes como la de Adamuz o si los trenes no tienen hora de salida ni de llegada.

No obstante, esos movimientos circenses ayudan a que los suyos –sean militantes o electores– se instalen en la mentira y sus socios le compren la mercancía. Al fin y al cabo, estos son como los malos médicos que viven de la enfermedad de sus pacientes, no de sus remedios, mientras España se precipita demorada y parsimoniosamente al fondo sin levantar olas que produzcan reacción. Ello agrada sobremanera a unos socios que, poniéndose muy ceremoniosos, elevan farisaicamente el tono para trasladar sus quejas aseverando que esto no puede seguir así. De esta guisa, persiguen salvar su negra honrilla bien de cara a un improbable anticipo de elecciones generales, bien ante una campaña municipal en la que pueden pasarles factura su colaboracionismo con un Ejecutivo putrefacto.

En suma, como esos bailarines de minué que, tras mucha inclinación y exhibición, pero sin dar un paso hacia una moción de censura, sino para extender la mano para cobrar nuevos peajes. Por eso, ni PNV, que siempre está a setas y a Rolex sin dicotomías de ningún tipo, a diferencia del popular chiste vasco, ni Junts se menearán para hacer efectiva esa anticipación de elecciones generales que cacarean y que Sánchez procura extralimitar para ver si atrapa su cisne negro.

Como muestra de la antipolítica a la que ha conducido este ochenio sanchista, bastó que Jordi Pujol, como líder de CiU, le comunicara a Felipe González que no tendría el voto de sus diputados para los Presupuestos de 1996 para que éste decretara el adelanto de las urnas. Por el contrario, sin ganar los comicios y sin cuentas públicas toda la legislatura, Sánchez se hace el machito atornillado al sillón. Haciendo todo lo contrario de la moción que presentó su edecán Ábalos –hoy a la espera de fallo del Tribunal Supremo–, Don «no me consta», quien no sabía lo que hacía su mano derecha ni tampoco su izquierda, al igual que su señora y su hermano, enclaustra la democracia española y la trasfigura en un adefesio al emplearla cual burladero de su impunidad.