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Atentado del GRAPO en 1979 en la cafetería California 47

Atentado del GRAPO en 1979 en la cafetería California 47 de Madrid.Europa Press

El GRAPO se financió con 19 millones de euros y recaudó más que ETA por militante activo

El catedrático Mikel Buesa acaba de publicar un estudio exhaustivo sobre la banda terrorista

El catedrático emérito de Economía Aplicada de la Universidad Complutense Mikel Buesa ha publicado un documento de 41 páginas en el que revela datos como que el grupo terrorista GRAPO se financió con 19 millones de euros y que su recaudación por militante activo fue superior a la de la banda terrorista ETA.

Como recuerda Buesa en su documento, que puede leerse íntegro en este enlace, el GRAPO fue una organización terrorista vinculada al Partido Comunista de España, uno de los múltiples grupos pro chinos que proliferaron en nuestro país a partir de la década de 1960. Fue una banda armada con muy pocos militantes. Sin embargo, logró desplegar una campaña terrorista que duró más de tres décadas.

El GRAPO contó con unos trescientos militantes cuya permanencia, antes de su detención, duró 3,9 años de promedio. La banda fue responsable de 436 acciones armadas, mató a 95 personas e hirió a 134. Tuvo 42 bajas en acción (26 muertos y 16 heridos). Obtuvo recursos por valor de 19 millones de euros para financiarse y sus militantes cumplieron condenas de prisión por un promedio de 16,7 años.

Sus militantes permanecieron en prisión una media de 16,7 años

La banda inició sus acciones terroristas en agosto de 1975. Atacó en Madrid a dos guardias civiles, uno de los cuales murió asesinado: Casimiro Sánchez García. A partir de ahí, desencadenó una campaña en la que, tras al menos 436 incidentes armados, el GRAPO extendió su violencia hasta el año 2007. «Como señala Ladrón de Guevara Pascual, esta campaña se caracterizó por su intencionalidad de dañar policías, guardias civiles y vigilantes jurados, principalmente, a fin de lograr un impacto propagandístico relevante, y por su ensañamiento y brutalidad», indica Buesa en su documento. La campaña incluyó una variedad de acciones, como atentados contra personas, instalaciones empresariales y organizamos oficiales, secuestros, robos, atracos y asaltos a furgones blindados.

Hubo tres momentos álgidos en cuanto al número de incidentes: la etapa inicial, con un máximo en 1976 y otro menor en 1979 -el año más sangriento de la organización terrorista, con atentados como el de la cafetería California 47 de Madrid-; la primera década de los ochenta, con su punto más álgido en 1984 tras la ruptura un año de una negociación con el Gobierno para cesar la actividad armada; y 1996, también como prólogo de otra negociación fallida.

La mayoría de sus acciones terroristas fueron atentados con explosivos contra cuarteles de la Guardia Civil y comisarías, infraestructuras y repetidores de TV y radio, oficinas públicas, instalaciones empresariales, entidades patronales, partidos políticos y medios de comunicación. Los atentados conllevaron, en general, un riesgo bajo para quienes los perpetraban.

Atracos para obtener 19 millones de euros

El GRAPO acometió 122 acciones armadas para obtener recursos económicos. A veces estas acciones iban acompañadas del uso de explosivos, sobre todo en el caso de los ataques a furgones blindados. «La tasa de éxito fue relativamente alta, y se logró obtener dinero y pertrechos por valor de casi 19 millones de euros, equivalentes a un promedio de 572.727 euros por cada año de la campaña, o también a 19.414 euros por cada militante activo a lo largo de ella», indica Buesa en su informe. «Esta última cuantía resulta muy próxima a la de 18.013 euros que, por igual procedimiento de cálculo, se desprende de nuestro estudio sobre la financiación de ETA», añade.

Además, en el año base de la estimación (2010), según la Encuesta de Estructura Salarial elaborada por el Instituto Nacional de Estadística (INE), el salario modal bruto fue de 16.849 euros al año. «Por lo tanto, los recursos disponibles en el GRAPO por cada militante activo superaron en un 18 % el salario más frecuente dentro del mercado de trabajo español. En consecuencia, no parece que pueda atribuirse a los GRAPO una situación de penuria económica que impidiera la profesionalización de sus activistas, como a veces se sugiere. A la luz de estos datos comparativos, más bien parece que su magro crecimiento y su larga decadencia haya que relacionarlos con el poco atractivo de su programa político, paralelo a su escasa capacidad de movilización», añade el catedrático.

El grupo militante del que acabarían derivándose los GRAPO se mantuvo en una situación muy precaria. La Organización de Marxistas-Leninistas de España (OMLE), poco tiempo después de reunión fundacional, entró en contacto con la embajada de China en París para obtener libros y folletos con los que realizar tareas de propaganda, y también ayuda económica. La cuantía se desconoce, «aunque no debió de ser abundante y duró poco», señala Buesa, citando a Pío Moa.

Recurrieron a cuotas de sus miembros, que no dieron para mucho (200-500 pesetas), y emprendieron las 122 acciones terroristas para obtener recursos: 62 atracos a bancos; 15 robos de armas, explosivos y otros suministros; 14 secuestros instrumentales; 13 atracos a furgones blindados; 11 atracos a otras entidades y 7 extorsiones y secuestros extorsivos.

Entre la campaña extorsiva destacó el secuestro del empresario Publio Cordón en junio de 1995. El pago del rescate de 4 millones de euros se efectuó en agosto en París, pero Cordón «nunca fue liberado, pues murió -según declaró Fernando Silva Sande- en un intento de fuga a las tres semanas de su secuestro. Su cadáver nunca fue encontrado».

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