Línea de saludo a la llegada del Jefe de Estado Mayor del Ejército de Tierra, general de ejército Amador Enseñat y Berea, a la base Príncipe en Paracuellos del Jarama (Madrid)
Fuerzas Armadas El Jefe de Estado Mayor del Ejército ensalza el liderazgo de los suboficiales para transformar las órdenes en acción
El jefe de Estado Mayor del Ejército de Tierra (JEME), General de Ejército Amador Enseñat y Berea , presidió en la Base Príncipe, en Paracuellos del Jarama, la conmemoración del 52.º aniversario de la creación de la Academia General Básica de Suboficiales (AGBS), un acto centrado en el reconocimiento al papel que desempeñan los suboficiales dentro de las Fuerzas Armadas y en la importancia histórica de una institución que ha formado a millas de militares desde su creación en 1974.
El general comenzó su intervención saludando a las autoridades militares presentes, entre ellas el Suboficial Mayor del Ejército de Tierra, los suboficiales mayores del Estado Mayor de la Defensa, de la Armada y del Ejército del Aire y del Espacio, además de oficiales y militares de tropa. Destacó especialmente que los auténticos protagonistas de la celebración eran los suboficiales, tanto los que se encuentran actualmente en servicio como quienes han formado parte de la escala a lo largo de las últimas décadas. «Un legado que permanece firme en el tiempo como lo prueba la presencia en este acto de muchos veteranos, a los que agradecemos haber acudido para compartirlo con nosotros», subrayó. «Un soldado nunca se despide de su servicio a España ni de su condición militar. Tampoco el tiempo borra el orgullo de ser o haber sido suboficial de nuestro Ejército».
El JEME firma en el Libro de Honor de la Brigada Almogávares VI
En sus primeras palabras expresó su agradecimiento a la Brigada «Almogávares» VI de Paracaidistas, a la Unidad de Servicios de la Base Príncipe y a todo el personal que había participado en la organización de los actos conmemorativos. Asimismo, dedicó una mención especial al Suboficial Mayor del Ejército, Miguel Ángel Jiménez Mérida, quien afronta próximamente su pase a la reserva. El JEME destacó su trayectoria profesional, marcada por la entrega al deber, la eficacia en el servicio y la lealtad hacia superiores, compañeros y subordinados.
El núcleo de su discurso giró en torno al significado de la Academia General Básica de Suboficiales y al legado acumulado durante más de medio siglo. Definió la Academia como un centro de enseñanza esencial y un referente indiscutible para la formación de quienes constituyen la «columna vertebral» del Ejército de Tierra. Recordó que durante cincuenta y dos años la academia ha preparado a generaciones de suboficiales capaces de instruir, sostener y liderar las unidades mediante el ejemplo y el trabajo diario.
El general resaltó que el aniversario no solo servía para celebrar una institución, sino también para rendir homenaje a un legado de servicio, vocación y compromiso con España. Ese legado, señaló, permanece vivo gracias a los miles de suboficiales que han pasado por sus aulas y que han mantenido el vínculo con la academia incluso después de abandonar el servicio activo.
También quiso reconocer la labor de los profesores, instructores y personal destinado en la academia, cuya dedicación cotidiana garantiza la continuidad de los valores y tradiciones. «Su dedicación silenciosa y constante garantiza que el espíritu de «La Básica» permanezca vivo generación tras generación», afirmó el JEME.
Al repasar los orígenes de la academia, recordó que su creación supuso una transformación decisiva para el Ejército de Tierra. La puesta en marcha de la Academia permitió establecer un modelo moderno de formación destinado a dotar a los suboficiales de una identidad profesional propia. Ese modelo combinaba una sólida preparación táctica y técnica con una formación humana y moral destinada a capacitar a los futuros mandos para asumir responsabilidades crecientes y ejercer el liderazgo directo sobre soldados y unidades.
Alocución final del JEME en la Base Príncipe
A juicio del JEME, la evolución posterior del Ejército ha demostrado plenamente el acierto de aquella decisión. Desde entonces, miles de suboficiales han servido tanto en territorio nacional como en numerosas operaciones internacionales, enfrentándose a situaciones complejas y, en muchas ocasiones, peligrosas. En este sentido, el JEME indicó: «Allí donde el Ejército ha sido requerido, siempre ha estado presente la figura del suboficial, aportando un liderazgo, basado en el ejemplo, serenidad, iniciativa y capacidad de resolución».
Uno de los aspectos centrales de la intervención fue la definición del papel que desempeñan los suboficiales dentro de la estructura militar. El general señaló que son quienes convierten las órdenes en acciones concretas y los esfuerzos en resultados tangibles. Constituyen el enlace imprescindible entre la dirección y la ejecución, desempeñando una función clave para mantener la cohesión de las unidades, la disciplina y la confianza necesarias para afrontar cualquier misión.
Insistió en que el principal activo del Ejército son las personas y que, dentro de ese conjunto, el suboficial ocupa una posición esencial como instructor, mentor y líder más cercano al soldado. «Su ejemplo diario influye de manera decisiva en la moral, en la disciplina y en la preparación de las unidades», enfatizó Enseñat.
Liderazgo y autoridad moral
El JEME subrayó que esta responsabilidad exige mucho más que conocimientos técnicos o tácticos. Requiere un tipo de liderazgo basado en el ejemplo y en la autoridad moral, no en la imposición. Según indicó, los suboficiales se ganan la confianza de sus subordinados gracias a su competencia profesional, su cercanía y su capacidad para compartir con ellos las dificultades de la instrucción, del servicio y de las operaciones. Por ello, los definió como referentes permanentes de responsabilidad, sacrificio y entrega.
El discurso también abordó los retos que afrontarán las Fuerzas Armadas en los próximos años. El general destacó que el entorno estratégico y tecnológico evoluciona a gran velocidad, generando escenarios operativos cada vez más complejos e imprevisibles. En este sentido, alertó: «Los futuros escenarios demandarán militares capaces de decidir con rapidez, de adaptarse a situaciones imprevistas y de ejercer la iniciativa responsable con criterio y determinación. Y precisamente ahí reside una de las mayores fortalezas de nuestra Escala de Suboficiales».
Valores fundamentales
Precisamente por ello, elogió el modelo formativo de la Escala Básica de Suboficiales, que no se limita a transmitir conocimientos técnicos, sino que también moldea el carácter de los futuros mandos intermedios. Señaló que la enseñanza recibida en la academia fortalece valores fundamentales para el ejercicio del mando, como la lealtad, el compañerismo, el honor, el sentido del deber y el amor a España, principios que identificó como la base sobre la que se sustenta la institución militar.
El JEME destacó además la capacidad de la academia para adaptarse a los cambios sin perder su esencia. A lo largo de cinco décadas, afirmó, la Academia ha sabido encontrar el equilibrio entre tradición e innovación, respondiendo a las nuevas necesidades del Ejército sin renunciar al espíritu que la caracteriza. Ese espíritu, explicó, nace de la convivencia, la exigencia, el esfuerzo compartido y la formación conjunta, elementos que crean un vínculo permanente entre todos los que han pasado por sus instalaciones.
Fotografía de grupo con suboficiales en la madrileña base Príncipe
En la parte final de su intervención tuvo un recuerdo especial para los militares que en ese momento se encontraban desplegados fuera de España participando en operaciones internacionales. Les trasladó el reconocimiento del Ejército por el servicio que prestan y reafirmó el compromiso de la institución con quienes cumplen misiones lejos de sus hogares.
Asimismo, dedicó unas palabras a los militares fallecidos, especialmente a aquellos que llevaron hasta las últimas consecuencias su compromiso con España. Invitó a los presentes a mantener viva su memoria como ejemplo de entrega, sacrificio y servicio.
Como cierre del acto, el general retomó el lema histórico de la Academia General Básica de Suboficiales, visible durante décadas en el monte Costampla y profundamente arraigado en la identidad de la escala. Animó a todos los suboficiales a mantener siempre vivo ese espíritu de servicio que resume la razón de ser de la institución y de quienes forman parte de ella. Con ello concluyó una intervención centrada en la exaltación de los valores del liderazgo, la vocación de servicio y el papel fundamental que los suboficiales han desempeñado y seguirán desempeñando en el Ejército de Tierra bajo el lema que identifica a la academia desde sus orígenes: «A España… servir hasta morir» .