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Leire Díez se justifica con su faceta periodística y anuncia un libro sobre las 'cloacas del Estado'

La guerra sucia del PSOE

Las 'cloacas' de Cerdán y Leire activaron la presión sobre la UCO tras filtrarse correos de Begoña y Sánchez

Los recientes testimonios como imputados de la directora de la Guardia Civil, Mercedes González, y del DAO del Cuerpo, Manuel Llamas, han dejado entrever cómo reaccionó la 'fontanera' a la publicación de los mails de la mujer de Pedro Sánchez

La Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil, que investiga todas las causas de corrupción que salpican al Gobierno o al PSOE, contabilizó 39 reuniones entre Leire Díez y Santos Cerdán en poco más de un año, 22 de ellas en la sede central de la formación Ferraz donde. Gracias al testimonio de dos trabajadoras, hemos sabido que ambos socialistas se encontraban sin dejar rastro, ya que la denominada 'fontanera' accedía sin necesidad de acreditarse o de firmar en el libro del registro que se aplica para cualquier visitante. No en vano, el trato preferente de Díez y la estrecha relación mantenida con el entonces secretario de Organización del partido de Pedro Sánchez ya quedó acreditada gracias a dos documentos idénticos –«2024-11-19 Incumplimientos»–, que fueron encontrados por los investigadores entre los efectos digitales de ambos, y de los que se desprendía que la militante rendía cuentas, directamente, al número tres.

Ahora, además, gracias al reciente testimonio de la directora de la Guardia Civil, Mercedes González, y del director adjunto operativo del Cuerpo (DAO), Manuel Llamas, al que ha tenido acceso íntegro El Debate, el magistrado Santiago Pedraz ha podido conocer cómo operaron las «cloacas» en relación con esos mismos agentes y mandos del Instituto Armado, cuando se filtraron los correos de Begoña Gómez, la esposa del presidente, procesada por dos delitos de malversación de caudales públicos y tráfico de influencias, y a punto de sentarse en el banquillo junto a su asesora, Cristina Álvarez, frente a un jurado popular.

Y es que, si la guerra sucia socialista arrancó con la imputación de Gómez —«lo de Begoña»—, según la nota manuscrita localizada entre las notas de las agendas de la propia Leire Díez, para «proteger los intereses del presidente del Gobierno» y de su mujer investigada, la presión sobre la UCO encargada de las pesquisas judiciales se incrementó una vez trascendieron las conversaciones de WhatsApp entre el propio Sánchez y el entonces ministro de Transportes José Luis Ábalos. «Leire Díez me manda un mensaje de WhatsApp, como mucha gente ese día que se publicaron los mensajes», en el que aseguraba que «esto lo ha filtrado la UCO», reconoció González ante el magistrado Pedraz el pasado 17 de julio.

La afirmación de la «fontanera», además, no cayó en saco roto, dado que, como consecuencia de la misma, el DAO Llamas abrió, en cuestión de horas, una información reservada a nivel interno para rastrear a los miembros de la Unidad, aunque, a través del general jefe de la Policía Judicial, Alfonso López, supo que dichos textos, que habían sido difundidos, en realidad, por el propio Ábalos, no estaban en poder de ningún agente.

Tiempo más tarde, el 5 de mayo de 2025, según la versión prestada por González ante Pedraz, la directora de la Guardia Civil, que recibió hasta en dos ocasiones a Leire Díez en su despacho, fue informada de que existía «una campaña» de descrédito contra la UCO. Un momento que ella misma definió, en su reciente comparecencia judicial, como «absolutamente demoledor».

El encargado de proporcionarle más datos sobre las maniobras de desinformación fue, a su vez, el DAO, que le entregó «un folio» en el que se mencionaba a una mujer, «una tal Leire Díez», y a Santos Cerdán como los dos responsables directos de aquella trama. Unas evidencias que, de acuerdo con sus palabras como imputada, llevaron a González a «aguantar el tipo» a duras penas, mientras reconocía ante Llamas que conocía a la «fontanera», a la que, además, había visto «recientemente».

Una llamada de Marlaska «alterado»

Por su parte, el teniente general Manuel Llamas, un día antes, el 16 de julio, en su interrogatorio también como imputado ante el juez Pedraz, fue quien confirmó que, cuando trascendieron los correos electrónicos de Begoña Gómez, recogidos en los atestados e informes de la UCO asignados a la causa que se sigue contra ella en el Juzgado de Instrucción número 41 de Madrid, también hubo marejada de fondo en relación con el origen de dichas filtraciones. Hasta el punto de que él mismo ordenó abrir una investigación interna para averiguar cómo el correo de la mujer de Sánchez, en Moncloa, había acabado en un documento incorporado en las pesquisas sobre su cuñado, David Sánchez, en un juzgado de Badajoz, cuando ella no tenía nada que ver con aquel caso.

Lo hizo justo después de que Fernando Grande-Marlaska le llamase «un tanto alterado» tras comprobar que la dirección electrónica de Begoña Gómez, vinculada a Presidencia, había llegado hasta los medios de comunicación, provocando tal avalancha de comunicaciones que se habían visto obligados a «bloquear» la línea de comunicación, repleta para entonces de «todo tipo de insultos, injurias» e, incluso, «material pornográfico», relató el DAO ante el magistrado, de acuerdo con las transcripciones literales a las que ha accedido este diario.