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Una marcha verde para tomar Ceuta y cambiar el control del estrecho

Estados Unidos desde Rota y Morón, con Marruecos, desde Ceuta, y Gran Bretaña desde Gibraltar, se presentan como los verdaderos guardianes del estrecho de Gibraltar

El paso fronterizo del Tarajal colapsado por inmigrantes marroquíes durante el asalto a CeutaEuropa Press

Ayer Ceuta fue tomada por 49.000 inmigrantes varones jóvenes, ante la inoperancia de los responsables de su defensa y de las protestas de tropa, guardias y agentes. Desde hace meses se anunciaba la repetición de una marcha verde con el objetivo de tomar las ciudades de Ceuta y Melilla.

En la actualidad, Ceuta y Melilla son dos ciudades autónomas situadas en el norte de África. Para España, representan una parte plena e integral de su territorio nacional: Melilla desde 1497, aunque fue plaza visigoda en el pasado, y Ceuta desde 1580, cuando Portugal se unió con el imperio español.

Este territorio es la única frontera terrestre de la Unión Europea en el continente africano y plantea un gran valor estratégico, por su cercanía al estrecho de Gibraltar.

Cuando los británicos ocuparon el peñón, los alauitas (todavía no existía Marruecos) intentaron hacer lo propio con Ceuta, fracasando en el intento.

Después, como intento de unir a un país pobre y rebelde a la autoridad alauita, las operaciones militares contra los españoles de las ciudades norteafricanas fueron un modo de canalizar la tensión interna.

Así fue en la Guerra de África (1859-1860) o en la Guerra del Rif (1911-1927), aunque en este caso, los rifeños luchaban contra los españoles y el propio Sultán.

En la actualidad, Marruecos reivindica a aquellos rebeldes a su autoridad como nacionalistas fieles a la monarquía para justificar su hispanofobia.

La idea del actual Marruecos proviene de los cherifes de Tafilete, supuestos descendientes del yerno de Mahoma. Muley Rachid conquistó la ciudad de Fez y se proclamó sultán en 1660; a partir de entonces controló la zona central, quedando el sur y el norte del actual Marruecos fuera de su alcance.

Durante el periodo colonial, tanto Francia como España gobernaron estos territorios en nombre del sultán, que así pudo reclamarlos.

La independencia de Marruecos en 1956 introdujo un nuevo peón en el tablero internacional. En plena Guerra Fría y con el apoyo soviético a los nacionalismos laicos árabes, entre los que se situaba el FLN argelino, USA apoyó a la autocracia marroquí.

Desde entonces, Marruecos ha ido anexionando Sidi Ifni, abandonado por España tras una guerra irregular; el Sahara occidental, aprovechando el cambio de régimen en España y la injerencia estadounidense favorable al dictador africano.

La integración de España en la OTAN ya significó una negociación mal hecha por dejar ambas ciudades norteafricanas fuera de la defensa militar de la alianza atlántica.

En la actualidad, Marruecos reivindica como antecedente al imperio almorávide que extendió sus fronteras entre los ríos Senegal y Tajo; cuenta con el apoyo estadounidense que, desde la administración Biden y después con la de Trump, ha reconocido al Sáhara Occidental como territorio marroquí.

Las declaraciones del presidente Trump contra España, por la extraña política internacional de Sánchez, y las del diputado republicano por la Florida, Mario Díaz-Balart, reconociendo que Ceuta y Melilla debían ser ciudades marroquíes, dieron un fuerte respaldo político para dar luz verde a una operación determinada desde hace tiempo, la ocupación de las ciudades españolas norteafricanas.

La inmigración ilegal es usada por los países vecinos de la UE para presionar y obtener fuertes recursos económicos e ingresos. Nuestro país es el principal inversor en el país alauita, mientras sufrimos un fuerte endeudamiento y las infraestructuras no se revisan por falta de presupuesto.

La ocupación de Ceuta es un aviso de que la ocupación de las ciudades se hará cuando se tenga el reconocimiento internacional adecuado.

Según Charles Powell en su libro Rey de la democracia, el monarca reconoció al senador estadounidense Ed Muskie su voluntad de entregar Melilla a Marruecos y Ceuta a un protectorado internacional en 1979. En definitiva, en las últimas décadas la imagen política que España ha dado es muy negativa para sus intereses soberanos.

A nivel estratégico, España ha dejado de reclamar Gibraltar, y Marruecos y Gran Bretaña llevan tiempo realizando operaciones conjuntas a costa de las aguas de soberanía españolas.

España, con la pérdida de Ceuta, supondría el fin de su control del estrecho, con el aislamiento defensivo de las islas Canarias, que afronta el mismo problema de desnacionalización por parte de las mafias marroquíes con ayuda internacional que se dedican a la trata humana.

Estados Unidos desde Rota y Morón, con Marruecos, desde Ceuta, y Gran Bretaña desde Gibraltar, se presentan como los verdaderos guardianes del estrecho de Gibraltar y la puerta entre el Mediterráneo y el Atlántico, uno de los principales accesos comerciales al sur de Europa y al Próximo Oriente.