Inmigrantes marroquíes en Ceuta
La fortaleza de los jóvenes de Ceuta tras la invasión: del «nos han dejado sin verano» al «como nos callemos nos comen vivos»
El Gobierno que preside Pedro Sánchez y cuyo portavoz y emisario en la crisis tras la invasión migratoria de Ceuta del pasado 30 de julio, Fernando Grande Marlaska, no paran de afirmar que la situación en la ciudad autónoma ya es de «normalidad». Lo manda el argumentario fabricado en la factoría propagandística del Palacio de La Moncloa, pero ni mucho menos ello conlleva que esté ajustado a la realidad.
Si este viernes El Debate publicaba testimonios de musulmanes hartos por las derivadas de la crisis, otro segmento de población ceutí no se queda atrás y denuncia su «incredulidad» ante «lo que está pasando con el consentimiento» del Ejecutivo. Se trata de los jóvenes.
Hace exactamente una semana, el último sábado, deberían haber comenzado las celebraciones por la Virgen de África, que tendrían que haber tenido su día grande es 5 de agosto. Sin embargo, y con la única salvedad de una procesión, todos los eventos se han cancelado por la invasión y sus consecuencias. Así, no ha habido Feria este 2026.
«¿Nos tenemos que callar?»
Los mencionados jóvenes son los que más lamentan este hecho. No por el ocio en sí mismo, sino porque muchos de los ceutíes se habían reservado estas jornadas con intención. Gracia lo explica más que claramente: «Trabajo en la península, cerca de Bilbao. Es obvio que no puedo venir ni siquiera una vez al mes. Te organizas tus vacaciones para estar en Feria con amigos y familia y de repente no tienes nada. No es por las atracciones, que tampoco tenemos ya años, es que ni siquiera veo a los míos como pensaba verlos hace una semana. A algunos, por miedo, ni los voy a ver hasta que esto se calme», asevera.
Imagen tomada este viernes en el centro de Ceuta de varios inmigrantes llegados tras la invasión
No obstante, Gracia, que está con unos amigos en un céntrico bar de Ceuta mientras habla con El Debate, no se viene abajo. Menos aún cuando Álex, que se pone de espaldas al sol para que se le vea y oiga «bien» apostilla a su colega:
«Nos han dejado sin verano. Es un fastidio (en realidad, la palabra es otra). Pero, ¿y qué? Sabemos de qué va esto y aunque muchos hayamos estado encerrados en casa unos días mira dónde estamos, tomando unas cervezas», apunta. En ese instante, este periodista hace un gesto a modo de «baja la voz», puesto que, no más de a dos mesas de distancia, hay tres inmigrantes «de los que han saltado estos días».
Prácticamente al unísono, y como si a voces se tratara, preguntan retóricamente: «¿Y qué quieres que hagamos? ¿Me callo por estar ahí? ¿Nos tenemos que callar? ¿Por qué?», cuestionan justo antes de que otro amigo, llamado Jorge, se revuelve porque está «harto» y no tiene por qué morderse «la lengua»:
«¿Sabes qué es lo que pasa? Que si nos callamos, mañana nos comen. No soy facha, pero que me lo llamen. No soy racista porque no lo somos aquí, pero allí (indica con el dedo dirección a Marruecos) nos quieren zampar», subraya. E insiste: «Como nos callemos nos comen… y nos comen vivos. Me da igual que se gire este o el otro. Me da igual si me entiende o no».
«Desequilibrio social»
«Mira las luces», señala con el dedo refiriéndose al alumbrado de la feria en una de las entradas al Puerto de Ceuta: «¿Cómo están? Las ves apagadas, ¿verdad? Pues ya está, pero no podemos estar llorando porque todos conocemos Ceuta y cómo nos tratan Marruecos y Sánchez».
Lo que comentan estos vecinos no es baladí. Muestra de ello es en lo que hace hincapié Rogervan Rubanttino, psicólogo sanitario forense y especialista en Psicología Infantojuvenul del Centro de Atención Psicológica Integral a la Diversidad (CAID) en Ceuta:
«El ocio estival representa no solamente un mero entretenimiento superficial, sino que también es un gran regulador emocional que la sociedad está perdiendo por atender una situación sobrevenida», avisa. Y agrega: «Las consecuencias psicológicas que produce la interrupción brutal de esa pausa social necesaria de las vacaciones se pueden traducir en frustración y sensación de injusticia por un esfuerzo sostenido que se ve frustrado ante la nueva situación de desequilibrio social que se está dando».
Sobre ello, remarca que existe «también una pérdida de la sensación de predictibilidad», es decir, una «suspensión repentina de los actos de festividad de las (fiestas) patronales y de cancelar abruptamente estos espacios que también priva a los jóvenes y a los no tan jóvenes de esa amortiguación del estrés necesario de una sociedad como como la ceutí, no solamente por su situación geopolítica, sino también por su situación psicosocial».