Fundado en 1910

Ceuta o la solidaridad insostenible

Al mismo Gobierno al que se le llena la boca con la sostenibilidad ecológica para luchar contra el cambio climático, parece olvidársele que un modelo de solidaridad con los inmigrantes que la sociedad que los acoge no puede sostener en el tiempo es absolutamente insolidario

La Policía Nacional comienza el triaje para valorar el asilo de los migrantes en Ceuta tras la entrada masiva

La Policía Nacional comienza el triaje para valorar el asilo de los migrantes en Ceuta tras la entrada masivaEUROPA PRESS

Los que estos días seguimos de cerca las noticias sobre el aciago asalto a nuestras fronteras en Ceuta, la inoperancia del Gobierno, la desidia del vecino Marruecos y las consecuencias para una población española a la que las cifras oficiales no le cuadran con lo que está viviendo en la puerta de sus casas, tenemos el corazón roto. Por un lado, somos plenamente conscientes de la necesidad de que cualquier estado soberano controle sus fronteras y, por otro lado, nos entristecen las imágenes de la desesperación de quien tenía tan poco que perder en su casa que ha arriesgado la vida por cruzar a una España que cree el paraíso pero que no tiene fuelle para solventar sus problemas.

Niños solos sin sus padres, jóvenes sin futuro, chicas que ahora, además, tienen que evitar que las violen un puñado de compatriotas energúmenos, campamentos improvisados en los que comer es la odisea, dormir es un lujo y disponer de baño es una utopía… No podemos conocer qué hay detrás de cada una de esas vidas, ni caer en el buenismo de pensar que aquí sólo cruzaron los santos de altar que pretenden aportar su trabajo a nuestro PIB y pagar impuestos religiosamente para salvar la catástrofe de nuestro sistema de pensiones. Pero seguramente en todos los casos -los buenos, los menos buenos, los radicales- hubo una tarde en la que tomaron la decisión de arriesgarlo todo.

Eso nos obliga a los que estamos en un lugar más privilegiado en el orteguiano azar de las circunstancias que constituyen nuestro «yo» a mostrar una especial sensibilidad con quien llega, esa de la que habló el Papa León XIV en su reciente visita a España. La dignidad de cada persona no puede depender de esas azarosas «circunstancias» con las que se construye su mundo. Y la solidaridad se hace imprescindible cuando esa dignidad se pone en entredicho.

Ahora bien, esa solidaridad tiene que ser sostenible, es decir, de nada sirve crear un nuevo problema allí donde se intenta solventar el anterior. Por ejemplo: acoger una inmigración que se niega a aceptar nuestras costumbres, nuestra cultura, nuestra religión... También lo apuntaba el Papa. O admitir un volumen de población tan elevado que desbarate en sólo unas horas los servicios básicos de una ciudad y ponga en peligro a sus vecinos porque los recién llegados no tienen más forma de subsistir que la violencia o la caridad, puesto que no vinieron ordenadamente con su contrato de trabajo bajo el brazo, sino en insostenible avalancha.

Al mismo Gobierno al que se le llena la boca con la sostenibilidad ecológica para luchar contra el cambio climático, parece olvidársele que un modelo de solidaridad con los inmigrantes que la sociedad que los acoge no puede sostener en el tiempo es absolutamente insolidario, tanto con quien recibe la ayuda, que dejará de recibirla, como con quien la da, que dejará de poder darla.

Pero en esta España polarizada en la que hemos acabado con cualquier forma de argumentación racional para subirnos a las ciegas atalayas de las ideologías, parece que no se puede esgrimir un argumento que es categóricamente cristiano, como cristiana es nuestra Europa: la solidaridad es uno de los principios de nuestra forma de entender la vida. Pero también es otro principio la subsidiaridad, y no es menos importante el cuidado del prójimo próximo. Por eso, aun con el debido respeto a la dignidad de cada inmigrante, no podemos aceptar cualquier forma de ayuda. Cuando la solidaridad desequilibra de tal modo al solidario que pierde su propio sustento, entonces se convierte en insolidaria porque es insostenible.

Y en estas estamos. Agradezco especialmente al lector que apunte en los comentarios cómo podríamos lograr la cuadratura del círculo. Yo no lo he conseguido. Lo que sí es que la solidaridad insostenible es insolidaria. No es fácil la solución, pero seguro que la correcta no puede ser lo que están viviendo en Ceuta.

  • María Solano Altaba es profesora en la Universidad CEU San Pablo
comentarios
tracking

Compartir

Herramientas