Un refuerzo militar con 8 vehículos BMR protege la frontera del Tarajal
Asalto a Ceuta
Tensión en la frontera: el Ejército moviliza efectivos y vehículos a la espera del siguiente paso de Marruecos
El despliegue de vehículos y tropas militares busca poder evitar un nuevo salto masivo que sería catastrófico para la saturada ciudad de Ceuta
Ceuta vive el fin de semana más tenso desde que el pasado 30 de julio decenas de miles de personas asaltaran la frontera del Tarajal. A pesar de que los todavía más de 10.000 inmigrantes ilegales que quedan en territorio español abandonan Ceuta de forma voluntaria a cuentagotas (unos 200 al día), el hastío y desesperación de los vecinos no va a menos.
A los servicios públicos colapsados, la inseguridad en las calles, los miles y miles de inmigrantes deambulando y las playas convertidas en asentamientos ilegales insalubres, se ha sumado este fin de semana el llamamiento en Marruecos a través de redes sociales de asaltar de nuevo la frontera, convirtiendo Ceuta en una bomba de relojería.
El 15 de agosto era la fecha señalada. Durante días, los ceutíes han mostrado una enorme preocupación por un rumor que todos se han tomado muy en serio, y no solo los vecinos de Ceuta, si no también las autoridades y las fuerzas de seguridad a un lado y al otro de la valla.
Desde el sector marroquí de la frontera se comenzó un despliegue espectacular de la Gendarmería Real para tomar el control de toda la zona cercana al paso fronterizo el día 13 por la mañana. Durante dos días se ha desalojado a cientos de personas que aguardaban en la zona montañosa a la espera del momento adecuado para tratar de cruzar a territorio europeo. En esta ocasión, no como el 30 de julio, los militares del país vecino sí que han sido capaces de evitar cualquier intento de violentar la frontera
15 de agosto, fecha clave
En la noche del 14 al 15 de agosto ambos lados de la frontera han estado reforzados ante la amenaza de una nueva invasión, aunque de manera desigual. En contraposición al enorme despliegue de Marruecos, en España, el ministro Marlaska anunció que el total de agentes entre Guardia Civil y Policía Nacional era de 1500 efectivos entre la frontera y toda la ciudad de Ceuta, 500 más que antes del asalto del 30 de julio. A pesar de este incremento de agentes, desde los sindicatos policiales se considera que son insuficientes para hacer frente a un eventual nuevo asalto a la frontera.
Con este contexto, la madrugada del 15 de agosto ha sido tensa para todos los ceutíes pero también en el lado marroquí. Un intento por parte de varios cientos de subsaharianos de alcanzar la frontera ha obligado a actuar a los militares de Marruecos, que han logrado repeler la amenaza.
El día ha amanecido tranquilo, con absoluta normalidad. Pero pasadas las doce la mañana, la presencia, de nuevo, de inmigrantes subsaharianos en la zona montañosa de la frontera ha obligado a movilizarse a los militares de uno y otro lado. Las dotaciones de militares españolas, con hasta ocho vehículos BMR de transportes de tropas y decenas de efectivos, han llegado a la frontera del Tarajal, escenario del salto masivo del 30 de julio, donde permanecen ofreciendo apoyo y un importante refuerzo.
Así las cosas, los militares desplegados en la frontera se suman a los efectivos de Policía y Guardia Civil para tratar de blindar por tierra una frontera que la Benemérita también controla desde el mar.
¿Solución cercana?
Una de las preguntas que más se repite entre los ciudadanos ceutíes es la de cuál puede ser la mejor solución y la más rápida a esta situación. Lo cierto es que todo aquel al que se le pregunta llega a la conclusión casi evidente de que Ceuta no aguanta más. Sus servicios y recursos son limitados e, incluso dejando de lado cuestiones vitales como la seguridad o la identidad de una ciudad española, la realidad más evidente es que una población de poco más de 80.000 personas no puede mantener sine die a más de 10.000 individuos que llegan a su territorio de golpe.
Ante esto las soluciones más evidentes parecen tener escollos insalvables (o que así se quieren presentar). El reparto a la península se rechaza categóricamente por la oposición; la devolución forzosa de todo aquel ilegal que se encuentre en territorio español es una quimera, ya que no parece que haya voluntad por parte del Gobierno, ni mucha colaboración por parte de Marruecos y el regreso de los menores no encuentra más que trabas legales y administrativas .
Con este panorama, el tiempo pasa, la paciencia de los ceutíes se agota, el agotamiento de los profesionales de seguridad, sanitarios o de servicios se acrecienta y el miedo a una nueva invasión desde Marruecos, completando así un panorama que amenaza con cronificarse ante la falta de soluciones.