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Gloria Martínez lleva más de 30 años sin ser vista

Los grandes enigmas criminales de España (IV): Gloria Martínez, la joven que salió de una clínica psiquiátrica y nunca volvió

El Debate reconstruye este verano los casos que más desconcertaron a la Policía y a la Guardia Civil y que, años después, siguen dejando preguntas sin respuesta

Gloria Martínez Ruiz tenía 17 años cuando ingresó en una clínica de reposo de Alfaz del Pi la mañana del 29 de octubre de 1992. Había pasado varios días sin dormir, sufría episodios de ansiedad e insomnio desde hacía años y su psiquiatra convenció a sus padres de que unos días de ingreso serían suficientes para estabilizarla. Menos de veinticuatro horas después había desaparecido. Nunca volvió a ser vista.

Gloria era una estudiante de COU con buenas notas y cursaba séptimo de piano en el Conservatorio de Alicante. Desde los catorce años padecía insomnio, episodios de ansiedad, anorexia y algunos brotes psicóticos aislados que, según su entorno, no le impedían llevar una vida normal. Sus padres nunca terminaron de ver claro el ingreso, pero acabaron aceptando el criterio de la psiquiatra que la trataba, María Victoria Soler, quien les recomendó que permaneciera unos días en la clínica Torres de San Luis, un exclusivo centro privado situado en plena naturaleza y especializado en tratamientos de reposo.

Cartel de búsqueda de Gloria MartínezQSDglobal, vía Facebook

Sin embargo, las dudas comenzaron prácticamente desde el mismo momento de su ingreso. Pocas horas después de llegar sufrió una fuerte crisis nerviosa, fue inmovilizada en la cama y recibió varias dosis de potentes sedantes. Aquella misma tarde dejó escrita una nota con una letra visiblemente alterada por la medicación: «Me da miedo pensar que estoy muriendo y la única luz está cerca de mí, Dios mío». Acabaron siendo las últimas palabras conocidas de Gloria.

La versión ofrecida por la clínica sostiene que, ya de madrugada, la joven sufrió un nuevo episodio de agitación. Las dos trabajadoras que se encontraban de guardia aseguraron que la desataron para acompañarla al baño y que, aprovechando un descuido, escapó saltando por la ventana de la habitación y después por el muro exterior del recinto antes de perderse en la oscuridad. La fuga, según ese relato, se produjo hacia la una y media de la madrugada, aunque ni la Guardia Civil ni la familia fueron avisadas hasta varias horas después, cuando ya había amanecido.

Fue precisamente esa versión la que la familia cuestionó desde el primer momento, asegurando que resultaba difícil creer que una adolescente que acababa de recibir varias dosis de sedantes pudiera escapar por sus propios medios, trepar un muro de dos metros de altura y desaparecer sin dejar rastro en una noche de luna nueva, descalza, sin abrigo y sin las gafas que necesitaba para compensar una miopía superior a las ocho dioptrías en cada ojo. A esas dudas se sumaban otras igual de incómodas, como por qué un centro de esas características solo contaba con dos personas para atender a una paciente en plena crisis o por qué transcurrieron tantas horas antes de comunicar la desaparición.

De manera que, cuando la Guardia Civil puso en marcha el dispositivo de búsqueda, ya habían pasado varias horas desde la supuesta huida. Se rastrearon barrancos, caminos, bosques, acequias y pozos de los alrededores sin encontrar el menor indicio del paso de Gloria. Algunos vecinos aseguraron haber escuchado pasos durante la madrugada y un empleado de una gasolinera afirmó haber visto a una joven muy parecida a ella caminando por la zona, pero ninguna de esas pistas pudo confirmarse.

Apenas dos semanas después, la desaparición de las niñas de Alcàsser acaparó toda la atención informativa del país y el caso de Gloria fue desapareciendo poco a poco del foco mediático, aunque su familia nunca dejó de reclamar que se siguiera investigando. Mientras tanto, los agentes continuaban revisando cualquier información que pudiera conducir hasta la joven, pero el paso del tiempo solo multiplicaba las preguntas.

Dos años después, cuando la clínica ya había cerrado por sus problemas económicos, la Guardia Civil regresó al recinto para practicar un registro mucho más exhaustivo. Durante la inspección apareció una bolsa con varias pertenencias de Gloria, entre ellas ropa interior y un cinturón, dentro de la fosa séptica del complejo. La explicación ofrecida fue que la joven se había orinado encima durante su crisis y que aquella ropa había sido retirada después de cambiarla, aunque el hallazgo alimentó todavía más las sospechas de la familia sobre lo que realmente pudo ocurrir durante aquellas horas.

La investigación volvió a abrir nuevas líneas a finales de la década de los noventa, cuando un testigo aseguró haber visto a Gloria salir de una vivienda vinculada a una de las enfermeras de la clínica. La Guardia Civil comprobó aquella información, pero terminó descartándola al no encontrar elementos que la sostuvieran. Como tantas otras pistas recibidas durante estos años, tampoco permitió avanzar en el esclarecimiento del caso.

Nunca hubo respuestas

La causa penal terminó archivándose en el año 2000 al no existir pruebas suficientes para sostener ninguna acusación, pero la batalla judicial de la familia no concluyó ahí. A través de la vía civil reclamó responsabilidades por las graves deficiencias que, a su juicio, se habían producido durante el ingreso de su hija. La Audiencia Provincial de Alicante acabó condenando a la psiquiatra que había recomendado el tratamiento y a la empresa propietaria de la clínica a indemnizar a los padres por los daños morales sufridos, una cantidad que posteriormente fue elevada al considerar que el sufrimiento provocado por aquella desaparición había sido incluso mayor que el que habría supuesto conocer la muerte de Gloria.

Esa resolución nunca respondió, sin embargo, a la pregunta esencial. Nadie ha podido demostrar qué ocurrió realmente durante la madrugada del 30 de octubre de 1992 ni si Gloria llegó a abandonar con vida las instalaciones de la clínica. Tampoco han aparecido pruebas que permitan reconstruir con certeza sus últimos movimientos.