Antonio Anglés, con sus dos aspectos.
Los grandes enigmas criminales de España (II): Antonio Anglés, 33 años buscando al hombre más perseguido
El Debate reconstruye este verano los casos que más desconcertaron a la Policía y a la Guardia Civil y que, años después, siguen dejando preguntas sin respuesta
Han pasado más de tres décadas desde que Antonio Anglés desapareció y, pese a ello, la Justicia española sigue buscándole. Ninguna de las operaciones desplegadas por la Guardia Civil, las órdenes internacionales de detención, las investigaciones reabiertas por los juzgados o las pistas recibidas desde distintos países han conseguido localizar al hombre al que la Audiencia Provincial de Valencia situó como coautor, junto a Miguel Ricart, del secuestro, tortura, violación y asesinato de Miriam García, Toñi Gómez y Desirée Hernández, las tres adolescentes de Alcàsser cuyo crimen conmocionó a España en noviembre de 1992. Su rastro se perdió en marzo de 1993, pero la pieza judicial abierta para su búsqueda continúa viva y no prescribirá hasta diciembre de 2029.
El caso dio un vuelco el 27 de enero de 1993, setenta y cinco días después de la desaparición de las tres jóvenes, cuando dos apicultores localizaron una fosa en el paraje de La Romana, en el término municipal de Tous. La inspección realizada por la Guardia Civil permitió recuperar los cuerpos e identificar varios objetos abandonados junto a ellos, entre los que figuraba un volante de la Seguridad Social a nombre de Enrique Anglés, hermano de Antonio. Aquella pista condujo a los investigadores hasta el domicilio familiar de Catarroja, pero, cuando los agentes llegaron para detener al principal sospechoso, este ya había escapado. Según la reconstrucción incorporada al sumario, logró abandonar la vivienda descolgándose por una ventana tras advertir la presencia policial y consiguió eludir el primer dispositivo desplegado para capturarlo.
Cartel en el que se instaba a informar a la ciudadanía si había visto a las niñas de Alcàsser
La realidad es que Antonio Anglés no era un delincuente desconocido para las Fuerzas de Seguridad, sino que acumulaba antecedentes por robos, atracos, tráfico de drogas y agresiones, y desde marzo de 1992 se encontraba ya en busca y captura después de aprovechar un permiso penitenciario de seis días para no regresar a prisión, donde cumplía condena por secuestrar, encadenar y golpear a una joven de veinte años. Aquel conocimiento del terreno y su experiencia moviéndose al margen de la ley explicarían, al menos en parte, que durante las semanas siguientes consiguiera escapar una y otra vez de los cercos policiales.
Durante cerca de un mes, la investigación fue reconstruyendo un recorrido que atravesó buena parte del este de España. La Guardia Civil situó a Anglés en distintos municipios de la provincia de Valencia, donde consiguió eludir varios dispositivos de búsqueda, y posteriormente volvió a seguirle la pista en Minglanilla (Cuenca), donde, según la investigación, robó un vehículo a punta de pistola antes de continuar su huida. A partir de ese momento las informaciones comenzaron a conducir hacia Portugal y la persecución dejó de ser exclusivamente española.
La siguiente pista considerada fiable apareció en el puerto de Lisboa. Allí, Antonio Anglés consiguió embarcar como polizón en el mercante británico City of Plymouth, que navegaba con destino al Reino Unido. Viajaba oculto en una zona de almacenamiento y utilizaba documentación falsa cuando fue descubierto por la tripulación, que dio aviso a las autoridades para que fuera detenido en cuanto el barco atracara.
El salto que alimentó el misterio
Anglés estaba acorralado y la detención parecía cuestión de horas, por lo que decidió tomar una medida desesperada y, antes de que el mercante llegara a puerto y la Policía irlandesa pudiera subir a bordo, se lanzó al mar y desapareció en aguas próximas a la costa de Irlanda. Aquella escena, reconstruida a partir del testimonio de la tripulación del City of Plymouth, ha marcado el mayor interrogante del caso. Nunca volvió a ser visto y desde entonces ninguna investigación ha conseguido demostrar qué ocurrió realmente después de aquel salto.
Sobre su destino se han mantenido dos grandes hipótesis. La primera sostiene que murió ahogado o víctima de la hipotermia en las frías aguas del Atlántico. La segunda apunta a que logró alcanzar tierra y continuar la huida aprovechando su doble nacionalidad española y brasileña, una posibilidad que alimentó durante años numerosos avisos sobre supuestos avistamientos en Portugal, Brasil y otros países. Ninguna de esas pistas ha podido confirmarse.
Imagen de la ficha de Antonio Anglés modificada por la Interpol este 25 de julio con su nueva edad
En 2021, la Audiencia Provincial de Valencia ordenó reactivar varias diligencias y volver a tomar declaración al capitán del City of Plymouth y a un trabajador de una empresa de transportes de Lisboa con el que el fugitivo había mantenido contacto antes de embarcar. Europol y la Guardia Civil impulsaron además una nueva campaña internacional para tratar de localizar cualquier indicio sobre su paradero. Tampoco entonces aparecieron pruebas que permitieran determinar si Antonio Anglés murió en 1993 o consiguió rehacer su vida bajo otra identidad.
Aunque el triple crimen de Alcàsser se cometió hace casi treinta y cuatro años y el Código Penal fija un plazo general de prescripción para los delitos de asesinato, una serie de diligencias practicadas en 2009 interrumpieron ese cómputo. Entre ellas figuraban la intervención judicial del teléfono y del correo electrónico de Kelly Anglés, hermana del fugitivo, con la esperanza de localizar algún contacto que condujera hasta él. Aquellas actuaciones llevaron a la Fiscalía a sostener que el plazo debía comenzar de nuevo, criterio que hizo suyo el Juzgado de Instrucción número 6 de Alzira y que mantiene abierta la causa hasta diciembre de 2029. Esa misma circunstancia llevó también a los tribunales a rechazar años después la petición de la familia para que Antonio Anglés fuera declarado oficialmente fallecido.
Este mismo verano, coincidiendo con el que habría sido su sesenta cumpleaños, Interpol actualizó su ficha como uno de los fugitivos más buscados por España. En su ficha se siguen describiendo su estatura, sus ojos azules, los tatuajes que llevaba en ambos brazos y los delitos por los que continúa reclamado. Lo que se sigue sin resolver es si murió en el mar o continúa escondiéndose de las autoridades.