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De lunes a lunesFrancisco Rosell

Luz de gas de Marruecos con Sánchez en su «Universo Mareta»

Ceuta camina a paso ligero a convertirse en un insalubre muladar donde las violaciones de menores se multiplican por mor de la ignominia de un Sánchez tan sumiso a los sultanes foráneos como a los sultanitos internos a los que aúna la destrucción de España

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, este mes de agosto en la Residencia Real de La MaretaPool Moncloa

Aunque haya ciudadanos que se inclinen por atender la admonición del preceptor Pangloss, el personaje del Cándido de Voltaire, que, para gozar del «mejor de los mundos posibles», se inclinaba por no mirar más allá de las narices de cada cual, siempre es recomendable hacer un esfuerzo por alargar la mirada. Empero, no es fácil con gobernantes que, al igual que los magos profesionales, si bien sin su talento y gracia, se valen de lo que los psicólogos denominan «ceguera por desatención» o «visión selectiva» para escamotear la cruda realidad en un mundo en el que lo último suple a lo importante. Pero en el que, como dijo el popular beisbolista norteamericano Yogi Berra, ducho en perogrulladas, «no se termina nada hasta que termina».

De ahí que convenga replantearse lo aparentemente obvio porque puede conducir a conclusiones erradas como con acaecido este fin de semana con la nueva amenaza de asedio a Ceuta tras ser invadida la tarde noche del 30 de julio por una «marcha azul» de los 72.000 hijos de Mohamed VI auspiciada por los servicios de inteligencia alauitas. Así, tras la fallida convocatoria que esta vez sí ha conllevado un gran despliegue policial de ambos países, el corolario lógico ha sido pensar, en contra de lo dicho por ambos Ejecutivos, que la violación de la integridad territorial española de hace quince días no hubiera sido factible si los gerifaltes magrebíes no hubieran estado detrás. De hecho, con aquella marea de intrusos, el vecino del sur quiso aplicarle a Sánchez la ley del Talión –ojo por ojo, diente por diente– tras su reciente estadía en la capital argelina, su enemigo íntimo, y evidenciarle que, como con la 'marcha verde' sobre el Sáhara español durante la agonía de Franco, puede plantar otros 72.000 marroquíes en Ceuta sin orden de retorno a diferencia de lo sucedido el Día de la Fiesta del Trono festejado por Mohamed VI a un tiro de piedra de la masiva irrupción de nadadores ilegales.

Luego de meter miedo en el cuerpo a los ceutíes con este último aviso de escaramuza dentro de la guerra híbrida en marcha, el llamamiento del fin de semana ha tenido todas las trazas de un trampantojo al que no sería ajeno el propio Sánchez para teatralizar un avenimiento que no es tal. En el fondo, subyace la estrategia alauita de largo aliento de dar dos pasos adelante y uno atrás para, sin renunciar a nada, cobrar su favor a dos manos: con la izquierda a España y con la derecha a la Unión Europea. De ahí que, tras esta tregua-trampa, ese comodín podría canjearlo por la titularidad de las aguas marítimas saharauis y la explosión de los bolsas de gas y petróleo próximas a las Canarias que Sánchez prohíbe a Repsol.

Postrado el hackeado Sánchez de hinojos ante el Sultán, la opereta bufa de este sábado huele a chamusquina. ¿Cómo es posible que, sin la presencia de medios españoles desplazados a Castillejos y expulsados por Marruecos, el balance oficial haya sido sólo de 148 inmigrantes interceptados, de los que 128 serían subsaharianos y 20 marroquíes? Después de que los servicios de propaganda de Rabat resaltaran la implicación directa de Mohamed VI para frenar el supuesto asalto con el propósito de restaurar la credibilidad de Marruecos y deslizaran que el monarca había lamentado que la operación del 30 de julio se les hubiera ido de las manos a su Inteligencia, todo parece obedecer a una maniobra orquestal, con un despliegue sin parangón de helicópteros, drones y tanquetas, para patentizar esa maniobra de distracción, mientras se reafirma que la seguridad de Ceuta es cosa del estado de humor del sultán. Al fin y al cabo, como significó Rafael Guerra 'Guerrita', «lo que no puede ser, no puede ser y, además, es imposible». Pues eso.

No en vano, Marruecos habitúa a hacer luz de gas a España como en la obra dramática bajo ese título (Gaslighting) en la que un marido persuade a su esposa de que está loca desestabilizándola con las luces de gas. Empero, España es hoy con Marruecos una palmatoria a medio apagar tras hackearle el teléfono móvil a Sánchez (y a sus ministros Marlaska, Robles y Planas) tras arribar secretamente a la Península el líder del Frente Polisario, Brahim Ghali, para ser asistido en un hospital de Logroño. Luego del abordaje de Ceuta por 10.000 inmigrantes en marzo de 2022, Sánchez trató de zanjar el contencioso reconociendo la soberanía marroquí sobre el exSáhara español. De paso, le servía como presente la cabeza de la ministra de Exteriores, Arancha González Laxe, como chivo expiatorio. No la de Marlaska, responsable de las fronteras, quien en 2025 –oh casualidad– impuso la máxima distinción de la Guardia Civil a su homólogo marroquí Abdellatif Hammouchi siendo este responsable del servicio que le espió.

Bajo ese chantaje al Gobierno, si me apuran, la luz de gas se la hace a su Consejo de Ministros un genuflexo Sánchez a costa de los ceutíes como avanzados de España. Entre tanto, la ciudad camina a paso ligero a convertirse en un insalubre muladar donde las violaciones de menores se multiplican por mor de la ignominia de un Sánchez tan sumiso a los sultanes foráneos como a los sultanitos internos a los que aúna la destrucción de España. Mientras el presidente ceutí, Juan José Vivas, como si fuera uno de los últimos de Filipinas, anda de la ceca a la meca, con los precedentes de Polonia y Grecia, para que no se dé asilo a quienes irrumpieron en la urbe como carne de cañón de la guerra híbrida de Marruecos. Sin medidas excepcionales y urgentes, Ceuta no aguantará condenada a ser el lazareto del Sur de Europa.

Pero Sánchez sigue en su «Universo Mareta» donde ha invitado al televisivo Jesús Calleja para que entretenga su dolce far niente, su no hacer nada de presidente dimitido de sus deberes. De vuelta al palacio que Hussein II le regaló a Juan Carlos I, no se sabe si esa nueva estancia del aventurero mediático habrá propiciado otra aparición de Sánchez en Universo Calleja como la de 2014 en el otrora menos pretencioso Planeta Calleja una presentación como en 2019 de un apéndice de aquel Manual de Resistencia. Seguro que cabe descartar, por el contrario, que Calleja le haya ofrecido un programa televisivo como cuando fue descabalado de la secretaría general del PSOE porque, con el horizonte penal que le aguarda siguiendo la estela de su mujer y hermano, así como de sus edecanes, precisa aferrarse a La Moncloa como escafandra de su impunidad.