La playa del Trampolín de Ceuta el 14 de agosto EFE/Reduan
20 días tras el asalto a Ceuta: el Gobierno sigue sin controlar un caos que tiene atemorizados a los vecinos
«Asalto», «invasión», «catástrofe», «miedo», «abandono» o «guerra híbrida» son algunos de los términos que emplea la población ceutí para definir lo que están viviendo
El Debate ha mantenido presencia en Ceuta de manera ininterrumpida desde el día posterior al asalto masivo y ha sido testigo de primera mano de la evolución de una crisis que parece lejos de solucionarse. La última semana en Ceuta ha estado marcada, además de por la evidente falta de seguridad y las miles de personas que continúan deambulando por las calles, por un estancamiento de la situación.
Los primeros días, el caos absoluto con decenas de miles de inmigrantes en la ciudad autónoma obligó a los ceutíes a resguardarse a en sus casas, manteniendo la ciudad sin ningún tipo de actividad habitual, con los locales cerrados y con las fiestas patronales en honor a la Virgen de África suspendidas.
Pero este colapso inicial, dio paso a la marcha de un gran porcentaje de los inmigrantes que habían entrado ilegalmente al territorio europeo, dejando estos últimos días a, según diversas estimaciones, entre 10.000 y 15.000 asaltantes en la ciudad autónoma.
La sensación de la población con el paso de los días es la de que esta situación se está cronificando. A pesar de que los inmigrantes abandonan Ceuta voluntariamente a cuentagotas -unos 200 al día-, la crisis parece haberse estancado en un punto en el que la solución no parece vislumbrarse. Pero, como expresan los ceutíes, no es que no haya solución, «es que no hay voluntad de que la haya».
El trabajo de El Debate en los últimos días se ha centrado en contar la situación de los profesionales de diversos sectores, como son los sanitarios, empleados en el puesto fronterizo, policías nacionales, militares, guardias civiles, decenas de trabajadores del sector servicios y, por supuesto, de los vecinos de Ceuta.
La sociedad ceutí ha sido históricamente una mezcolanza de culturas, en la que los españoles han convivido sin conflictos con ciudadanos marroquíes que han formado sus familias y desarrollado sus vidas en la ciudad autónoma.
Este es el caso de dos taxistas, que tras años de trabajo en la ciudad autónoma aseguran «no haber visto nunca algo así». Ambos coinciden en que «deben irse todos» los que entraron el pasado 30 de julio. Uno de ellos cuenta como el 6 de agosto uno de estos jóvenes aprovechó que circulaba con la ventanilla bajada para robarle la tablet que utiliza para trabajar. «Me dejaron toda la tarde sin poder trabajar», asegura a este medio. «Hay gente buena y gente mala. Pero han entrado más malos que buenos», añadía. Su compañero de profesión y de nacionalidad va más allá y asegura que «esto es una guerra».
Desde comercios y restaurantes se transmite una resignación absoluta. El impacto económico del asalto de más de 70.000 personas a la frontera, pero sobre todo de la sonrojante lentitud del Ejecutivo en dar una respuesta efectiva, ha provocado unas pérdidas a los negocios locales que, confiesan, pueden ser definitivas para muchos trabajadores. «Aquí hay muchas familias que viven muchos meses de la Feria», asegura el propietario de una pequeña tienda de chucherías.
Al conversar con los caballas, todos realizan la misma petición a los medios de comunicación. «Contad lo que está pasando», «que se sepa» o «tenéis que enseñar lo que pasa aquí» son algunas de las frases que repiten a los medios de comunicación que llegan desde la península para informar desde el terreno.
Policías desbordados
Capítulo a parte son las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad. Los agentes a pie de calle se muestran desconfiados al comenzar a hablar con los periodistas. Temen que sus palabras les puedan acarrear expedientes disciplinarios u otros problemas laborales. Pero rápidamente se genera un clima de confianza en el que los agentes explican cómo están viviendo cada uno de ellos la situación. En muchos casos son ceutíes y demuestran el dolor y la impotencia que sienten por su tierra.
Un agente de la Policía Nacional explica a El Debate que él vive en una de las zonas que a día de hoy están «tomadas» por los inmigrantes. El policía, joven y muy musculado, confiesa que a menudo le despiertan las continuas peleas entre inmigrantes y que al asomarse a la ventana «ve cosas que dan miedo». Un agente de la autoridad que evidencia lo que muchos vecinos sienten: un temor inasumible cuando tienen que salir a la calle.
Colapso sanitario
Por último, los médicos cuentan que se enfrentan a un triple temor. Al miedo a salir de casa se suma a que tratan a más de 300 personas diariamente de las cuales «no conocen su historial médico». «Hepatitis B, Hepatitis C, heridas por arma blanca, tuberculosis, infecciones gastrointestinales y -lo que más temen- procesos febriles de origen desconocido» son las atenciones que más se dan durante estos últimos días.
Los sanitarios explican que muchos de sus actuales pacientes vienen de lugares en los que son comunes enfermedades erradicadas en España hace décadas. Un ejemplo gráfico del riesgo al que se exponen es que uno de estos jóvenes, antes de que le administraran un calmante intravenoso, explicó que «era la primera vez que le pinchaban con una aguja», por lo que queda claro que la pauta de vacunación de muchos de estos inmigrantes es nula.
Y la tercera preocupación de los sanitarios es que trabajan sin la protección de la Policía Nacional. Los médicos que han compartido su experiencia con El Debate cuentan que han sufrido amenazas y varios conatos de agresión los últimos días, pero que solo pueden contar con los servicios de seguridad privada del hospital ya que no hay ninguna dotación policial presente permanentemente en el hospital.
Sin expectativa de una solución próxima, la desesperación entre los vecinos de Ceuta se incrementa día a día mientras ven como el desfile de ministros por su tierra no aporta soluciones y, lo único que provoca, es un despliegue policial que todos los ciudadanos querrían ver en sus calles o en la frontera.