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Hirak, el movimiento separatista rifeño que desafía el poder de Mohamed VI

La invasión de Ceuta ha llevado al Partido Nacional Rifeño a defender que un Rif independiente constituiría una alternativa de seguridad para España frente a las recurrentes presiones de Marruecos

Manifestación celebrada el 30 de mayo 2017 en Alhucemas por el HirakEFE

La dramática situación que se vive estos días en Ceuta ha proporcionado un nuevo altavoz al indómito nacionalismo rifeño. El Partido Nacional Rifeño sostiene que los episodios vividos en la frontera ceutí demuestran el fracaso de la política española hacia Marruecos y defiende la autodeterminación del Rif como una alternativa estratégica para la estabilidad de toda la región.

Aunque sus planteamientos siguen siendo minoritarios, la reivindicación hunde sus raíces en más de un siglo de conflictos, rebeliones y tensiones con el poder central marroquí.

El Rif, una historia ligada a España

Si en España preguntásemos por los rifeños, lo primero que probablemente vendría a la cabeza sería Abd el Krim, o episodios históricos como los sucesos de Annual, la legendaria marcha de La Legión en socorro de Melilla o el desembarco de Alhucemas.

La identidad política rifeña moderna nació precisamente durante el periodo en el que España ejercía el Protectorado sobre Marruecos. El Rif era entonces una región montañosa, pobre y escasamente integrada en las estructuras políticas del sultanato marroquí, donde las cabilas conservaban una fuerte autonomía. En 1921, Abd el Krim consiguió unificar a buena parte de las tribus bereberes de la región y proclamó la República Confederada de las Tribus del Rif. Aquel Estado dispuso de gobierno, administración y fuerzas armadas propias, pero nunca obtuvo reconocimiento internacional.

La República del Rif sobrevivió apenas cinco años. En 1926, tras una gran ofensiva conjunta franco-española que comenzó en Alhucemas, el líder rifeño fue derrotado y enviado al exilio. La República del Rif desapareció, pero Abd el Krim se convirtió en un símbolo de la resistencia anticolonial y la identidad rifeña sobrevivió a su derrota.

Las primeras rebeliones contra Rabat

La independencia de Marruecos en 1956 no resolvió el problema. Muchos rifeños esperaban que el nuevo Estado marroquí corrigiera décadas de marginación económica. Ocurrió lo contrario. El poder se concentró en Rabat y las tensiones aumentaron rápidamente.

En 1958 estalló una importante insurrección en el Rif. Las tribus locales se levantaron contra el centralismo del nuevo régimen alauí, reclamando más autonomía y un trato más justo para la región. La respuesta fue implacable. El entonces príncipe heredero Muley Hasán —futuro Hasán II— dirigió personalmente la operación militar de represión. La revuelta fue aplastada. La intervención del Ejército dejó centenares de víctimas y consolidó una profunda fractura entre el Rif y el poder central marroquí.

La tensión reapareció en 1984 durante nuevas protestas sociales. La respuesta del régimen fue nuevamente dura. Aquellos episodios consolidaron entre muchos rifeños la percepción de ser una periferia olvidada por Rabat y sometida periódicamente a la represión estatal.

2016, el año clave

La cuestión rifeña regresó a la actualidad internacional en octubre de 2016.

Ese año, el pescador Mohsen Fikri murió triturado en un camión de basura en Alhucemas cuando intentaba recuperar una carga de pescado que las autoridades acababan de confiscar. Las imágenes se difundieron rápidamente por las redes sociales y provocaron una enorme ola de indignación. Para muchos habitantes de la región, aquella muerte simbolizaba décadas de corrupción, abuso de poder y abandono institucional.

A partir de ese momento surgió el Hirak o Movimiento Popular del Rif, una movilización ciudadana que exigía inversiones públicas, empleo, hospitales, infraestructuras y el fin de la marginación histórica de la región. Sus reivindicaciones eran principalmente sociales y económicas, aunque los símbolos históricos del rifeñismo —la figura de Abd el Krim y la bandera de la antigua República del Rif— reaparecieron con fuerza en las manifestaciones.

Las protestas se extendieron durante buena parte de 2017 y llegaron a movilizar a decenas de miles de personas. También encontraron un importante respaldo entre la diáspora rifeña en España, Francia, Bélgica, Alemania y Países Bajos. Sin embargo, la respuesta de las autoridades marroquíes fue nuevamente represiva. Los principales dirigentes del movimiento, incluido Nasser Zafzafi, fueron detenidos y condenados a largas penas de prisión.

Aunque el Hirak nunca exigió formalmente la independencia, sí puso de manifiesto la persistencia de una identidad rifeña diferenciada y de un profundo malestar hacia el modelo político impulsado desde Rabat.

El Hirak perdió gran parte de su capacidad de movilización tras el encarcelamiento de sus principales dirigentes, pero no desapareció. Sus reivindicaciones siguen vivas tanto entre la población rifeña como en una activa diáspora europea que continúa denunciando la situación de los presos y la marginación económica de la región.

La propuesta del Partido Nacional Rifeño

Fue precisamente en esa diáspora donde las reivindicaciones rifeñas evolucionaron en algunos sectores hacia posiciones abiertamente autodeterministas. El principal exponente de esa corriente es hoy el Partido Nacional Rifeño.

La formación sostiene que las incesantes tensiones en Ceuta evidencian que Marruecos utiliza periódicamente la presión migratoria como herramienta política y que España debería replantearse su estrategia global hacia Rabat. Según sus dirigentes, la estabilidad del norte de África pasaría por reconocer el derecho de autodeterminación del Rif.

Más de un siglo después de la proclamación de la República del Rif, la cuestión rifeña sigue sin resolverse. Por eso, cada vez que Ceuta, Melilla o las complejas relaciones hispano-marroquíes regresan a la actualidad, el Rif reaparece como un actor incómodo.

Pobre, periférico y con una fuerte identidad propia, el Rif sigue contemplando con recelo al poder central. La cuestión rifeña continúa siendo una de las asignaturas pendientes del Marruecos contemporáneo.