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El ministro de Exteriores, José Manuel Albares, junto a la vicepresidenta Sara AagesenEFE

Mandó a un subordinado

Albares convocó a la embajadora marroquí sabiendo que estaba fuera de España y no iba a acudir

Exteriores señala que, aunque la reunión fue con el encargado de Negocios y no con Karima Benyaich, eso «no varía en absoluto ni el acto en sí, ni el valor diplomático de la convocatoria»

El ministro de Asuntos Exteriores convocó a la embajadora de Marruecos el pasado 21 de agosto a sabiendas de que Karima Benyaich se encontraba fuera de España. Y que, por lo tanto, no iba a ser ella quien asistiera, sino un subordinado. No en vano, los embajadores destinados en un país están obligados a comunicar cualquier salida fuera de sus fronteras.

Es el último capítulo del sainete en el que se convirtió este jueves lo que, a primera hora, el presidente vendió como una convocatoria a la embajadora de Marruecos que luego resultó no ser tal. Porque con quien se reunió el ministro José Manuel Albares fue con el encargado de Negocios. Es decir, con la persona que estaba en Madrid esos días, al frente de la embajada.

Aun así, durante las seis horas que duró el Pleno, el Gobierno no aclaró este extremo, sino que jugó a la ambigüedad para dejar que la prensa y la opinión pública creyesen lo que no era. Solo al final del Pleno, Exteriores aclaró a El Debate que, aunque la comunicación iba dirigida a la embajadora, no fue ella quien se presentó ante Albares.

Según fuentes de Exteriores, el 21 de agosto el Ministerio convocó a la embajadora de Marruecos en Madrid «para rechazar las declaraciones de un ministro marroquí sobre Ceuta y Melilla». Las mismas fuentes añadieron: «Al no encontrarse esta en España, y siguiendo lo dispuesto en la Convención de Viena, a la reunión en la sede del Ministerio acudió el Encargado de Negocios, que era en ese momento la máxima autoridad de la embajada en representación de la embajadora».

Desde el departamento de Albares insisten en que eso «no varía en absoluto ni el acto en sí, ni el valor diplomático de la convocatoria». No obstante, la semana pasada el propio ministro podría haber relatado exactamente lo que sucedió, cuando compareció en el Congreso para hablar de la crisis de Ceuta. Allí fue preguntado si había mantenido algún contacto con la embajadora y no respondió abiertamente. Se limitó a señalar: «Las convocatorias de embajadores rara vez se hacen públicas. En cualquier caso, se trasladó oficialmente y públicamente por parte del Ministerio el rechazo a cualquier planteamiento sobre la integridad territorial por todos los cauces diplomáticos formales».

Sin embargo, en ocasiones anteriores el Gobierno sí ha informado a la opinión pública cuando ha convocado a un embajador en señal de protesta por algo, precisamente para hacer más visible aún su malestar. En 2024, el Ejecutivo de Sánchez incluso retiró a su embajadora en Argentina después de que su presidente, Javier Milei, llamase «corrupta» a Begoña Gómez.