¡No es magia, es Sánchez robándote las urnas con tus impuestos!
«Noverdad» Sánchez acredita ser un impostor en toda regla que le conduce a retractarse de todo lo dicho anteriormente para seguir en el machito y huir a zancadas de sus cometidos hasta no reconocerse ante el espejo
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez
Al poner este septiembre negro al través de las mentiras de Sánchez tanto con la invasión de Ceuta camuflada de «nueva realidad» como con su adulteración del censo electoral en el marco de su corrupción institucionalizada, lo que en otros países ya lo tendría en su domicilio debido a sus responsabilidades políticas y pendiente del banquillo por sus secuelas penales, una España perpleja anda, sin embargo, a la espera de cuál será el siguiente órdago a la grande de quien ni escarmienta ni rectifica. En su huida, arrasa con todo como para hacer exclamar como la madre de Ricardo III en el drama de Shakespeare: «¡Tú has venido a la tierra para hacer de ella un infierno!».
A este respecto, hecho a estar entre la espada y la pared, no debe extrañar que, como otro socialista más nieto de militar franquista, reniegue hoy de la Transición que vindicaba y la desdeñe como el «régimen del 78» en su continuo saqueo del programa de aquel Pablo Iglesias que le producía insomnio. Así, afirma hogaño ante sus reclinados entrevistadores de TVE que «la mejor de las Españas fue la de la II República». Parafraseando a Felipe González, antepone ser nieto de una guerra civil a hijo de una democracia, mientras trata de condonar su horizonte penal con un horizonte plebiscitario entre Monarquía Parlamentaria y la República Plurinacional luego de lanzar en su ofensiva contra Felipe VI a su ministro de las guerras Oscar Puente como liebre con aspiraciones de galgo.
En este sentido, «Noverdad» Sánchez acredita ser un impostor en toda regla que le conduce a retractarse de todo lo dicho anteriormente para seguir en el machito y huir a zancadas de sus cometidos hasta no reconocerse ante el espejo. A diferencia del enfermo de Alzheimer de la película «Otros días vendrán», de Eduard Cortés, que un buen día atina a descubrir, ante el empañado espejo del cuarto de baño, la identidad de quien le mira desde el cristal con la cara embadurnada de espuma de afeitar y escribe con pulso tembloroso sobre el húmedo vidrio: «¡Yo!», Sánchez no lo admite desgarrando con ira el cuadro que, después de vender su alma al diablo, debería envejecer por él como el protagonista de Oscar Wilde en «El retrato de Dorian Gray».
No es para menos cuando, sobre el allanamiento de Ceuta, ya no hay dudas sobre el sujeto y el predicado de esta violación de la integridad territorial. Tanto tras los documentos desclasificados del CNI como del comunicado del Ministerio de Asuntos Exteriores marroquí tras las reacciones suscitadas en España por la «marcha azul» de la tarde-noche del 30 de julio que movilizó a 80.000 hijos de Mohamed VI en un ejercicio de guerra hibrida de curso de ingreso en la Escuela de Estado Mayor.
Si sus acusaciones sobre el CNI en un caso insólito en un presidente que no sea títere de otra potencia extranjera le han salido cual tiro por la culata, la amenaza de la Cancillería alauita al PP, luego de que tres de sus ministros reivindicaran la marroquinidad de lo que nunca fue suyo, con «tensiones recurrentes» si incurre en la «ceguera estratégica» por Ceuta ha supuesto el reconocimiento implícito de la paternidad de un asalto que se hizo coincidir con la Fiesta del Trono. Algo, por lo demás, que ven con meridana claridad incluso quienes padecen ceguera biológica, salvo Sánchez y los suyos que llevan más de 40 días y 40 noches exculpando a Rabat, pese a los informes de los servicios de inteligencia españoles sobre la marabunta que investiga la juez Tardón.
Si Marruecos aprovechó la lección de la reconquista del Peñón de Perejil, Sánchez la ha desdeñado hasta el punto de facilitar la segunda fase de esta «marcha azul» que sigue el trazo grueso de la «marcha verde» por el que Hasan II se adueñó del Sáhara español sacando tajada de la agonía de Franco. Es más, lejos de expulsar a los intrusos, Sánchez esta trasmutando a Ceuta en centro de alojamiento para que, haciendo invivible la urbe a sus aborígenes, acelerar el reemplazo poblacional hasta satisfacer las ambiciones irredentistas del sultán.
Todo ello justo cuando Marruecos afronta elecciones legislativas en cuya campaña es menos comprometido avivar los planes expansionistas que los problemas domésticos atendiendo a las reglas de una carta otorgada en la que Mohamed VI se arroga sus primordiales competencias ejecutivas atribuyéndolas a su círculo íntimo (el majzén) en una teocracia en la que el monarca es asimismo comendador de los creyentes. Pero, si estos comicios son para muchos observadores menos creíbles que los de 2021 tras prohibirse impugnar los resultados bajo procesamiento penal, Sánchez trabaja afanosamente en esa senda tras su derrota de julio de 2023 y luego salvar los muebles tirando la casa por la ventana hipotecando la integridad territorial de España a sus pactos con separatistas y al chantaje de Marruecos al que entregó el Sáhara y ahora rinde Ceuta.
De casta le viene al «galgo de Paiporta». Llegado a la secretaria general del PSOE mediante sendos pucherazos en elecciones internas y reteniendo el poder en una investidura comprada al prófugo Puigdemont en unos comicios donde los pucheros del voto por correo fueron guardados en la alacena de dos imputados su exjefe de gabinete, Juanma Serrano, como presidente de Correos, y la fontanera-jefe de las cloacas socialistas, Leire Díez, al frente de esa parcela, cualquier cosa debe temerse de un peligro público como Sánchez.
Por eso, es muy importante que, aunque sea cautelarmente, el Tribunal Supremo, merced a la labor de la prensa -singularmente El Debate- y de las acusaciones particulares, dos de los objetivos de las contrarreformas liberticidas del ministro Bolaños, haya paralizado la denominada «ley de Nietos». Prevaricando que es gerundio, el gobierno rectificó su propio ley para conceder nacionalidad y voto a los descendientes de los exiliados por razones políticas, ideológicas, religiosas o de orientación e identidad sexual para generalizarla a todos los que hubieran emigrado entre el 18 de julio de 1936 y el 31 de diciembre de 1955. De esta guisa, el Censo Electoral de Residentes Ausentes (CERA) contaba el 1 de julio de 2026 con 2.736.522 electores frente a los 2.328.260 de las generales de 2023, esto es, 408.262 más y subiendo. Por arte de birlibirloque, si Sánchez lo precisaba, se sacaría más «cera» de la que ardía para no dejarlo en penumbra.
Al alterar una Instrucción de la Dirección General de Seguridad Jurídica y Fe Pública de fecha 25 de octubre de 2022 la ley publicada sólo cinco días antes en el BOE, se patentizaba no ya el clásico hecha la ley, hecha la trampa, sino que el fraude estaba listo de antemano por Sofia Puente, firmante de la fechoría y con la que el ministro Bolaños se presentó el otro día del brazo en la solemne apertura del Año Judicial después de promocionarla dentro de su departamento. La hermana del ministro Puente volvió a certificar que la realidad, en esta España ditirámbica, supera la ficción, a base de intercambiar las comas como en «Los intereses creados» de Jacinto Benavente, donde el juez logra, a instancias de su sirviente Crispín, dejar libre a su amo Leandro. Ello impulsa lleva a Crispín a loar la coma: «¡Oh, admirable coma! ¡Maravillosa coma! ¡Genio de la Justicia! ¡Oráculo de la Ley! ¡Monstruo de la Jurisprudencia!».
Si las comas cambiadas de lugar, exoneraban a un condenado para que Crispín bien sirviera los intereses de su señor, la hermana del ministro Puente hacía lo propio con su «Puto amo» mediante la misma falsilla de la prevaricación de una ley retrotrayendo al tinglado de la antigua farsa. Como en la publicidad de la campaña de la renta «No es magia, son tus impuestos», aquí tampoco es magia, sino Sánchez tratando de dar un pucherazo con los impuestos de los estafados, aunque sus tretas choquen por ahora con la Justicia y sólo convenza a los metidos en cintura por su nómina oficial. De hecho, buscando cisnes negros, sólo se le aparecen gansos, como si todo estuviera consumado, pero que le hacen más peligroso cuanto más colija que, de perdidos, al río.