Inmigrantes se instalan en el nuevo centro de acogida de Los Rosales, a 14 de septiembre de 2026, en Ceuta
Todos los peligros que afronta Ceuta si la situación se prolonga hasta diciembre como afirma Sánchez
«La gente ya no tiene ánimo ni ganas, ni se siente segura para estar fuera de casa», resume un vecino, que afirma que, conforme las horas de oscuridad vayan ganando terreno a las de sol, la convivencia en la ciudad se hará cada día más difícil
Un mes y medio después de la entrada masiva de inmigrantes en Ceuta, con la ciudad al borde del colapso, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, se limitó a pedir, durante su entrevista televisiva de este lunes en El Intermedio con Wyomig, paciencia a los ceutíes. Afirmó, a su vez, que espera que la situación quede «estabilizada» antes de final de año y defendió que todavía es necesario completar la identificación de los inmigrantes que permanecen en la ciudad para determinar quién debe regresar a Marruecos y quién puede acogerse al derecho internacional. En otras palabras, que el calendario que plantea Moncloa significa que Ceuta podría tener que convivir durante otros tres meses con las consecuencias de la entrada de más de 70.000 personas.
Es por ello que, entre los ceutíes, crece el nerviosismo, pensando hasta cuándo seguiran teniendo que vivir así, con servicios sanitarios colapsados y una sensación de inseguridad creciente, ahora que también los niños ya han regresado a las aulas. «Llevamos más de un mes esperando, con promesas de que se solucionará, y ahora nos dicen que tenemos que seguir así tres meses más. ¿Dónde queda nuestra dignidad?», resume, indignada, una ciudadana.
El ejemplo más visible está en la costa, donde el asentamiento de la playa de El Trampolín, lejos de desaparecer después de los sucesivos desalojos, se ha extendido hacia la cercana playa de Benítez, con más de un centenar de construcciones improvisadas hechas con cañas, madera y cartón, levantadas junto a la planta desalinizadora que abastece de agua a la ciudad.
Precisamente, la proximidad de estos asentamientos a la desalinizadora añade un problema a una situación que ya plantea dificultades de salubridad y convivencia, con la permanencia de cientos o miles de personas en construcciones improvisadas, con residuos, fuegos y unas condiciones higiénicas precarias. En las últimas semanas, además, se ha hablado de posibles casos de tuberculosis en los asentamientos, pero Sanidad ha descartado que exista un brote en Ceuta y ha señalado que los casos detectados correspondían a personas que ya estaban diagnosticadas y en tratamiento.
Más allá de cuestiones de salubridad, otra de las cuestiones que más inquieta a los ceutíes es el desarrollo de un curso escolar marcado, irremediablemente, por la invasión. Y es que miles de niños han regresado a las aulas mientras todavía hay personas durmiendo en las inmediaciones de algunos centros y grandes concentraciones de inmigrantes en barrios como El Príncipe o Loma Colmenar. En el colegio Reina Sofía, por ejemplo, familias y profesores denunciaron suciedad y la presencia de inmigrantes en los alrededores, mientras algunos padres aseguraban que no habían llevado a sus hijos a clase. «Me da miedo pensar en tener que volver sola. Imagínate a los niños, coger el bus, ir andando... no van a poder quedar con amigos o hacer extraescolares», afirma a este periódico una profesora escolar de la ciudad.
Por otra parte, el tiempo también juega en contra de unos asentamientos concebidos para el verano, con la duda de qué ocurrirá cuando las noches sean cada vez más largas y el otoño traiga lluvia, humedad y temperaturas más bajas. Las chabolas levantadas con cartones, cañas y madera no están preparadas para convertirse en viviendas durante meses, y si el desalojo de un asentamiento simplemente provoca que sus ocupantes se desplacen unos cientos de metros y levanten otro, el problema cambia de ubicación pero no desaparece.
«La gente ya no tiene ánimo ni ganas, ni se siente segura para estar fuera de casa», resume un vecino, que afirma que, conforme las horas de oscuridad vayan ganando terreno a las de sol, la convivencia en la ciudad se hará cada día más difícil. Sánchez ha pedido paciencia, pero la realidad es que la ciudad ya está agotada tras un mes y medio donde su vida ha dado un vuelco.