El expresidente del Gobierno y presidente de FAES, José María Aznar
Aznar avisa de la factura del sanchismo: «Si España está desordenada y vendida, habrá que rescatarla y defenderla»
El ex presidente del Gobierno aseguraba que está en juego «España como nación histórica, cívica y plural, frente a la aspiración plurinacional de la izquierda y al esencialismo de cierta derecha»
«El Gobierno, incapaz de ningún esfuerzo distinto a la propaganda, arrastra una existencia inútil. Es es una fábrica de relatos a la espera de capitalizar, cuando toque, las mentiras que propaga». Con estas palabras, el ex presidente del Ejecutivo José María Aznar intervenía en la inauguración del Campus Faes 2026 –fundación que él también preside–. Así, transmitiendo su «firme esperanza» en que el próximo verano haya en España un «Gobierno responsable y competente».
El exlíder popular lamentaba que España «no ha salido más fuerte de estas dos legislaturas». «¿Cómo iba a salir más fuerte de la mano de un Gobierno dispuesto a dejar atrás a la mitad del país que no le vota?», se preguntaba, mientras hacía un repaso de la «España averiada»: «La red ferroviaria, las infraestructuras hidráulicas de la red de aeropuertos, todo lo que vertebra materialmente España y es competencia de la Administración central padece un deterioro galopante».
«Lo que debe irse con el sanchismo»
Así, cargaba contra los «cacareados» anuncios de mejora de servicios públicos, a la vez que lamentaba el «menor poder adquisitivo, muchos más impuestos, despilfarro y deuda» del país. «Lo que debe irse con el sanchismo no es solo una persona o un partido, es una práctica política», proseguía, acusando al PSOE de ejecutar una «auténtica privatización del Estado».
Del mismo modo, arremetía contra Sánchez por intercambiar «poder por amnistía» y mencionaba que «si no hay presupuestos es porque se acepta mansamente el veto de los secesionistas, que mantienen al Gobierno sobre la poltrona, pero bajo su dictado».
El ex presdiente del Gobierno igualaba la corrupción política de quienes «enchufan primas y parientes, cobran mordidas a costa del Erario o se pervierten los procedimientos administrativos» con quienes dicen que los indultos, la amnistía o la liberación de terroristas «deben ser aplaudidos» por «comprar la paz social» y «normalizar los conflictos».
Incluía en el haber de Sánchez el auge de Aliança Catalana, vaticinando un Parlamento autonómico «copado por la versión más xenófoba del independentismo», en el País Vascos «vaciar las cárceles y anegar con sus testaferros las instituciones», de «traicionar compromisos en el Sáhara o hacer dejación del control de fronteras». Todo ello manteniendo «intacto su derecho a tener vacaciones».
«Ni puzle, ni mosaico, ni muñeca rusa»
Asimismo, Aznar se refería a la paralización de los efectos de la ley de nietos por el Tribunal Supremo, calificándolo de «un intento de deformar el censo electoral». También le acusaba de «sacrificar el interés nacional buscando tan solo el impacto demoscópico».
Haciendo un llamamiento a acudir a las urnas en la próxima convocatoria de elecciones generales, aludía a que, llegado el momento de desalojar a Sánchez de la Moncloa, «no se tratará solo de relevarle, sino de restaurar en el Gobierno los valores erosionados por el sanchismo» desde una perspectiva «seriamente integradora». «Un socialismo abonado a la política de trinchera no tiene autoridad moral para denunciar el supuesto extremismo de los demás», apostillaba, mencionando que el problema de estos ocho años no es «con quién» pacta el Ejecutivo, sino «qué pactan».
Apelaba, así, a la idea de España del Partido Popular como «realidad nacional, fórmula de unidad y diversidad» donde la soberanía «ni se fracciona ni se diluye». «Ni federación, ni confederación, ni nación de naciones, ni estado plurinacional. Es decir, ni puzle, ni mosaico, ni muñeca rusa», proseguía.
El expresidente insistía en que esa idea de nación es lo que está en juego: «España como nación histórica, cívica y plural, frente a la aspiración plurinacional de la izquierda y al esencialismo de cierta derecha». Aznar aseveraba que «las siglas del PP serán el camino más corto para que un Gobierno fuerte pueda hacer lo contrario del sanchismo», integrando a los españoles, destacar lo que les une y compartir objetivos «auténticamente nacionales».
«Si España está desordenada, vendida y expuesta, habrá que ordenarla, rescatarla y defenderla; no hay otro modo de proteger a los españoles», sentenciaba.