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Estimación de escaños según el promedio de sondeos de octubreEl Debate

Elecciones generales

El espejismo de la remontada

Sánchez no ha convocado para ganar, sino porque su ciclo se ha agotado. La clave del 29-N no es su resurrección, sino quién queda primero y con cuánto margen

Estos días se discute en tertulias y columnas si Pedro Sánchez puede remontar en las encuestas. La pregunta parte de una idea equivocada: que el presidente ha disuelto las Cortes porque cree que puede volver a gobernar. No es así. Ha convocado elecciones porque su ciclo está agotado. No tiene apoyos parlamentarios para sacar adelante sus leyes. Le rodean los casos de corrupción. Ha dejado las fronteras desprotegidas, como se ha visto en Ceuta, y ha abandonado infraestructuras básicas, desde un AVE que acumula incidencias hasta unas carreteras que se deterioran año tras año, saca a última hora un decreto tumbado que se empeña en aprobar en la Diputación permanente, improvisación es distinto que estrategia, seamos serios. Cuando un gobierno no puede legislar, ni gestionar, ni explicarse, adelantar las elecciones no es una apuesta. Es una salida.

Hay un motivo más profundo que casi nadie quiere ver. En la sociedad española hay una pulsión de cambio que no tiene que ver con el enfrentamiento que muchos partidos, de un lado y de otro, se empeñan en vendernos desde ese circo en que se ha convertido el Congreso de los Diputados. El presidente es un cadáver político amortizado, y así lo ven sus socios, buena parte de su partido y un amplio sector de la ciudadanía y sus votantes. Repetir que puede resucitar es alimentar un espejismo. También lo es creer que la derecha seguirá subiendo sin freno hasta un resultado muy por encima de los 200 diputados. Los dos extremos del debate se equivocan en lo mismo: confunden el deseo con el dato.

El reloj de arena

Las encuestas cuentan lo mismo desde hace más de un año. Muchos españoles que no quieren a Sánchez no entienden cómo sigue por encima del 25 %-26 % de los votos y de los 100-105 diputados. Cualquier analista lo ve a simple vista: el PSOE se ha comido una parte importante del electorado a su izquierda. Basta con mirar cuánto suman hoy Podemos y Sumar. Ese trasvase es lo único que, a duras penas, mantiene a los socialistas por encima de los cien escaños.

Si el PSOE sube, cosa que no se puede descartar, lo hará a costa de sus socios. Si baja, será porque esos socios se han organizado mejor. En los dos casos el bloque se queda igual. El voto de izquierdas funciona como la arena de un reloj: puedes darle la vuelta las veces que quieras, pero no por eso hay más granos dentro.

Por eso la pregunta importante no es si Sánchez puede recuperarse, sino qué harán los indecisos y los abstencionistas temporales de izquierdas. Son entre 600.000 y 700.000 votantes potenciales. También cuenta si el voto por correo puede arañar algún escaño de última hora al bloque del Gobierno, como ya ocurrió otras veces, aunque cueste entender por qué. Pero hay un dato que las encuestadoras ya manejan: aunque se movilizara toda esa izquierda, seguiría habiendo una ventaja de 14 diputados a favor del cambio. No es una ventaja muy grande, por eso a los aspirantes les deber importar más no meter la peña y enredarse que otra cosa.

El debate que importa

Si el cambio llega, la cuestión de fondo es otra: qué cambio prefieren los españoles. Una opción es un PP casi empatado con el PSOE, entre 115 y 130 diputados, que dependa de un Vox fuerte por encima de los 65 o 70 escaños. La otra es un PP con una ventaja amplia sobre los socialistas, por encima de los 140 o 145 diputados, con un Vox de apoyo exterior en torno a los 45 o 50. No son escenarios equivalentes. El primero da un gobierno muy condicionado a su socio. El segundo da un gobierno con margen para gobernar con un programa propio y apoyos puntuales. Ese es el debate más interesante para el bloque que quiera traer el cambio, y por eso importa más quién quede primero, y con cuánta distancia, que la suma exacta de los bloques.

El presidente de Vox, Santiago Abascal, y el presidente del PP, Alberto Núñez FeijóoEuropa Press

Los aspirantes deben plantear esta campaña como el comienzo de una nueva etapa, no como una pelea en la que se pierden las formas. Ya ningún partido engaña a los españoles con ese teatro. La gente no quiere revanchas ni más debates inútiles. Quiere menos ideología y más ideas. Quiere que las cosas funcionen y que la democracia sea limpia.

La estrategia de Sánchez, pues es más que evidente, su único objetivo es quedar por delante del PP, no es imposible, si consigue que Vox suba por encima de los 65-70 diputados, el PP y PSOE podrían quedar más cerca de lo que pensamos. ¿Es fácil? Pues a los que analizamos datos nos parece poco probable pues no dependería solo de lo que pase en el bloque derecho, sino de que el PSOE tendría que ampliar unos cuantos puntos su ventaja recogiendo aún más voto de sus socios de izquierdas. Demasiadas cosas simultaneas…

Lo que saben los españoles

Los españoles saben lo importante que es llegar a su hora al trabajo, dar una buena educación a sus hijos y cuidar de sus mayores. Saben lo que es prestarle una mascarilla o hacerle la compra al vecino, como hicimos en la pandemia, sin preguntarnos si es de izquierdas o de derechas. Esto no va de ricos contra pobres ni de izquierdas contra derechas. Va de las nuevas generaciones, de una democracia sana, de mejorar la justicia, la educación, la sanidad y los servicios públicos.

El 29 de noviembre no se elige entre dos Españas enfrentadas. Se elige entre seguir con un gobierno que no ha podido legislar y que necesitaría resetearse y obtener un amplísimo apoyo social, o abrir una etapa con la esperanza de que aplique sentido común, concordia y progreso para todos. Que cada uno vote lo que crea oportuno. Y quien no lo tenga claro y solo vaya a votar por odio o por envidia, mejor que se quede en casa. Lo de la remontada es un espejismo, y quien persigue espejismos en el desierto suele acabar perdido.

  • José Manuel San Millán es consultor electoral y político, y socio fundador de TargetPoint