El silencio de Huelva
El mutismo patente en casi toda la ciudad era este jueves 29 de enero una constante excepto en un lugar: el recinto que acogía el funeral de todas las víctimas de la catástrofe de Adamuz
El rey Felipe y la reina Letizia durante el funeral que se celebra este jueves en Huelva para acompañar a los familiares de las 45 víctimas mortales del accidente ferroviario
Huelva, conocida como la Ciudad de la Luz, era este jueves encapotado y semilluvioso la urbe del silencio. Un inesperado mutismo, en una zona, como casi todas las del sur, que se vincula a la alegría, recibía al extraño. Sus calles, durante las primeras horas de la tarde de este 29 de enero, estaban vacías y en calma.
A las seis de la tarde, ese silencio que envolvía no solo a la capital, sino a toda la provincia, se rompía por diferentes motivos en el interior del Pabellón Carolina Marín, lugar escogido para celebrar la misa funeral por las 45 víctimas de Adamuz. 28 de ellas son onubenses.
Ese sigilo era quebrado en primer lugar por las oraciones en la víspera. Unas 4.300 personas se unían en el rezo para recordar a sus muertos. «Soy católico y estoy muy de acuerdo con que se haya celebrado una despedida religiosa», nos decía Manuel, sentado en una de las gradas. «No tenía ningún sentido en una provincia como la nuestra el funeral laico que proponían las autoridades», añadía. «Siempre sobra la política, pero hoy aún más».
Otros sonidos se hicieron presentes a lo largo de la jornada, desafiando al silencio que hasta entonces gobernaba. Como por ejemplo, los vítores y aplausos con los que Huelva recibió a los Reyes de España. Los jefes de Estado quisieron estar junto a las víctimas y sus familiares, y lo demostraron. La ciudad lo supo agradecer.
Más ecos esclarecedores. El del obispo de Huelva, monseñor Santiago Gómez Sierra, que afirmó que «es necesario esclarecer la verdad de lo ocurrido y actuar con justicia, para que su sacrificio no sea olvidado y para que, en la medida de lo posible, se eviten tragedias semejantes en el futuro».
Tras él, otro sonido, duro, impactante, pero necesario. Lo vocalizó Liliana Sáenz, como portavoz de todas las familias, las mismas que le habían hecho ver al Gobierno su incomodidad con el tipo de funeral que planeaba llevar a cabo. «Gracias a nuestra diócesis por este funeral, el único que cabía en esta despedida, pues la única presidencia que queremos a nuestro lado es la del Dios que hoy aquí se ha hecho presente en el pan y el vino bajo la mirada de su madre en su advocación cinteña. Huelva es una tierra mariana, Andalucía es un pueblo creyente y es abrazando su cruz donde encontramos mayor consuelo», expresó.
«Sabremos la verdad, lucharemos para que nunca haya otro tren, pero lo haremos desde la serenidad, desde el alivio, desde la paz de saber que en los brazos de la Virgen ahora duermen», ha dicho, al tiempo que ha pedido a la Virgen de la Cinta que les den «paz, serenidad, descanso eterno». «Que no sientan el dolor, que no sientan la miseria», continuó.
Las palabras y los aplausos en alto dejaron paso a otras confesiones más íntimas y solemnes. Así lo interpretaron don Felipe y doña Letizia, cuando se acercaron a todos los familiares y supervivientes del accidente. Con ellos estuvieron y con todos ellos compartieron su dolor. En el momento de abandonar el edificio, una nueva ovación, la última de la jornada. Poco a poco, el pabellón se fue desalojando mientras la lluvia hacía acto de presencia. Y Huelva volvió a sumirse en el silencio.