Efigie del primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu

Efigie del primer ministro de Israel, Benjamin NetanyahuRRSS

El pueblo de Málaga que quemó un muñeco de Netanyahu responde a Israel: «Es una tradición»

La alcaldesa reivindica el carácter simbólico del acto tras la protesta de Israel, mientras el pueblo insiste en que forma parte de una celebración arraigada

La polémica generada por la quema de un muñeco que representaba al primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, en el municipio malagueño de El Burgo ha encontrado una rápida respuesta por parte de sus vecinos y autoridades locales, que defienden el acto como una tradición popular sin intención ofensiva.

La alcaldesa socialista del municipio, María Dolores Narváez, ha salido al paso de las críticas, especialmente tras la reacción diplomática de Israel, subrayando que la quema de figuras simbólicas forma parte de una costumbre con décadas de historia en la localidad. Según ha explicado, este tipo de actos no se dirigen contra ningún pueblo o religión, sino que buscan representar de forma simbólica aquello que la comunidad considera negativo o reprobable.

Una tradición arraigada

En El Burgo, la quema de muñecos, similar a la tradicional quema del ‘Judas’, se celebra desde hace años como parte de sus fiestas. Cada edición suele estar vinculada a figuras de actualidad o acontecimientos que han marcado la agenda social o política, en clave crítica o satírica.

Este año, la elección de Netanyahu se enmarca, según fuentes locales, en el rechazo a la situación en Oriente Próximo, aunque los vecinos insisten en que no existe un componente de odio, sino una expresión simbólica dentro de una tradición festiva.

Reacción internacional y defensa local

La repercusión del acto ha traspasado el ámbito local hasta convertirse en un asunto diplomático con Israel convocando a la encargada de negocios española en Tel Aviv. Sin embargo, desde el municipio malagueño se insiste en rebajar la tensión y contextualizar lo ocurrido.

Tanto la alcaldesa como varios vecinos han defendido que se trata de una manifestación cultural sin ánimo de ofender, y han mostrado su sorpresa por la dimensión internacional que ha adquirido el suceso.

Desde el Ayuntamiento también han insistido en que el contenido del muñeco responde a una crítica política concreta y no a una identidad colectiva, subrayando que en ediciones anteriores se han representado otras figuras o problemáticas de actualidad. En este sentido, recalcan que la tradición se adapta cada año al contexto social, lo que explicaría la elección de este año sin que ello suponga, aseguran, un posicionamiento contra ningún país o comunidad.

El caso evidencia cómo una práctica local, habitual en muchos municipios españoles, puede adquirir una lectura completamente distinta fuera de su contexto, generando un choque entre tradición popular y sensibilidad internacional.

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