Josu Zabarte, el 'carnicero de Mondragón' en el acto de desarme de ETA en Bayona (Francia) en 2017
La huella del 'Carnicero de Mondragón' en Andalucía: el asesinato del guardia civil sevillano Luis Miranda
Jesús María Zabarte Arregui fue condenado por el crimen del agente de Tráfico, de 28 años y padre de dos hijas. Su muerte vuelve a poner el foco sobre la huella que ETA dejó en Andalucía
La muerte de Jesús María Zabarte Arregui, a los 80 años y conocido como el ‘carnicero de Mondragón’, pone fin a la vida de uno de los miembros más sanguinarios de ETA. Condenado por 17 asesinatos y una veintena de atentados, fue uno de los integrantes más temidos del comando Donosti durante los años de mayor actividad de la organización terrorista. En una entrevista para El Mundo confirmó su falta de arrepentimiento por sus crímenes, asegurando: «Yo no he asesinado a nadie, yo he ejecutado».
Su muerte vuelve a poner el foco sobre una de las etapas más oscuras de la historia reciente de España e invita a recordar que el terrorismo de ETA no solo sembró el miedo en el País Vasco y Navarra.
Andalucía también sufrió sus consecuencias, tanto por los atentados cometidos en su territorio como por los numerosos andaluces destinados en el norte que nunca pudieron regresar a casa.
Entre ellos se encontraba Luis Miranda Blanco, guardia civil de Tráfico nacido en Sevilla, cuyo asesinato figura entre los crímenes por los que fue condenado Zabarte.
El terror llegó a una familia sevillana
Luis Miranda Blanco tenía 28 años, estaba casado y era padre de dos hijas cuando ETA acabó con su vida el 5 de julio de 1981.
A las seis y media de la mañana, el agente patrullaba junto a otro compañero por la carretera Nacional I, a la altura de la localidad guipuzcoana de Lezo. Los terroristas permanecían ocultos tras un muro situado junto a la calzada y, cuando el vehículo oficial pasó frente a ellos, descargaron una ráfaga de disparos con subfusiles contra el coche de la Guardia Civil.
Luis Miranda Blanco
El atentado fue fulminante. Luis Miranda murió prácticamente en el acto, mientras que su compañero, José Paradero, resultó gravemente herido, aunque consiguió salvar la vida. A escasos metros circulaba otro vehículo camuflado de la Guardia Civil como medida preventiva frente a posibles atentados, pero ni siquiera esa vigilancia adicional pudo impedir la emboscada.
Por aquel asesinato fueron condenados Jesús María Zabarte Arregui, Ignacio Esteban Erro Zazu y Luis María Lizarralde Izaguirre, integrantes del comando Donosti.
El terrorismo de ETA en Andalucía
El asesinato de Luis Miranda fue solo una de las muchas historias que unieron a Andalucía con la violencia de ETA. Durante décadas, numerosos guardias civiles, policías nacionales y militares nacidos en la comunidad fueron asesinados mientras prestaban servicio en el País Vasco, dejando tras de sí familias rotas y pueblos enteros conmocionados.
Pero la banda también llevó el terror directamente al sur. En agosto de 1989, Conrada Muñoz Herrera se convirtió en la primera víctima mortal de ETA en la provincia de Granada al fallecer tras abrir un paquete bomba enviado a su hijo, funcionario de prisiones. La explosión también hirió a otros familiares, conmocionando a toda la provincia.
Granada volvería a sufrir otro de los atentados más simbólicos de la organización con el asesinato, en octubre de 2000, del fiscal jefe del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía, Ceuta y Melilla, Luis Portero García, tiroteado por la espalda cuando regresaba a su domicilio.
Sevilla tampoco escapó de la barbarie. En enero de 1998, el concejal del Partido Popular Alberto Jiménez-Becerril y su esposa, Ascensión García Ortiz, fueron asesinados por un comando etarra cuando regresaban caminando a su casa, un crimen que marcó para siempre la memoria colectiva de la ciudad.
De izquierda a derecha: Ascensión García, Alberto Jiménez, Conrada Muñóz y Luis Portero
La memoria frente al olvido
Aunque ETA anunció el cese definitivo de su actividad armada en 2011 y la organización terminó desapareciendo años después, el recuerdo de las víctimas sigue muy presente.
La muerte del denominado ‘carnicero de Mondragón’ cierra la vida de uno de los etarras más sanguinarios de la historia de España, pero no borra el sufrimiento causado durante décadas. Andalucía también pagó un alto precio por el terrorismo, tanto con atentados cometidos en su territorio como con decenas de servidores públicos asesinados lejos de casa.
Historias como la de Luis Miranda Blanco, Conrada Muñoz Herrera, Luis Portero García, Alberto Jiménez-Becerril o Ascensión García Ortiz recuerdan que la barbarie de ETA también dejó una profunda cicatriz en Andalucía. Una memoria que sigue siendo imprescindible para preservar la verdad, la dignidad y la justicia de las víctimas frente al paso del tiempo.