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Encarnación GuardiaBajo Albaizín

El exorcismo del Albaicín: el caso que convirtió a Granada en escenario del misterio y la polémica en España

La muerte de Encarnación Guardia durante un supuesto ritual para expulsar al demonio sigue alimentando, más de tres décadas después, una de las historias más inquietantes de la crónica negra española

Hay historias que el tiempo no consigue borrar. Granada guarda leyendas nazaríes, edificios rodeados de misterio y sucesos que todavía hoy generan debate. Pero pocos episodios han alcanzado la repercusión del conocido como el exorcismo del Albaicín, un caso ocurrido en enero de 1990 que acabó con la muerte de una mujer y que, más de treinta años después, continúa siendo objeto de libros, documentales y programas especializados.

Lo que sucedió aquella noche en una vivienda del histórico barrio granadino sigue dividiendo a quienes creen que todo obedeció a un episodio de fanatismo y a quienes sostienen que detrás ocurrió algo difícil de explicar. Entre ambos extremos permanece una única certeza: Encarnación Guardia falleció tras un ritual que pretendía expulsar al demonio de su cuerpo.

Un viaje a Francia

Según el relato mantenido durante años por familiares y algunas de las personas que participaron en aquellos hechos, la historia comenzó meses antes de la tragedia.

Encarnación se había desplazado a Francia para trabajar en la vendimia. Fue allí donde, supuestamente, habría entrado en contacto con prácticas relacionadas con el ocultismo y el espiritismo. A su regreso a Granada empezó a mostrar un comportamiento que alarmó a quienes convivían con ella.

Convencida de que llevaba dentro al demonio, llegó a asegurar que había participado en rituales durante su estancia en Francia y que aquello había cambiado su vida para siempre. Incluso manifestaba creer que era la madre del diablo.

Ante esa situación, la familia decidió buscar ayuda fuera del ámbito médico. Así apareció la figura de un conocido curandero granadino apodado ‘El Pastelero’, quien aceptó realizar una sesión para, supuestamente, expulsar el mal que, según los presentes, habitaba en el cuerpo de Encarnación.

La noche del ritual terminó en tragedia

La sesión tuvo lugar en una vivienda del Albaicín. Allí se reunieron varios familiares y personas cercanas, convencidos de que la mujer estaba poseída.

Con el paso de los años, algunos de los asistentes aseguraron que durante el ritual Encarnación comenzó a hablar con una voz distinta a la habitual, que identificaban con la de un hermano fallecido. También relataron que, supuestamente, varias sillas llegaron a moverse solas dentro de la habitación. Ninguno de esos episodios pudo ser acreditado durante la investigación judicial, aunque terminaron alimentando la leyenda del caso.

Vivienda donde ocurrió todo situada en la calle de San Luis 39

Vivienda donde ocurrió todo situada en la calle de San Luis 39Google maps

Lo que sí quedó reflejado en el procedimiento fue que la mujer fue sometida durante horas a un ritual extremadamente violento. Según la sentencia, recibió golpes y fue obligada a ingerir un preparado con una elevada concentración de sal y otros ingredientes que agravaron todavía más su estado.

Cuando fue trasladada al Hospital Virgen de las Nieves, los médicos ya no pudieron hacer nada por salvar su vida.

La investigación concluyó que la muerte fue consecuencia de las lesiones sufridas y de la ingesta forzada del brebaje, descartando cualquier explicación sobrenatural.

Entre la leyenda y la realidad

Si el proceso judicial cerró la vía penal, el misterio comenzó a crecer con el paso de los años.

Uno de los testimonios que más contribuyó a alimentar esa leyenda fue el del médico forense Manuel García Blázquez, encargado de practicar la autopsia.

En entrevistas concedidas años después, Blázquez explicó que, al descubrir el cadáver bajo la sábana de la morgue, le llamó profundamente la atención la postura del cuerpo. Según su propio relato, el cuello aparecía extraordinariamente elongado, la cabeza permanecía girada de una forma poco habitual y la expresión del rostro le produjo un fuerte impacto.

El forense contó que intentó inmortalizar aquellas imágenes con una cámara Polaroid, pero las fotografías aparecieron completamente negras. Según explicó posteriormente, volvió a intentarlo, obteniendo el mismo resultado. Después recurrió a una cámara de vídeo Betamax conectada por cable y, siempre según su testimonio, tampoco consiguió registrar imágenes hasta revisar el equipo.

Fue entonces, relató Blázquez, cuando dirigió la mirada hacia la ficha identificativa colocada junto al cadáver. En ella leyó el nombre de la fallecida, el lugar de procedencia: Granada, barrio del Albaicín y una palabra que, según confesó, le hizo comprender inmediatamente el expediente que tenía delante: «Exorcismo».

Aquellos episodios nunca formaron parte de la sentencia judicial y pertenecen al relato posterior realizado por el propio forense, pero contribuyeron decisivamente a convertir el caso en uno de los grandes misterios contemporáneos de España.

La Iglesia católica, por su parte, nunca reconoció aquel ritual como un exorcismo oficial. De hecho, recordó que este tipo de ceremonias solo pueden ser realizadas por sacerdotes expresamente autorizados por el obispo, circunstancia que nunca se produjo en este caso.

Más de treinta años después, el exorcismo del Albaicín continúa ocupando un lugar destacado en la memoria de Granada. Entre la crónica negra, la superstición y la leyenda, sigue siendo uno de esos sucesos que aún hoy despiertan la misma pregunta que aquella noche de enero de 1990: ¿qué ocurrió realmente en aquella casa del Albaicín?

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