ss

Sheila, junto a Juan y Medio durante su etapa en Menuda Noche, y en una imagen actualSheila Herruzo

Andalucía

La niña de 'Menuda Noche' que conquistó a toda Andalucía: «No era consciente de la suerte que tenía»

Sheila Herruzo recuerda para El Debate cómo llegó por casualidad al programa de Juan y Medio, la amistad que nació entre aquellos niños y el deseo que mantiene dos décadas después: volver a reunir a aquella familia que creció delante de toda Andalucía

Hay programas que terminan convirtiéndose en parte de la memoria de varias generaciones. En Andalucía, uno de ellos fue Menuda Noche, el espacio de Canal Sur presentado por Juan y Medio que, durante años, reunió cada viernes por la noche a miles de familias frente al televisor. Entre entrevistas, actuaciones musicales y juegos, decenas de niños pasaron por un plató que acabó siendo casi una segunda casa para ellos y que lanzó a artistas como los Gemeliers, Abraham Mateo, Ana Mena, María Carrasco o María Figueroa.

Una de aquellas niñas fue Sheila. Llegó con apenas cinco años y permaneció cerca de seis formando parte del programa. Dos décadas después, Sheila recuerda para El Debate aquella etapa de su vida, el cariño que recibió sin ser consciente de la enorme repercusión del programa y el deseo que todavía conserva: volver a reunir a todos aquellos compañeros con los que compartió una infancia irrepetible.

Tres niñas y un casting

La historia de Sheila en Menuda Noche comenzó de la forma más inesperada. Ella acudía a una academia de baile junto a su prima y una amiga cuando decidieron apuntarlas a uno de los castings del programa.

Tras una primera selección, las tres niñas fueron invitadas a abandonar el recinto sin haber podido interpretar la canción y el baile que llevaban preparados. Pero ninguna estaba dispuesta a marcharse sin actuar.

«Nosotras habíamos preparado una canción y un baile y teníamos que hacerlo. Nos fuimos a buscar a Raúl (el chico que nos realizó la entrevista) para decirle que nosotras habíamos ido allí a cantar y a bailar y nos acabamos colando sin decir nada a nuestros padres».

Aquella espontaneidad terminó convenciendo al equipo, que decidió escucharlas. Pasaron la prueba y pocos días después llegaron las primeras grabaciones.

Primero bailando sevillanas y flamenco junto a sus compañeras y, poco después, protagonizando una de las secciones más recordadas del programa: los famosos tartazos a los padres.

«Por suerte yo le di a mi padre un tartazo que Juan y Medio calificó como el mejor tartazo que se había dado en el programa hasta ahora».

Lo que parecía una participación puntual terminó convirtiéndose en casi seis años formando parte de la conocida escalera de Menuda Noche.

«Yo acabé en el programa sin pensarlo mucho. Lo hacía a modo juego porque me lo pasaba bien y quería ir. No era consciente de todo lo que había detrás de ello».

Entre los recuerdos que conserva hay momentos imposibles de olvidar. Como aquella vez en la que Carlos Baute bajó del escenario para cantar junto a los niños de la escalera durante la interpretación de Te regalo. La escena tuvo que repetirse porque las cámaras no habían captado el momento, aunque ella siempre guarda en la memoria aquella primera versión improvisada. O el especial de los cien programas, cuando escribió una poesía dedicada a Juan y Medio y ambos terminaron emocionados en pleno directo.

«Íbamos al programa como un juego»

A pesar del enorme seguimiento que tenía Menuda Noche, Sheila asegura que nunca sintió que estuviera viviendo algo extraordinario. Compaginaba el colegio con las grabaciones, asistía a sus clases de piano, pintura o teatro y llevaba una vida como la de cualquier otra niña.

Solo había un detalle que le recordaba que el programa era un fenómeno en Andalucía: la cantidad de personas que la reconocían por la calle. «Nosotros íbamos al programa como un juego. Éramos muy pequeños y no entendíamos qué estaba pasando».

Recuerda que muchas veces, cuando salían juntos para celebrar un cumpleaños o cualquier otra actividad, se formaban largas colas de personas que querían hacerse fotografías o pedirles autógrafos.

«Siempre nos hacíamos fotos y firmábamos a todo el mundo. Intentábamos llevar fotos ya firmadas desde casa gracias a que nuestros padres nos lo gestionaban un poco para que fuera algo más rápido». Precisamente sus padres fueron fundamentales para que viviera aquella experiencia con total normalidad. «Si yo no quería ir, me decían: «Si tú no quieres, nos vamos. Llamamos ahora mismo al programa y esto se acaba»».

Nunca sintió presión. Todo lo contrario. Cuando terminó Menuda Noche incluso surgieron nuevas oportunidades para continuar en televisión, pero la familia decidió que era el momento de centrarse en los estudios y disfrutar de una adolescencia normal.

Sheila en la famosa escalera de Menuda Noche

Sheila en la famosa escalera de Menuda NocheSheila Herruzo

«Mis padres consideraban que era momento de estudiar, de dedicarme a mí y que si el día de mañana quería volver a retomarlo, que lo hiciera por mi cuenta, siendo mayor».

Pero si hay una figura que aparece constantemente en sus recuerdos es la de Juan y Medio. Lejos del personaje televisivo, Sheila lo describe como alguien cercano, pendiente siempre de los niños y capaz de recordar cada pequeño detalle de sus vidas.

«Cinco minutos antes siempre nos los dedicaba a nosotros, a preguntarnos qué tal el examen que habíamos hecho, cómo estábamos, qué había pasado esa semana por nuestra vida. Cuántos dientes se nos habían caído… Nos trataba como a uno más, nos quería muchísimo y se acordaba de todo».

Sheila y Juan y Medio en uno de los reencuentros del programa

Sheila y Juan y Medio en uno de los reencuentros del programaRTVA

Ese cariño sigue intacto. «Es una persona a la que quiero y admiro muchísimo. Cada programa en el que él sale siempre lo pongo en televisión. Doy gracias por haber compartido tantos años de mi vida con una persona tan maravillosa como él». Además del presentador, Sheila guarda un recuerdo imborrable del grupo de niños con los que creció durante aquellos años. «Hicimos una piña muy bonita».

Entre ellos estaban María Carrasco, María Figueroa, los Gemeliers, Abraham Mateo, Ana Mena, Samuel «Pararrayos», Antonio, Roberto, Laura, Marta, Alba o Irene. No solo compartieron plató; también cumpleaños, comuniones, excursiones, casas rurales y fines de semana junto a unos padres que acabaron haciéndose amigos.

El reencuentro con el que todavía sueña

Lo más curioso es que Sheila asegura que no fue plenamente consciente del impacto que tuvo Menuda Noche hasta muchos años después. Fue ya siendo adulta, viviendo en Granada y, sobre todo, al descubrir en redes sociales que miles de personas seguían acordándose de ella.

«Ahí fue cuando pensé: hay gente que veinte años más tarde sigue acordándose de mí». Aquello la animó incluso a abrir una cuenta de TikTok para agradecer el cariño recibido.

«Mi primer vídeo era simplemente para dar las gracias a la gente que se acordaba de mí diciendo: «Sí, soy Sheila de Menuda Noche. Gracias a todo el mundo porque me está llegando vuestro cariño»». Los mensajes terminaron emocionándola.

«Había gente que me decía que se llamaba Sheila porque sus padres veían el programa y les encantaba mi nombre. O que habían puesto mi nombre a una mascota. Son cosas que tú dices… la gente me tenía cariño y la gente me recuerda».

Pero la frase que mejor resume lo que siente hoy llega cuando explica qué ocurre cada vez que alguien la reconoce. «Yo solo soy un punto intermedio. Me ven a mí y los transporto a esos viernes por la noche en casa de sus abuelos o con toda la familia viendo Menuda Noche. Eso es lo que más feliz me hace».

Cuando mira atrás, Sheila no habla de la televisión, ni de la popularidad, ni siquiera de los artistas con los que compartió escenario. Habla de amistad. Aunque mantiene el contacto con muchos de aquellos compañeros, reconoce que la vida adulta ha ido alejándolos poco a poco.

«Todos seguimos teniendo contacto, pero cada uno tiene ya su vida. Me gustaría que le pusiéramos un puntito más de esfuerzo en vernos porque vivimos algo precioso durante muchos años y no me gustaría que esa relación se perdiera».

Veinte años después, Sheila ya no es aquella niña que se negó a abandonar un casting sin bailar. Hoy vive en Granada, trabaja y lleva una vida alejada de los focos. Pero sigue conservando los programas que su madre grabó, las fotografías de aquellos años y el recuerdo de una infancia que miles de andaluces también sienten como propia. Quizá ese sea el verdadero legado de Menuda Noche: haber unido a toda una generación alrededor de un programa y haber creado una familia cuyos recuerdos siguen vivos mucho tiempo después de que se apagara el plató.

Temas

comentarios
tracking

Compartir

Herramientas