Las canteras de Macael cuentan con más de dos mil años de historia

Las canteras de Macael cuentan con más de dos mil años de historiaGetty Images

Almería

El mármol de un pequeño pueblo andaluz que acabó en algunos de los grandes monumentos de España

La piedra blanca extraída en Macael, en Almería, está presente en lugares como la Alhambra, El Escorial o el Palacio Real de Madrid después de siglos de explotación de sus canteras

Hay un pequeño municipio de Almería cuyo nombre aparece ligado, aunque muchas veces de forma invisible para el visitante, a algunos de los monumentos más reconocibles de España. Está enclavado en la Sierra de los Filabres y su historia no puede entenderse sin una piedra blanca que durante siglos ha viajado cientos de kilómetros desde sus canteras.

Se trata de Macael, una localidad convertida prácticamente en sinónimo de mármol. De sus montañas ha salido material empleado en construcciones que recorren buena parte de la historia española, desde la época romana hasta los grandes proyectos de la Monarquía Hispánica.

La Junta de Andalucía documenta la presencia del mármol de Macael en enclaves tan distintos como la Alhambra y el Generalife de Granada, Medina Azahara, el Monasterio de El Escorial o el Palacio Real de Madrid. También existen referencias a su utilización en el Teatro Romano de Mérida, la Mezquita de Córdoba, Itálica y numerosos edificios religiosos y palacios.

Una piedra que ha terminado repartida por España mientras el paisaje del que procede continúa marcado por enormes canteras a cielo abierto.

De los romanos a la Alhambra

La explotación de las canteras de Macael no nació con la industria contemporánea. Existen evidencias de su aprovechamiento ya durante la época romana, cuando el mármol comenzó a utilizarse como material arquitectónico y ornamental.

Su extracción y trabajo se mantuvieron después durante siglos. La documentación de la Junta establece que la actividad se desarrolla de manera continuada, al menos, desde el siglo IX, hasta convertirse en uno de los elementos que definen la identidad del municipio.

Uno de sus destinos más célebres está a poco más de cien kilómetros de las canteras. El mármol blanco de Macael se encuentra estrechamente vinculado a la Alhambra, donde fue empleado en diferentes espacios del conjunto nazarí. Las propias rutas turísticas oficiales de Andalucía identifican las antiguas canteras de La Puntilla como lugar de procedencia de piedra destinada al palacio granadino.

El material aparece especialmente asociado al Patio de los Leones, uno de los espacios más conocidos del monumento. Siglos después, Macael ha reivindicado ese vínculo construyendo en el centro del pueblo una réplica de su famosa fuente.

La piedra almeriense tampoco quedó circunscrita al periodo andalusí. Tras la reconquista continuó utilizándose en grandes construcciones. El Palacio de Carlos V y la Capilla Real de Granada son dos de los ejemplos recogidos en la declaración oficial de la cantería de Macael como Bien de Interés Cultural.

El mármol que se llevó hasta El Escorial

Uno de los episodios que mejor refleja hasta dónde llegó la fama de estas canteras se produjo durante el reinado de Felipe II.

La Corona llegó a disponer de una zona reservada en Macael conocida como la Cantera Real, desde la que se obtenía material para diferentes proyectos promovidos por la monarquía. Para la construcción del Monasterio de El Escorial, Felipe II encargó 79 carretadas de mármol, enviadas en ocho expediciones que recorrieron el interior peninsular pasando por Linares.

Transportar aquella piedra en el siglo XVI suponía una operación muy distinta a la actual. No existían camiones ni las modernas técnicas de corte y extracción, por lo que grandes bloques debían recorrer enormes distancias mediante los medios disponibles entonces.

La utilización del mármol continuó durante los siglos posteriores. La documentación de la Junta sitúa la piedra de Macael también en el Palacio Real de Madrid, el Palacio de La Granja de San Ildefonso y las catedrales de Sevilla y Jaén. En Granada aparece, además, en lugares como el Hospital Real y el Monasterio de la Cartuja.

Su presencia en tantos edificios no responde únicamente a su apariencia. El mármol blanco de Macael presenta una porosidad muy baja y una elevada resistencia mecánica, características que favorecen tanto su durabilidad como su empleo en arquitectura y ornamentación.

De ahí que una piedra extraída en una sierra del interior almeriense terminara formando columnas, pavimentos, fuentes, escaleras, esculturas y elementos decorativos en edificios situados a cientos de kilómetros.

Construido alrededor de sus canteras

En Macael, sin embargo, el mármol no es únicamente una materia prima. Generaciones enteras han vivido alrededor de su extracción y transformación, desarrollando oficios, herramientas e incluso un vocabulario propio.

Canteros, artesanos y marmolistas fueron transmitiendo sus conocimientos de padres a hijos. Alrededor de ellos aparecieron también otros profesionales vinculados a las explotaciones, desde maquinistas y transportistas hasta trabajadores especializados en determinadas fases del tratamiento de la piedra.

La relación llegó incluso a condicionar la propiedad de las montañas. Las canteras han mantenido históricamente un carácter comunal, recogido ya en el Libro de Apeo y Repartimiento de Macael de 1573. Tras décadas de disputas sobre su titularidad, una sentencia de 1947 confirmó al Ayuntamiento como concesionario de las explotaciones.

Ese vínculo llevó a la Junta a declarar en 2023 Bien de Interés Cultural la Cantería del Mármol de Macael, no solo por el valor de la piedra, sino por el conjunto de técnicas, conocimientos, herramientas, talleres, espacios y costumbres desarrollados alrededor de ella.

El propio pueblo ofrece hoy numerosos recordatorios de esa identidad. Allí se encuentra una réplica de la Fuente de los Leones y también un gigantesco mortero realizado en mármol blanco que alcanza 3,5 metros de altura y 36 toneladas, reconocido como el mayor del mundo.

Pero probablemente el mayor escaparate de Macael esté lejos de sus calles. Está repartido por España en edificios visitados cada año por millones de personas.

Quien camina por la Alhambra, El Escorial o el Palacio Real puede estar contemplando al mismo tiempo una parte de la historia de este pequeño municipio almeriense, cuya piedra blanca lleva siglos viajando mucho más lejos que el nombre del pueblo del que salió.

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